Villa Clara: ¿Por qué hay que callar el dengue hemorrágico?

Villa Clara: ¿Por qué hay que callar el dengue hemorrágico?

Siete fallecidos a causa de la enfermedad en la provincia de Villa Clara no parecen ser noticia para los medios oficiales

Fumigador en Villa Clara (Foto del autor)

CAIBARIÉN, Villa Clara. – Yunior Quintana Mayea, de 42 años, ha adquirido el dengue en mi edificio y ha contagiado al resto de su familia. El y su esposa su permanecen bajo vigilancia médica como parte de un programa desplegado con urgencia por el policlínico Pablo Agüero Guedes, el que nos corresponde en la llamada “atención pública”.

La novia de un vecino parece ser “el foco primario” y sobre aquél han caído primeramente las 5 delegaciones de visitantes, inspectores, supervisores, auxiliares sanitarios, personal paramédico y fumigadores armados con artefactos desinsectadores.

Según Roberto Martínez, encargado del “team” que ha tumbado literalmente la puerta de cada apartamento del Bloque #2 del Reparto Van Troi cuenta que ya se ha  dado la alarma para que se desperece el sistema que suele amodorrarse cuando no hay brotes como éste. Tiene que morirse alguien para que estalle la crisis.

El fumigador Lázaro Hernández ha entrado enfocando el aparato que porta como si fuera una pistola. Informa que hay 7 fallecidos ya en la provincia y amenaza con asfixiar al colectivo en casa. Le explico que no puede usarlo porque tengo madre diabética y anciana encamada, padre con cáncer y yo mismo portador de una enfermedad pulmonar oclusiva crónica (EPOC).

Fumigador en Villa Clara (Foto del autor)

La provincia reporta además varios enfermos, todos con pronósticos reservados y diversos tratamientos clínicos, una información facilitada por un funcionario de alto rango, quien ni siquiera exigió discreción sobre el hecho.

Mariano, el supervisor, agrega que “ya el ejército (las FAR) se metió de a lleno en el problema y que han habilitado salas especiales con mosquiteros para los reportados como positivos al examen de sangre”; o sea: los que desarrollen alguna fiebre deberán ingresarse sin demoras y contarán “con los recursos que no había” sino en los almacenes “del cuero”.

Aceptaron los revisores no llenarme la casa con la humareda tóxica, aunque deberán informar al director del Poli y el Sectorial Municipal sobre esta salvedad, la cual pudiera incriminarlos si se detecta en el área un “nuevo agente focal”. Literalmente: que debo envolver a mis ancianos y a mí mismo en látex.

Y aunque nada se ha dicho en los medios (impresos, radio o TV provincial ni nacional) alegando que el silencio (criminal) es táctico “para no dar más armas al enemigo difamador de nuestro ejemplar sistema de salud”, lo que yo creo debería incluirse en el listado negro es la trompa asesina del malvado mosquito aedes aegypti, “agente externo/portador”, seguramente manipulado en Langley, VA. y programado para desangrarnos.

Los exhaustos fumigadores explican que “hay que meterle caña sin excusa ni pretexto al bicho”, pues se trata de cierta orden suprema e irrebatible. De resistirnos, habría cuantiosa multa.

Han rociado, además, otro líquido inodoro en áreas exteriores con mochilas, alrededor de los tanques de agua, introducido en ellos abate granulado, vaporizado venenos en la periferia, distribuido comprobantes y vistos con firmas, cuños, etc., pero no han recogido la puñetera basura de enfrente  al recinto “peligroso” en muchos días los de comunales.

Cuando hemos alegado nuestra satisfacción por tantas medidas sanitarias extremas e indagado por la pereza, burla e indolencia del servicio municipal de recogida ante la batalla conjunta que se libra contra el insecto matador, nos han contestado sin dubitar: “ese no es nuestro problema, lo nuestro es el MINSAP, los demás que arreglen el potaje como puedan”.

Vertedero en Villa Clara (Foto del autor)

Y con la mochila baja y el cañón apestoso, y todavía humeante, los 5 visitantes se han marchado al siguiente edificio en plan profilaxis.

Como muestra la foto, la montaña de porquería a escasos metros del caos, desborda el espacio continente donde se pudiera albergar nueva amenaza de impredecibles proporciones. Pero eso no es lo importante.

La “prensa socialista que defiende los intereses del pueblo” seguirá callada hasta que explote (ella o el sistema sigiloso que la dirige) junto con la basura. Como si esconder la verdad fuera a extinguir la enfermedad.

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