Agustín Román: Que al viento exhala en el amor su perfume

Agustín Román: Que al viento exhala en el amor su perfume

Con la muerte de Monseñor Román pierde un padre el catolicismo comprometido, símbolo ya más que obispo.

Y hay otros, como flor, que al viento exhalan
En el amor del hombre su perfume”  José Martí

MIAMI, Florida, abril, 173.203.82.38 -Ondeaba sereno, pero la muerte de Monseñor Agustín Román hace caer un estandarte que unía la cubanía y la fe cristiana.

Di/s* te salve María. Llena eres de gracia. Su color inconfundible de voz, paz y esperanza regalaba a los que en sillas plegables se sentaban a orar. Atestaban un edificio transitorio –rudimentario- en el que se mostraban ya los planos arquitectónicos de una futura Ermita de la Caridad.  El Padre Román aceptaba la cifra de un dólar como máxima ofrenda para el proyecto. La casa de la patrona de Cuba sería para el pueblo exiliado, labor filial hecha dólar a dólar por la diáspora.

Bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Agustín Román era sacerdote y los sábados oficiaba la Santa Misa en la Ermita. Exhortaba a todos a acercarse a la reconciliación y la Eucaristía. A Jesús por María era su lema: María bajo el nombre de la Caridad, el amor. El Padre Román era esencialmente evangelizador en el contexto cubano. Frente al mural de Teok Carrasco explicaba la historia de Cuba desde la perspectiva cristiana. Hablaba de San Antonio María Claret, Félix Varela y la misión apostólica de la Iglesia en Cuba. Antes que llegaran los fantoches como el impresentable Alberto Cutié (protegido por el obispo Noonan y el Arzobispo Favarola), el Padre Román utilizó los medios de comunicación como la revista Ideal y la radio para llevar con humildad el mensaje inspirado por la fe. Sin mostrar cansancio, preparaba y compartía con característica generosidad su “café carretero”. Grababa su programa en un espacio que quedaba libre frente a su despacho. Era apenas un armario vuelto estudio. Muchas noches le vi salir tras sus faenas, en su “antique” Volkswagen Beetle (milagro rodante), a visitar  enfermos en el hospital Mercy.

Santa María, Madre de Di/s*. Su devoción mariana, su fervor y convicciones le hicieron organizar romerías a la Virgen de la Caridad para cada municipio de Cuba. Se hizo construir un edificio aledaño a la Ermita para tales efectos. Allí aún se hace catequesis. A los que vivimos la gestación de la Ermita, se nos apurruña el corazón recordar al Padre Román –antes de ser obispo- y a la Hermana Francisca (“la Sistel”) sembrando las semillas y cuidando con amor su huerto,  comunidad donde todos se sentían incluidos.  La Cofradía de la Virgen de la Caridad ha unido a cientos de miles de hispanos: cubanos, venezolanos, nicaragüenses, argentinos, hermanos todos. Agustín Román fue ejemplo de buen pastor, figura paternal y maestro.

Ruega por nosotros pecadores. Llegó al lente nacional al servir de mediador durante las revueltas en las cárceles federales que recluían a refugiados del Mariel. Con su calma y bondad habituales llegó a neutralizar la situación y desarmar la carga de hostilidad.  Su sabiduría y prudencia como confesor y director espiritual venían con la gracia, no con los libros de psicología o antropología cultural. Con ternura de padre avivaba la fe y el deseo de vivir con plenitud la humildad y la entrega cristiana.  Como saldo quedaba siempre la alegría sublime, sí, a veces mezclada con lágrimas, por la reconciliación. Para que esto ocurra, Cristo no es una abstracción sino una persona real. La posibilidad de un nuevo comienzo es motivo de regocijo. Nunca fue pronto al juicio ni a la cólera. Nunca usó el púlpito como tribuna partidista. Con suma paciencia depositaba dentro de un bolso los “trabajos” de santería que dejaban en los jardines de la Ermita. Nunca le escuché quejarse. Tampoco le vi vacilar ante el abuso ni doblegarse ante el privilegio. Era adverso a los “eventos”, los “actos” y las posibilidades de páginas sociales.

Con un gran grupo de sacerdotes y monjas le echaron de Cuba en un paquebote rumbo a España. Hicieron con ellos un desfile de indeseables. Mantuvo una línea coherente: “a mí me botaron de Cuba”. Si el gobierno no le invitó a regresar ni abandonó sus tácticas represivas, Monseñor Román nunca echó mano a alegatos y vericuetos -ni visitas Papales- para viajar a su país. El circo volante de los “católicos miamenses” en La Habana con Benedicto XVI rompió su corazón. En el Gesú, misión jesuita y primera parroquia de Miami, celebró una misa que coincidiera con la de Ratzinger en La Habana.

Ahora y en la hora de nuestra muerte. Su voz era un clarín llamando al Santo Rosario, la humildad y la dignidad en los valores patrios. Desaparecía el campesino de San Antonio de los Baños y llegaba Jesús Eucarístico en la casa de Nuestra Señora de la Caridad. No han faltado los oportunistas y trepadores que han aprovechado el fallecimiento de Monseñor Román para publicar fotos y cartas en las redes sociales reafirmando status o reclamando proximidad. Un cabildero redactó un comunicado de prensa para recalcar sus nexos con el difunto obispo y llamar a todos a la Misa de Réquiem, penoso evento mediático.

Cuba, prostituta disfrazada de socialista, abre su burdel a “una raza vil de hombres tenaces”. Ya comenzaron las conversaciones con los intereses petroleros hispano-aztecas. Con la protección de la Iglesia abre negociaciones con los antiguos latifundistas. Los feudos de la antigua metrópoli ibérica, neocolonialista, van en aumento mientras que los mega-empresarios israelitas en la isla  permanecen ciegos y mudos ante el encierro del judío americano Alan Gross. ”De alma de hombres … se alimentan”.

“A un banquete se sientan los tiranos,
pero cuando la mano ensangrentada
hunden en el manjar, del mártir muerto
surge una luz que les aterra, flores
grandes como una cruz súbito surgen
y huyen, rojo el hocico y pavoridos
a sus negras entrañas los tiranos.”

Monseñor Román fue la bandera de esperanza para el cubano desterrado.  Con su muerte el jueves desaparece un padre y pastor para el catolicismo comprometido, símbolo ya más que obispo.  A partir de su vida y ejemplo “surge una luz que les aterra” porque ante la dignidad, la virtud y la fe “huyen pavoridos a sus negras entrañas los tiranos”.  José Conrado Rodríguez Alegre: es hora que tus florecillas de la iglesia cubana surjan desde Santiago de Cuba a La Habana, por toda la isla, que lleguen al exilio “como flores grandes como una cruz” para que huyan los tiranos “rojo el hocico y pavoridos a sus negras entrañas”.

*Pide el autor de la nota deletrear el nombre del Creador de esta forma.

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