Creador de “Pánfilo” critica discriminación al turismo nacional

Creador de “Pánfilo” critica discriminación al turismo nacional

El humorista Luis Silva respondió a un artículo oficialista

Pánfilo, interpretado por Luis Silva en el popular programa humorístico televisivo ‘Vivir del cuento’ (Businesswire.com)

LA HABANA, Cuba.- El cómico cubano Luis Silva, creador del famoso personaje “Pánfilo” de la televisión estatal que jugó dominó con Barack Obama, criticó las “directivas discriminatorias con los cubanos”, en apoyo a una publicación de la prensa oficial sobre “maltratos” sufridos por cubanos en hoteles.

Silva —popular por el humor crítico de su programa “Vivir del Cuento”, uno de los más vistos y en el que participó Obama durante su visita a la isla— usó su página de Facebook para comentar un artículo del diario oficial Juventud Rebelde que narra las malas experiencias de un periodista local en los cayos del norte.

En el texto, titulado “Viaje de escombros”, el reportero asegura que este es el calificativo dado por los trabajadores cubanos del turismo a sus compatriotas, con menor poder adquisitivo y menos propensos a dar propinas que los visitantes extranjeros.

A pesar de no aparecer en la versión impresa del diario y solo online —en uno de los países más desconectados del mundo—, el artículo ha generado polémica en los últimos días en las redes sociales.

La principal crítica es la diferenciación de los servicios por nacionalidades en uno de los principales sectores económicos del país, que el año pasado recibió 4,7 millones de turistas extranjeros.

“Entre cubanos, ¿qué valor nos damos? Ninguno. Así funciona el país desde hace años. Así que lo que cuenta este artículo es bobería al lado de todas las cosas que pueden hacer los extranjeros y no los cubanos”, comienza Silva su publicación, que suma más de 4300 reacciones, 600 comentarios y ha sido compartida más de 1100 veces en Facebook.

El humorista asegura que “el propio Ministerio de Turismo tiene directivas discriminatorias con los cubanos”, en referencia a la medida que prohíbe a los pobladores de la isla abordar embarcaciones recreativas.

“Podemos hospedarnos en un hotel, pero no podemos coger un catamarán con motor, no puedes hacer uso de medios náuticos motorizados. ¿Por qué? (…) Así está escrito. Lo he leído en las ofertas de (la agencia de viajes estatal) Cubanacán para cubanos”, insiste.

Según Silva, “si una entidad importante del Estado es capaz de crear esas diferencias, ¿qué importa que un simple guía de turismo considere ‘escombros’ a los cubanos?”

“Somos potenciales terroristas, que a lo mejor nos da por robarnos el catamarán para ir al (supermercado) Walmart de Hialeah (Miami, EE.UU.) a comprar”, comenta mordaz en referencia al origen de la prohibición, instaurada para evitar el robo de embarcaciones por parte de cubanos que querían huir a la Florida.

Hoy los cubanos sí pueden entrar y salir del país en cruceros y buques mercantes, aunque solo los residentes en el exterior pueden hacerlo en embarcaciones de recreo como yates.

El humorista concluye que “las diferencias entre cubanos y extranjeros las ha creado el propio país”, donde hace unos años debías ser extranjero para acceder a una línea de teléfono móvil o comprar en tiendas mejor surtidas que las destinadas a los locales.

El turismo se convirtió en el motor impulsor de la economía cubana a partir de la década de 1990, tras el colapso de la antigua Unión Soviética.

Sin embargo, desde el principio hubo separaciones claras entre extranjeros y los cubanos, que tenían prohibida la entrada a los hoteles y a otras instalaciones reservadas a los turistas.

Solo en 2008 fue levantada esa restricción, dentro de las reformas del actual gobernante Raúl Castro, que también permitieron a los cubanos comprar por primera vez líneas móviles y ordenadores.

En los últimos años, la apertura económica impulsada por Castro y la ampliación del sector privado, ha permitido que algunos nacionales puedan alojarse en hoteles, aunque la mayoría de las ofertas continúen siendo prohibitivas para el cubano medio, cuyo salario no llega a los 30 dólares mensuales.

(EFE)

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