Inmigrantes cubanos en Trinidad y Tobago no quieren regresar a Cuba

Inmigrantes cubanos en Trinidad y Tobago no quieren regresar a Cuba

Varios cubanos llevan dos y tres años pidiendo el estatus de refugiados, pero las organizaciones que debieran otorgarlo no se pronuncian

(Foto de la autora)

LA HABANA, Cuba. – La “cosa” en Cuba estaba mala, pero en Trinidad y Tobago la “cosa” está peor para los cubanos. Dos, tres años pidiendo el estatus de refugiados. Las organizaciones que debieran otorgarlo no se pronuncian, escamotean las ayudas humanitarias, las retrasan, se aprovechan, negocian con lo que no les toca. Y si protestan, van presos, igual que en Cuba.

No se sabe cuándo comenzó el rumor de que Trinidad y Tobago era un buen destino para los cubanos, pero se difundió y ahora, los que quedan, los que tienen sus razones para no subir por la selva del Darién, los que no pueden regresar a Cuba, están sufriendo las consecuencias de las reuniones secretas entre Bruno Rodríguez Parrilla y el primer ministro trinitario. Al final, como mismo está ocurriendo con los venezolanos, los cubanos han perdido el acceso a la educación y a la contratación legal.

“Los cubanos quedamos fuera porque si nos daban permiso de trabajo a nosotros, lo más probable es que se quedaran los médicos cubanos de la misión también y se les jode el negocio”, especula Yaquelín Vera Morfa.

Alguna razón debe tener porque, si de dinero se trata, al régimen no hay quien le ponga un pie delante. Sin embargo, hay que tener muchas ganas de no estar en Cuba para querer quedarse en un país donde “secuestran a las latinas y las violan”, y allí todas son latinas, “nadie anda con un cartel en la frente”, asegura la refugiada que ha padecido personalmente la discriminación.

Los cubanos que quedan y que han querido dar su testimonio han vivido hasta lo que no se imaginaron que vivirían y saben que si regresan a Cuba puede haber más sufrimiento que reencuentros felices.

Danieska Espinosa, Yaniuska Reyes Verdecia, Leamsys Casabona González, Yaquelín Vera Morfa, Dilaila Ríos Ricardo o Adiel León son algunos de los nombres de los que han decidido permanecer en Puerto España, pese a las condiciones inhumanas.

Otros, según cuentan, “se fueron huyendo porque debían multas y tenían miedo ir presos de nuevo porque si te cogen trabajando, inmigración mismo lo dice, te ponemos una multa de hasta 5000 titis, 714 USD”.

Con cuatro testimonios es suficiente para saber qué ha pasado en Trinidad y Tobago y por qué no pueden regresar a Cuba.

Dalila Ríos

Dalila viajó a Puerto España pensando que encontraría un paraíso donde, por ser negra y rastafari, no sería discriminada, pero encontró un infierno.

“Nos han engañado siempre, desde el inicio. Primero con los tiempos que duraría el proceso y después en el juicio”, recuerda Dalila Ríos, que estuvo presa por haberse manifestado frente a la sede de la ONU en Puerto España.

“Nos dijeron que íbamos a estar registrados en amnistía internacional y nos engañaron. Lo peor era que nos querían deportar pese a haber pedido asilo político”, explica la mujer. Ella cree que esa es una de las grandes contradicciones que hay en el mundo con respecto a los cubanos.

“Nos critican si decimos que nos vamos por problemas económicos, pero si declaramos que es por temas políticos, entonces es peor”, aseguró Ríos hace dos meses. Dice que, aunque han recibido la ayuda, lo que vivió fue “terrible”.

Dalila junto a otros cubanos vivió en un platanal, a la intemperie, después de haber pasado por un almacén que le proporcionó un trinitario y del que fueron desalojados por no tener el estatus de refugiados políticos.

Danieska Espinoza

Danieska Espinosa Mustelier, en Santiago de Cuba, se metió “en una reyerta entre la policía y los cuentapropistas” porque “se cansó de perder cosas”.

Según la santiaguera, a la abuela le habían quitado las tierras, y luego les “demolieron la casa en la  calle Patria”.

“Fuimos obligados a irnos para los barrios más malos de Santiago”, denuncia la mujer, que en la reyerta recibió un golpe que la dejó “grave de muerte”.

Según ella, de lo ocurrido la querían acusar de Atentado, pero salió huyendo con el poco dinero que tenía, dejando detrás a su hijo de 4 años y a su abuela, que murió antes de que pudiera volverla a ver.

A los 6 meses de estar viviendo en el platanal “la ACNUR no quiso creer que estábamos viviendo en esas condiciones. Le mandamos videos y ni siquiera se molestaron por saber dónde quedaba aquel lugar”, denuncia Espinosa, que agradece a la dueña del lugar que les permitiera quedarse allí el tiempo que necesitaran.

Leasmys Casabona y Adiel León

“El platanal estaba fuerte, pero estábamos libres”, recuerda Leamsys Casabona, quien antes había estado preso en una prisión de máxima seguridad por haber protestado frente a la sede de la ACNUR en Puerto España. Adiel León describe las condiciones de la prisión de hombres a la que fueron llevados.

“Había gente que tenía tres o cuatro muertos, narcotraficantes, vendedores de drogas. Las paredes estaban llenas de mierda y tuvimos que dormir en literas sin colchón. Pasamos seis días sin agua. El mismo director de la prisión se preguntaba qué hacíamos nosotros allí. Nos debieron de haber mandado para el centro de inmigrantes, no para una prisión de máxima seguridad”, señala.

Ahora que ha recibido algo de ayuda gracias a la presión ejercida por la prensa cubana independiente, se debe sentir al menos más dichoso.

Leamsys Casabona era técnico en una empresa de semilla en Matanzas.

“Me empezaron a acosar porque querían que colaborara con ellos y yo preferí irme. Vendí mi casa y me le perdí al Mayor Roberto Gil Hernández, que decía que me metería preso”.

Pareciera increíble, pero no es el primer caso que decide abandonar la isla para no seguirles el juego de “chivatear” a amigos y familiares.

“Al cabo de los seis meses de estar aquí, en Trinidad, mi madre recibió una citación”. En la misma, dice, se incluía el nombre su esposa “y decía que nos habían cogido vendiendo droga ese fin de semana en Matanzas. Sacamos la cuenta rápida de que, en realidad, estaban buscándonos. Ahora dicen que cuando lleguemos a Cuba tenemos que informarlo”, cuenta Casabona. El hombre piensa que en Cuba le esperan al menos 10 años por un delito que no cometió porque no estaba en la isla hacía tiempo.

En cada caso, los “vínculos con el régimen cubano”, dice Vera Morfa, “y las instituciones internacionales que debieran protegerlos son muy fuertes”. Por eso, después de haberse plantado frente a las Naciones Unidas y haber protagonizado la protesta, todos están seguros de que si hubiesen sido deportados hubiesen llegado a Cuba para ser encarcelados nuevamente.

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