Burocracia y perjuicio a la población, la ley de las TRD en Cuba

Burocracia y perjuicio a la población, la ley de las TRD en Cuba

Las Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD) no pierden: compran a muy bajos precios y luego revenden los productos por dos o tres veces su valor

TRD; Cuba
(Foto de archivo)

SANTIAGO DE CUBA, Cuba. – Claudia reunió tres años de su salario como trabajadora en el Mercado Ideal (MAI) en Santiago de Cuba para tener un refrigerador en su vivienda. Detalla que fueron años de mal comer y desespero debido a que su sueldo solo llegaba en promedio a los 800 pesos mensuales, unos 32 pesos convertibles (CUC). De ese total, 500 pesos eran destinados al ahorro para adquirir el electrodoméstico.

La joven, de 28 años de edad, se las arregló durante ese tiempo con la ayuda de los vecinos, quienes le guardaban alguno que otro cárnico y le proveían de agua fría, indispensable ante las altas temperaturas de la Capital del Caribe. La situación, según describe, fue muy incómoda, pues le apenaba tener que recurrir a los amigos y vecinos. Sin embargo, la necesidad se imponía ya que también es madre soltera de una niña que ahora tiene 10 años.

Con el tiempo, logró reunir los 639.95 CUC que le costaba un refrigerador modelo PR 126100C, marca Daewoo, el cual compró sin pensarlo dos veces en la Tienda Recaudadora de Divisa (TRD Caribe) ubicada en la intersección de las calles Trocha y Cristina.

No obstante, los inconvenientes llegarían meses después de la anhelada compra.

“Se empezó a caer la pintura y la junta también comenzó a romperse, menos mal que la máquina todavía funcionaba. Eso me llenó de angustia y temía volver a quedarme sin mi frío, que tanto me costó tenerlo”, comentó la joven a CubaNet.

Viendo lo que estaba pasando, y aprovechando que la garantía del equipo estaba vigente, decidió dirigirse hasta el taller de la corporación TRD Caribe del Grupo de Servicios Técnicos División Oriente Sur, ubicado en la Calle 11 del reparto Vista Alegre, con la esperanza de que su problema tuviese fácil solución.

Pero al lograr ver a uno de los técnicos del taller, todo se complejizó. “Me dijeron que la pintura y la junta no tenían reparación, y que había que darlo de baja, y luego con un certificado, tenía que ir a la tienda donde lo compré para que me devolvieran el dinero completo o me cambiaran el refrigerador. Pero antes de eso, un técnico debía ver el equipo y yo tenía que llevar el frío al taller por mis propios medios, ya que ellos no poseían carro para ir a la casa. Cuando me dijeron eso me volví loca para buscar entre 10 o 20 CUC, que es lo que cobra un carro para transportar el equipo”, contó.

“El caso es que, en lo que buscaba el dinero del carro, se aparecieron un día en la casa los del taller para recoger el frío a un mes y pico del reporte. Me dijeron que lo limpiara y que estaban apurados. Tuve que buscar donde meter lo que tenía en el congelador y limpiarlo, además de buscar a dos hombres que lo cargaran hasta el carro, porque los técnicos no se hacían responsables de eso. Al final, se lo llevaron un sábado, y me dijeron que fuera al taller el lunes para que me dieran el certificado de baja”, indicó la santiaguera.

Claudia fue hasta el taller nuevamente el día que le tocaba, y cuando pensaba obtener el mencionado certifico, le informaron que no podían dárselo ya que estaban en cierre de mes y que se tardarían unos días más.

“Cuando me dijeron semejante cosa me revolví y le dije hasta del mal que se iban a morir, entonces acordaron que fuera al otro día para darme el dichoso papel. Al otro día me lo dieron y fui directo para la tienda, donde había más sorpresas. La administradora no estaba y la tuve que esperar, cuando llegó me dijo que no había refrigeradores de ese tipo en la tienda y que tampoco tenían dinero para hacerme la devolución del efectivo. Entonces me volví a explotar, porque esa gente no entiende si no es con un escándalo, y me dijeron que esperara, que iban a llamar a otra tienda para que me repusieran el frío, y aunque no quería el mismo tipo, no tenía más opciones, porque todos esos días, mi hija estaba tomando agua caliente y no podía seguir en esa situación”, cuenta furiosa.

Tras los engorrosos trámites, Claudia, por fin, pudo conseguir la reposición del electrodoméstico, aunque tuvo que pagar 20 CUC para llevar el nuevo equipo a su casa, ya que las TRD no ofrecen servicio de transportación.

Ahora trata de cuidarlo lo más posible porque sabe que dentro de unos meses va tener que volver a pasar por la misma situación ya que los electrodomésticos que actualmente se venden en las TRD de la isla carecen de calidad, y si bien la reposición de un nuevo refrigerador es conveniente, los perjuicios ocasionados por la desorganización y los malos tratos de las tiendas y talleres causan un desgaste físico y preocupaciones que se imponen a la idea de tener un equipo nuevo.

Por otro lado, este diario conoció que los equipos electrodomésticos que se dan de baja en los talleres no se desechan. Supuestamente, son vendidos a la población a la mitad de su valor original como merma.

Un trabajador de uno de los talleres de Santiago de Cuba, relató a CubaNet bajo la condición de anonimato que rara vez los equipos dados de baja salen a la venta poblacional ya que los mismos jefes de los talleres, así como los gerentes de las tiendas, los compran para luego pintarlos, repararlos en caso de ser necesario y revenderlos por la izquierda, como si fuesen recién estrenados.

Muchos entre la población se han preguntado: ¿Cuál es la ganancia ante las devoluciones y cambios de estos aparatos de línea blanca? Y es que las TRD no pierden, ya que son comprados a precios muy bajos y luego revendidos por dos o tres veces su valor, aun cuando se comercializan como merma.

Por ejemplo, el tipo de refrigerador en cuestión es importado a la isla desde la República de Panamá, a cargo de la corporación Dongbu Daewoo Electronics Panamá S.A. y su precio de venta en los comercios de la nación centroamericana no supera los 250 dólares, un monto caricaturesco ante los 639,95 CUC (15998,75 MN) que cuesta en la isla.

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