Ramona Copello, el sufrimiento de una madre

Ramona Copello, el sufrimiento de una madre

A 16 años de que el régimen castrista asesinara a los tres jóvenes cubanos que secuestraron la lancha Baraguá

MIAMI, Estados Unidos.- El jueves 10 de abril de 2003 los familiares de Lorenzo Enrique Copello Castillo, Bárbaro Leodan Sevilla García y Jorge Luis Martínez Isaac pudieron visitarlos brevemente en prisión, sin saber que esta sería la última vez que los verían. A pesar de la incertidumbre que reinaba en torno a un proceso judicial del que apenas se podía saber, excepto alguna que otra breve nota de la prensa oficialista de Cuba, jamás nadie pensó que el régimen comunista cubano llegaría tan lejos.

A solo unas horas de este brevísimo encuentro, los familiares fueron avisados para que se presentaran en el cementerio de Colón, en la capital cubana, donde ya estaban los cadáveres de los tres jóvenes, condenados a muerte por la dictadura cubana a pesar de no haber causado daño a ninguno de los pasajeros que se encontraban en la lancha Baraguá, una pequeña embarcación que traslada con regularidad a pequeños grupos de personas entre los municipios Regla y La Habana Vieja, en la capital cubana.

Los vieron el jueves 10 de abril en la prisión, sin conocer que sería una despedida. Al amanecer del viernes fueron notificados telefónicamente para que fueran al Cementerio de Colón a ver los cadáveres, aunque, según relató la madre de Lorenzo Enrique Copello, Ramona Copello Castillo, las autoridades no permitieron abrir los féretros.

Cuba, democracia y vida.org, la página que, desde Estocolmo, Suecia, difunde el acontecer sociopolítico de Cuba, Latinoamérica y del mundo, ha localizado a Ramona Copello, madre de Lorenzo Enrique Copello Castillo, uno de los jóvenes asesinados, quien ofrece su testimonio en este vídeo que ponemos a consideración de nuestros lectores, precisamente hoy, cuando hemos de recordar en su décimo sexto aniversario uno de los más injustos crímenes de la dictadura cubana.

Ramona Copello vive actualmente en Jacksonville, Florida, Estados Unidos de América, tiene 66 años, está enferma y continúa inmersa en la tristeza luego de haber perdido a su hijo. Sus ingresos son limitados y solo recibe una modesta ayuda del gobierno estadounidense. Rogamos a todos aquellos que puedan, y estén dispuestos a colaborar con esta señora, de una u otra forma, que le ofrezcan su ayuda, no solo en el aspecto material, sino, además, tratando de establecer vínculos con ella y apoyarla emocionalmente para atenuar un tanto el sufrimiento de una madre a la que el régimen comunista de Cuba le arrebató su hijo.

Para comunicarse directamente con Ramona Copello Castillo (ramonacopello54@gmail.com / Teléfono: 01- 904 635 5319 / Dirección: Av. Jasper 7703, Jacksonville  Apto. 316 Código 32211. Florida EE.UU.

Se estima que fueron fusilados en la madrugada del viernes 11 de abril de 2003, según el abogado Jorge R. Betancourt Ortega, uno de los juristas que participó en el caso, y que fuera entrevistado por Diario de Cuba el 7 de octubre de 2014. Betancourt afirmó que lo supo a través del jefe del Bufete Colectivo de La Habana Vieja, a quien se quejó dadas las arbitrariedades que pudo percibir, toda vez que no creía que había pasado el tiempo necesario como para que el Consejo de Estado aprobara la pena de muerte para los tres principales autores del desvío de la pequeña embarcación –la apelación había sido rechazada previamente, tanto por el Tribunal Supremo como por el Consejo de Estado–. Ya la sentencia estaba dada y era irrevocable: PENA DE MUERTE para tres jóvenes que no cometieron ninguna acción terrorista, como dijeron las autoridades de la Isla.

A dieciséis años de tan terrible acto, el régimen castrista permanece sin responder y sin pagar por sus crímenes, y lo peor, presentándose ante el mundo como defensores de libertades, de derechos humanos, de sentido de humanidad y de justicia, y nada más distante de la realidad, de un sistema que solo ha separado y destruido a familias, ha frustrado el porvenir de miles de jóvenes, y hasta ha deformado el comportamiento ético y moral de los cubanos mediante un feroz adoctrinamiento progresivo y solapado.

Según afirmó la madre de Lorenzo Enrique Copello Castillo, no se les permitió ver el rostro de sus seres queridos por última vez. Un silencio sepulcral ante tan vil acto prevaleció en aquellos tristes días, exceptuando alguna escueta nota de la prensa oficialista. En tanto, la comunidad internacional se estremecía, y al propio tiempo se cuestionaba, con sobradas razones, el por qué fueron condenados a muerte estos jóvenes.

Como siempre las autoridades del castrismo, que para todo tienen respuestas y explicaciones, aunque siempre increíbles e incoherentes, expusieron su hipótesis acerca de un acto terrorista, en el que solo fue mostrada un arma blanca a modo de amenaza para lograr un objetivo único, desviar la pequeña embarcación rumbo a Estados Unidos para escapar de las adversidades del comunismo.

Si no hubo disparos, ni siquiera armas de fuego, si no se demostró que se agrediera a nadie, entonces ¿por qué se les acusó de terrorismo? El desgobierno cubano trató de dar un escarmiento con tan vil acción –lo que hizo el régimen con sus asesinatos si fue un acto verdaderamente terrorista–, con lo que pretendió frenar un tanto la posibilidad de que se pudieran repetir hechos similares, con la intención de salir rumbo a las costas del sur de la Florida.

De cualquier modo, el éxodo cubano hacia todas partes del mundo es indetenible, y de una forma u otra la retirada masiva de miles de cubanos se ha mantenido como uno de los más graves conflictos generados por el régimen de La Habana. Ya sea atravesando el mar entre el litoral norte de Cuba y las costas del sur de Florida, en Estados Unidos, o mediante una difícil y peligrosa travesía por tierra a través del paso por las selvas suramericanas, hasta llegar a Centroamérica y a México, y una vez allí pasar rumbo a Estados Unidos, el conflicto migratorio se ha mantenido a través de todos estos años. El cruel asesinato de los jóvenes solo sirvió para destrozar los corazones de sus familiares, los que aún tienen esperanzas de que se haga justicia a un sistema terrorista y sanguinario que se los arrebató en la plenitud de su juventud.

A dieciséis años de esta terrible acción criminal cometida contra tres jóvenes, los cubanos han tenido que buscar otras vías y medios para poder escapar de la difícil situación de Cuba, no solamente en el aspecto económico –no se vive, sino que se sobrevive en medio de una escases generalizada de los productos y los alimentos más elementales–, sino por la marcada represión policial y de los agentes encubiertos de la Seguridad del Estado y del Ministerio del Interior, por la ausencia de las libertades mínimas como la de expresión, de reunión, de pensamiento y de acción, entre otros tantos aspectos que laceran día a día a miles de cubanos.

Además de los tres jóvenes asesinados, fueron sentenciados a cadena perpetua: Maikel Delgado Aramburo, Yoanny Thomas González, Harold Alcalá Aramburo y Ramón Henry Grillo, quienes también participaron del intento de desvío de la lancha de Regla.

Texto y video publicados originalmente en Cuba, Democracia y Vida, por Guillermo Milán y Alberto Roteta Dorado.

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