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Lunes, 23 de octubre 2017

‘Ataques acústicos’ a diplomáticos en Cuba ocurrieron unas 50 veces

‘Cada vez es más evidente’ la participación de La Habana

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Frente de embajada de EEUU en La Habana (The Washington Post)

MIAMI, Estados Unidos.- Varios de los 21 diplomáticos estadounidenses que se sospecha sufrieron “ataques acústicos” en Cuba, habrían sido víctimas de los mismos en múltiples ocasiones, informó a CNN a un alto funcionario estadounidense.

Según el oficial, cuya identidad fue preservada, hubo casi 50 ataques en total

Los incidentes han desafiado la evaluación del Gobierno de Estados Unidos de que Cuba es un país seguro para los diplomáticos y sus familias, y amenazan el futuro de la embajada. A pesar de las relaciones antagónicas con el gobierno comunista, Cuba ofreció a los diplomáticos estadounidenses durante años un raro beneficio: era un país donde podían sentirse relativamente a salvo, dijo CNN.

A diferencia de muchos otros países, en Cuba, los empleados de la hoy Embajada de los Estados Unidos —hasta hace poco Oficina de Intereses— no tenían que preocuparse mucho por los ataques terroristas, los secuestros o incluso los delitos menores. El control estricto del Gobierno cubano sobre la isla hizo de La Habana una de las ciudades más seguras del mundo para los funcionarios del Departamento de Estado.

Los diplomáticos —especialmente de los que se sospechaba fuesen espías— podrían sufrir acoso a manos del poderoso aparato de Seguridad del Estado, pero había líneas establecidas que ninguno de los adversarios de la Guerra Fría cruzaría.

Sin embargo, a principios de este año los diplomáticos estadounidenses que se dirigían a la isla fueron discretamente advertidos de que podrían enfrentar una misteriosa amenaza que estaba causando que los funcionarios del Servicio Exterior estadounidense enfermen, algunos con síntomas duraderos.

Los investigadores no han determinado la causa de los incidentes, pero funcionarios estadounidenses dijeron a CNN que están convencidos de que alguien ha dirigido contra diplomáticos estadounidenses en La Habana un sofisticado dispositivo nunca antes desplegado, al menos no contra el personal estadounidense. Los diplomáticos canadienses han sufrido problemas de salud similares.

Este viernes el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, negó en Naciones Unidas que Cuba estuviera involucrada en ataques a diplomáticos y dijo que Estados Unidos estaba politizando los incidentes.

Pero siete meses después de las quejas a funcionarios y garantías del presidente cubano Raúl Castro de que los hechos serían investigados, la parte estadounidense se sienten frustrada por la falta de progreso, y podrían reducir su misión diplomática en La Habana para limitar el número de personas que se exponen a riesgos.

Las opciones incluyen el envío de familias y personal no esencial de regreso a los Estados Unidos, dijeron a CNN tres altos funcionarios estadounidenses.

“Tenemos que considerarlo, pensamos que habíamos archivado esto, y luego los dos casos de agosto tuvieron lugar”, dijo un alto funcionario estadounidense. “Nuestro personal está en riesgo, así que tenemos que considerar los próximos pasos porque tenemos que proteger a nuestra gente”.

Si Estados Unidos se llevara de vuelta a los diplomáticos, sería un devastador revés para las relaciones con Cuba que llegaría en un momento crucial, cuando Castro se prepara para dimitir como presidente en febrero y Washington necesita ojos y oídos en el terreno.

En noviembre, después de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, los diplomáticos estadounidenses empezaron a experimentar una serie de extraños síntomas. Despertaban en medio de la noche en sus casas sintiéndose mal y oyendo sonidos parecidos a insectos o metal arrastrando por el suelo.

No pudieron determinar la fuente del sonido; dejando la habitación o el área en la que se encontraban, los incidentes se detuvieron inmediatamente, dijeron dos funcionarios del Gobierno estadounidense.

