Puerto Padre: Estado de sitio en víspera de la fiesta nacional

Me pregunto cómo se sentirán los comunistas y los que se hacen pasar por comunistas con palabras viejas y sin café con leche

PUERTO PADRE, Cuba, 24 de julio de 2013, www.cubanet.org.- Una cacería sui generis sobre comerciantes se está desarrollando aquí. Corría el rumor de la encerrona desde la pasada semana. Y este lunes se puso en marcha. Lo lindo de esta cacería es que, por carambola, los cazadores también están siendo cazados.

Primero fueron contra lo que ahora llaman ilegalidades. Pero lo cierto es que la sangre no corrió al río. Puestos sobre aviso, lecheros, carniceros, cafeteros y toda suerte de mercaderes al margen de lo que llaman legalidad socialista, se colocaron a resguardo y, salvo algún que otro incauto, ninguno fue apresado.

Pero ahora escasea la leche, la carne, el café… Un viejo me cuenta que visitó siete cafeteros sin conseguir café ni en polvo ni en granos para una colada. El anciano está enfermo, le baja la presión arterial y para subirla el médico le indicó una taza de café fuerte, puro. “El de la bodega lo tomo, pero no me sube la presión, y para el de la TRD no me alcanza la pensión,” dice el jubilado.

El café mezclado que vende el Estado por la cartilla de racionamiento es puro chícharo. El que vende en las Tiendas Recaudadoras de Divisas, las llamadas TRD, es excesivamente caro. Un sobre de café Regil de apenas un cuarto de libra cuesta 1.55 pesos convertibles, esto es, 38.75 pesos devaluados, algo así como la décima parte del salario promedio nacional.

Así está la gente acá, con poca carne, con poca leche, con poco café y, ahora… con poquísima libertad de movimiento.

El día 22, en el aniversario de las muertes de Oswaldo Payá y Harold Cepero, arremetieron contra integrantes del Movimiento Cristiano Liberación con el clásico acto de repudio; aquí, hasta en la dulcería, miembros de las brigadas de respuesta rápida (paramilitares) tienen a la vista de todos la porra. Rápidas para golpear a gente pacífica, porque lo que es para producir…

Ya en la noche del veintitrés el cerco se hizo general. Vigilando mi casa amaneció un grupo apostado. Ahora mismo, mientras escribo, tengo dos vigilantes a la vista, uno de ellos, el Sr. William Aguilera, ex presidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular. ¡Pobre William, preso todo el día por mi causa… me da tanta pena con él! ¿Tomaría café? El que fuera vicepresidente está algo mejor, en lugar de hacer de policía vende quincallería expuesta sobre un canapé, bajo un árbol.

Faltan horas para el veintiséis de julio, fiesta nacional. Ahora acaba de llegar un soplón preguntando por mí. “No está,” dice mi mujer. Cuando el soplón se marcha aparece una soplona tratando de sonsacarla: “Los que vigilan a Alberto… a mí lo que me dan es lástima,” dice mi mujer a la soplona. Esta tarde, a las siete, el programa Mesa Redonda de la televisión cubana retransmitirá palabras de Fidel Castro pronunciadas hace trece años. Me pregunto cómo se sentirán los comunistas y los que se hacen pasar por comunistas con palabras viejas y sin café con leche.

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