“No voy a renunciar a la lucha, aunque tenga que morir plantado”

“No voy a renunciar a la lucha, aunque tenga que morir plantado”

Tomás Núñez Magdariaga conversó con CubaNet tras ser liberado después de 62 días en huelga de hambre

SANTIAGO DE CUBA, Cuba.- El activista de la opositora Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), Tomás Núñez Magdariaga, fue excarcelado el pasado lunes cuando cumplía 62 días en huelga de hambre, en forma de protesta por un supuesto delito de amenaza que le fue imputado.

Aunque el falso acusador Aldo Rosales Montoya ya había confesado en video el complot de la Seguridad del Estado, a la policía política no le bastó esta denuncia, ni el cargo de conciencia de Montoya, quien llegó incluso a intentar quitarse la vida ante la vivienda del opositor.

Núñez Magdariaga, en casi media hora de conversación con CubaNet, contó uno a uno los sucesos, desde el momento del amañado juicio, el pasado 14 de agosto.

“Me citaron para un juicio donde yo era acusado por parte de Aldo Rosales Montoya, pero este se suspendió cuando fueron mis testigos a prestar declaración. Me lo volvieron a programar para el 14 de agosto, pero no admitieron a mis declarantes, aunque éstos insistieron en pedir la palabra”, contó.

“No me dejaron casi decir nada, y a mi testigo le dijeron que si seguía hablando le pondrían 500 pesos de multa. Fue ahí cuando Aldo comenzó a decir barbaridades, luego deliberaron y cuando regresaron me dijeron: Tomás a usted se le pide por este juicio de amenaza tres años, pero se le imputará un año por su edad”.

Más adelante refirió que al terminar el juicio le dijeron que podía apelar, sin embargo, no lo dejaron hacerlo, y rápidamente fue trasladado hacia la Unidad Policial de Palma Soriano, municipio donde reside. “Desde que llegué allí dije, estoy plantando”, refirió.

Sus seis primeros días en prisión fueron en esa unidad policial palmera, cuenta a CubaNet, mientras recuerda con exactitud los días que pasó allí, “en dos ocasiones me desmayé y me llevaron al hospital para que me pusieran sueros”, relató.

Luego detalló que fue enviado hacia la prisión de Aguadores en el litoral santiaguero, pero el jefe del reclusorio no lo quiso aceptar, y fue encarcelado entonces en la Unidad de Operaciones e Instrucción Penal de Versalles.

“En Versalles fueron 22 días terribles, allí me metieron en la celda 35 con un menor de edad que no me dejaba dormir, cantaba y gritaba a toda hora, me parece que lo hicieron a propósito”. Dijo haberse desmayado el pasado primero de septiembre por el intenso calor que había en la celda. “Ahí fue cuando me llevaron para el clínico en la noche, pero en la mañana cuando me desperté llegó un Teniente Coronel y me preguntó: ¿tú vas a comer?, y le dije no, y de inmediato mandó a que me quitaran los aparatos y me volvieron a llevar para la prisión”.

De regreso a la cárcel más temida entre las personas que delinquen, cuenta que fue puesto en las últimas celdas, donde de día hace calor, pero de noche frío, y los mosquitos y la oscuridad reinan como un día sin luna. “Allí encontré un alacrán y una araña”, y asegura que se lo pusieron en la celda, pues tras conversar con otros reclusos, éstos negaron de la existencia de esos bichos.

Contó, además, que el primer jefe de la prisión cuando un día lo sacaron para una entrevista le dijo: “tiene que caminar por el centro del pasillo. Él sabía que estaba un poco débil y cojo, pero tuve que caminar sin poder aguantarme de la pared. Ahí comenzaron las primeras torturas con comida”.

Magdariaga indicó que le pusieron dos muslos de pollo y le preguntaron si iba a comer, pero tras su negativa el policía respondió: “no comas nada, al final no eres familia mía, como si te mueres, tú lo que eres es tremendo contrarrevolucionario. Yo no le contesté y me llevaron de nuevo para la celda”.

Después de 22 días en la prisión de Versalles fue trasladado hacia Boniato, “allí fue donde me torturaron con más crueldad, solamente el primer día pedí agua como a las seis de la tarde y me la trajeron a las nueve de la mañana del otro día”, dijo.

El activista opositor relató haber estado en una celda de castigo 7 días con poca ropa, donde recibió un cruel método de tortura conocido como “La Bicicleta”. “Esta tortura es utilizada por el policía Alexey Bell, segundo reeducador de Boniato, el asesino más grande que tiene la prisión”, denunció.

Magdariaga explicó que en cinco ocasiones fue expuesto a este método de martirio, que consiste en agarrarlo por la cabeza, inclinarlo hacia el suelo, aplicarle una llave en el brazo y así llevarlo corriendo escaleras arriba y escaleras abajo. Así trataron de que renunciase a la huelga de hambre.

Sin embargo, tras los intentos fallidos de tortura, fue valorado por el médico de la prisión quien determinó su ingreso con urgencia por el estado de deterioro que venía presentando. “Ahí fue cuando me llevaron para el Hospital Juan Bruno Zayas, pero la primera noche dormí completamente esposado de manos y pie”.

“En el hospital fue terrible. Cocinaban cerca de donde estaba, un lugar que era un espacio de consulta fue convertido en cocina para torturarme. Cocinaban carne de res, camarones, pescado frito, carne frita de puerco. Esa carne tiene mucho olor y ellos se la comían delante de mí. Esa comida era mejor que la del hospital. Pero no desistí”, confesó.

Apuntó haber pasado esos 19 días en el hospital entre la tortura del olor a comida y las esposas que lo ataban a la cama, las cuales solo eran retiradas en la hora del baño.

“Recuerdo con agrado la visita y palabras del arzobispo Dionisio García, conversó conmigo a solas y oró por mí, y sus oraciones fueron de mucho aliento”.

Una semana antes de su excarcelación se negó por completo a la asistencia médica, “no quería que me pusieran sueros ni me cogieran las venas, solo quería comer en libertad o morirme”, acotó.

“El lunes llegaron como a las siete de la noche, pero como yo no quería hablar con nadie y, además, por los fuertes dolores que tenía no quería que nadie me hablara. Entonces me tocó en el brazo un policía de apellido Granja de la prisión de Aguadores y me dijo: Tomás esta es su carta de libertad y el resumen de dieta blanda que usted debe seguir ahora cuando vaya para su casa”.

Aunque aún desconfiado se sentó en la cama, confirmó la veracidad de su liberación y entonces se vistió. El oficial le dio una lata de pera fría para que comiese, pero Magdariaga insistió en que solo comería cuando estuviese libre en su casa.

Núñez Magdariaga, de 66 años de edad, agradece la presión internacional realizada por parte de diferentes gobiernos amigos de la libertad y la justicia. “Si no hubiera sido por eso, por ese pueblo que me apoyó en esta huelga, ellos [la dictadura] me iban a dejar morir. Agradezco a la UNPACU y a todas las organizaciones opositoras cubanas que ayudaron desde el principio y a los periodistas les mando un fuerte abrazo, porque por ellos hoy estoy aquí, vivo”, aludió.

Selló su intervención manifestando que nunca renunciaría a la organización que tanto ha hecho por el pueblo cubano, la UNPACU. “Cada cosa que me pasa me hace más fuerte, si tuviera que volverme a plantar, aunque me muera, me planto, pero ellos [el gobierno] tienen que respetarnos, yo muero con mi organización”.

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