Para febrero, el Departamento de Estado había concluido que sus diplomáticos eran los blancos de una campaña de acoso y que necesitaban plantear la cuestión con funcionarios cubanos.

Los dispositivos utilizados en los incidentes nunca han sido encontrados, dijeron dos funcionarios estadounidenses, pero parecen ser de un tipo de arma sónica que emitió ondas sonoras capaces de infligir daño físico.

Los síntomas de las víctimas variaban enormemente, impidiendo que los médicos consultados en Estados Unidos llegaran a una conclusión sobre lo que causó el trauma.

Los expertos técnicos del gobierno de Estados Unidos también estaban desconcertados. Algunos diplomáticos afectados tenían líneas de vista a la calle en sus casas, mientras que otros tenían matorrales y muros que bloqueaban las vistas de sus hogares. Algunos escucharon sonidos fuertes cuando ocurrieron los incidentes, mientras que otros no oyeron nada.

Por otra parte, no parece que la Embajada de Estados Unidos o la residencia del embajador hayan sido atacados.

En el momento que ocurrieron los presuntos ataques, Donald Trump acababa de ganar la presidencia. Raúl Castro lo felicitó en los medios estatales cubanos por su inesperada victoria, pese a que el presidente electo había prometido adoptar una línea más dura en Cuba.

Al mismo tiempo, los cubanos estaban apurados en para capitalizar los últimos meses de la administración Obama y firmar tantos acuerdos con el Gobierno de Estados Unidos y compañías de ese país como fuera posible.

No tenía sentido para Cuba en ese momento iniciar una campaña de hostigamiento contra diplomáticos estadounidenses, afirman funcionarios de Washington.

Poco después de que los diplomáticos estadounidenses se quejaron por primera vez a sus homólogos cubanos, Raúl Castro convocó al máximo diplomático estadounidense en La Habana, Jeffrey DeLaurentis, a una reunión. Castro negó cualquier participación cubana en los presuntos ataques y prometió una investigación exhaustiva, según funcionarios de ambas partes.

Desde entonces, Estados Unidos ha recibido la cooperación de Cuba. El FBI fue autorizado a viajar a la isla y se reunió con funcionarios del Ministerio del Interior de Cuba, que está dirigiendo la investigación, dijo un funcionario estadounidense.

Muchos diplomáticos viven en el exclusivo barrio de Siboney de La Habana, otrora Country Club. Las mansiones bien mantenidas del área y los jardines ordenados están muy lejos de los edificios coloniales icónicos de la ciudad. Hay cámaras de vigilancia a lo largo de Siboney y guardias de seguridad cubanos colocados frente a muchos hogares de diplomáticos.

Los altos funcionarios cubanos —incluyendo Raúl Castro— tienen casas en la misma área y están fuertemente custodiados.

Otros incidentes ocurrieron en hoteles en La Habana donde se encontraban diplomáticos estadounidenses. Se trata también de lugares que los servicios de inteligencia cubanos vigilan de cerca.

Funcionarios estadounidenses dijeron que creen que incluso si los cubanos no sabían sobre los incidentes al comienzo de la investigación, deben tener una idea más clara de lo que ocurrió que lo que están dejando entrever.

“Cada vez es más evidente que los cubanos están involucrados de alguna manera”, dijo un alto funcionario estadounidense.

En su intervención en la Asamblea General de la ONU en Nueva York, Bruno Rodríguez, ministro de Relaciones Exteriores, dijo que su gobierno “ha tenido en cuenta los datos aportados por las autoridades estadounidenses y hasta ahora no ha encontrado evidencia alguna que pueda confirmar las causas o el origen de la salud trastornos a los que se refieren los diplomáticos estadounidenses y sus familiares”.

Rodríguez dijo que la parte cubana seguiría investigando.

Mientras, los estadounidenses trabajan para reparar la Embajada de los Estados Unidos en La Habana, gravemente dañada por el huracán Irma.

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