Refugiados cubanos en Brasil sobreviven la pandemia haciendo panecillos

Refugiados cubanos en Brasil sobreviven la pandemia haciendo panecillos

La familia ha sido ayudada por varios vecinos de la comunidad de Salvador, Bahía, conmovidos por la historia del matrimonio

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Patricia Girbau. Foto BBC

MIAMI, Estados Unidos.- Una pareja de cubanos que llegó a Brasil en 2019 procedente de la Isla, con el objetivo de establecerse en el país suramericano y poder ofrecerles un mejor futuro a sus dos hijos, sobrevive en Salvador, capital de Bahía, gracias a la ayuda de brasileños que se han convertido en familia y a su resiliencia.

La historia de Patricia Girbau, de 32 años, y Fernando Martínez, de 38, fue publicada en un reportaje de la BBC en Brasil, y cuenta el trayecto de este matrimonio desde que decidieron vender su casa en Cuba, hasta los retos y obstáculos a los que se han enfrentado en la nación carioca, pasando por el dolor de tener que dejar a su hija de 10 años en Camagüey, al cuidado de sus abuelos maternos.

Girbau y Martínez utilizaron los 7 000 dólares de la venta de su vivienda en Cuba para llegar a Salvador, animados por un primo que aseguraba tenía la vida resuelta y muchas comodidades. En busca de una vida mejor salieron con su hijo pequeño, pues el dinero no les alcanzaba para los pasajes de los dos menores, y llegaron para darse cuenta que todo no era como les pintaban.

“Cuando llegamos a la casa de mi primo nos dimos cuenta de que todo era mentira. Lo que decía que estaba bien, no era verdad. Vivía en una mala situación, ni siquiera podía vivir temporalmente con él”, contó Martínez.

El matrimonio presentó la documentación necesaria, tan pronto llegaron a Brasil, para obtener el estatus de refugiados y así poder traer a su hija de Cuba. “En noviembre de este año será un año que estemos aquí. Tenemos que esperar un año más, para entrar en el proceso para que ella pueda venir, sin que nosotros tengamos que ir allá”.

El proceso administrativo, que se abrió en el Conare (Comité Nacional de Refugiados), organismo federal vinculado a cinco ministerios brasileños y responsable de este tipo de demanda, demora como promedio dos años. Sin embargo, debido a la pandemia, la espera puede ser más larga, reza el texto de la BBC.

Patricia, licenciada en informática, y Fernando, en psicología, llegaron a considerar retornar a Cuba, pero decidieron mejorar sus condiciones de vida y hacer valer el tiempo de espera para volver a ver a su pequeña.

La familia fue recibida por la dueña de una propiedad en Salvador, que conmovida con su historia los dejó entrar a su casa. Doña Cica, como la llaman, “no quiso cobrar el alquiler. Porque sabía que era difícil conseguir un trabajo y quería ayudar. Es como una madre para nosotros aquí, tenemos algún problema y pronto corre a ayudarnos”, contó Patricia.

Doña Cica recaudó dinero en Internet para la familia, que lo utilizó finalmente para profesionalizar el negocio de pan que había comenzado Patricia gracias a unas clases de otra buena amiga brasileña, a quien le llamó la atención la historia de los cubanos.

“Lo que más estamos consumiendo en medio de esta pandemia es comida. Me comuniqué con una famosa dueña de una escuela de gastronomía aquí en Salvador, le conté su historia y ella se ofreció a ayudar a Patricia”, relató Doña Cica.

“Ya cocinaba. Pero no pan. Mucho menos pan bahiano. Pero, después de clase, llegué a casa con la receta y los ingredientes y dije hoy es el día, voy a probar. No sé si fue cosa de Dios, pero funcionó”.

El ángel guardián brasileño de los cubanos creó una página en Instagram llamada Patrípan – Pãozinho Delícia, debido al éxito de la receta. “Comenzaron a vender el producto a través de las redes sociales, con un servicio de entrega. Unos días después, empezaron a llegar pedidos de todo Salvador”.

“Con la venta de panecillos, los cubanos están mejorando las condiciones de vida. Fernando sigue buscando trabajo, y no solo en la zona donde se graduó. El objetivo es quedarse en Salvador, poder pagar el alquiler, las facturas y cobrar el dinero”. Regresar a Cuba ya no es un anhelo.

“Sé que tengo que quedarme aquí, aunque todavía no tengo un trabajo fijo. Espero que en algún momento pase algo. Aquí sí tienes libertad, puedes viajar, dar un paseo, no tiene precio. En Cuba eres un preso. Y la libertad es lo más importante que puede tener una persona. Y es algo que nadie tiene en Cuba”, sentenció Patricia.

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