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Carlos Enríquez, un ícono del vanguardismo cubano

Carlos Enríquez, Cuba

MIAMI, Estados Unidos. — Este 3 de agosto se cumplen 122 años del nacimiento del pintor cubano Carlos Enríquez Gómez (Carlos Enríquez), uno de los más grandes representantes de las artes plásticas en la Isla durante la primera mitad del siglo XX.

Nacido en Zulueta, en la antigua provincia de Santa Clara, la infancia de Carlos Enríquez se desarrolló mayormente en su pueblo natal, donde su padre ejercía como médico.

Diferentes referencias bibliográficas señalan que Carlos Enríquez cursó la enseñanza secundaria en La Habana y que, posteriormente, en 1920, fue enviado a Filadelfia, Estados Unidos, para realizar estudios de comercio.

El vínculo del joven con las artes plásticas inicia en Pennsylvania, donde, tras culminar sus estudios de comercio, recibió clases irregulares de pintura en un curso de verano.

Fue allí donde conoció a quien se convertiría en su primera y única esposa, Alice Neel. La pareja se casó en 1925 y ese mismo año viajó a Cuba.

Ya en La Habana, Carlos Enríquez, junto a otros jóvenes artistas, se incorporó a la incipiente lucha por el arte moderno en Cuba, colaborando con la Revista de Avance y participando en la Exposición de Arte Nuevo.

La ficha del artista en el Museo Nacional de Bellas Artes reseña que de 1927 a 1930 Carlos Enríquez residió en Nueva York, a lo que siguió un breve tránsito por La Habana.

Luego viaja a Europa, donde permanece hasta 1933. Residió mayormente en Francia y España, aunque también realizó visitas a Italia e Inglaterra. Durante esa etapa en el viejo continente realizó exposiciones personales en Oviedo (1930) y Madrid (1933).

A principios de 1934 el artista regresó a Cuba y preparó una exhibición de su obra europea en el Lyceum de La Habana, suspendida la noche misma de su inauguración y reabierta al público en el bufete de Roig.

En 1935, Carlos Enríquez publicó El criollismo y su interpretación plástica, un texto en el que define su nueva orientación pictórica.

Desde 1939 se instaló en una casa tallar bautizada como El Hurón Azul, en los suburbios de La Habana, donde vivió hasta su muerte y que luego se convertiría en museo.

En la obra pictórica de Carlos Enríquez destacan piezas como Manuel García, el rey de los campos de Cuba, Campesinos felices, Dos Ríos y Paisaje cubano. Sin embargo, su obra maestra es El rapto de las mulatas, un mítico cuadro que fuera galardonado en el Salón Nacional de 1938 y que se exhibe de forma permanente en el Museo Nacional de Bellas Artes.

Como parte de su vasta obra, Carlos Enríquez también ilustró numerosos libros, entre ellos El terror en Cuba y Canto del Caribe, ambos de Alberto Riera, El son entero y Elegía a Jesús Menéndez, de Nicolás Guillén. También escribió tres novelas: Tilín García, La vuelta de Chencho y La Feria de Guaicanama.

La salud del afamado pintor se fue deteriorando durante los años cincuenta del pasado siglo debido a sus padecimientos en los huesos y a sus problemas con el alcohol. Carlos Enríquez murió en La Habana el 2 de mayo de 1957, día en que debía inaugurar una exposición en la Editorial Lex y que fue abierta en el mes de junio de 1957 como homenaje póstumo.

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