Acosan a ancianos que venden mercancías en las calles

Acosan a ancianos que venden mercancías en las calles

LA HABANA, Cuba, 24 de agosto (Calixto Ramón Arias, 173.203.82.38) – Onelia Lemus, una jubilada de 79 años cuya  pensión es de 175 pesos al mes –unos siete dólares-,  es acosada por funcionarios gubernamentales  para que deje de vender  las confituras que le ayudan a compensar sus magros ingresos.

Onelia Lemus vende confituras para compensar los 175 pesos mensuales que recibe de pensión.

Según Lemus, quien reside en el municipio Plaza de la Revolución,  agentes del Departamento de Inspectores Supervisores (DIS) llegaron en la mañana del pasado  21 de agosto a las inmediaciones del Zoológico de la Calle 26, en el Nuevo Vedado, y la amenazaron con despojarla de sus pertenencias.

Lemus asegura que esta no es la primera vez que ha sido acosada por las autoridades.

“Ellos, (los Inspectores) me dicen que me vaya a hacer ejercicios con los viejos, porque si no me van a quitar las cosas y me van a multar. Con esto me busco la vida, porque dependo de una chequera (de la jubilación) que no me alcanza para nada”, afirmó.

“Yo no me meto en nada malo. Sé tejer, coser y hacer un montón de cosas para buscarme la vida honradamente, pero a mí lo que me gusta es vender mis cositas aquí para entretenerme y buscarme la vida sin hacerle daño a nadie”, agregó la señora.

Aunque tuvo permiso de cuentapropista, lo entregó porque a su avanzada edad carece de la agilidad física suficiente para vender  toda la mercancía que necesita, incluso  para pagar su  licencia.

“Yo saqué licencia de trabajador por cuenta propia, pero me vi en la obligación de entregarla, porque lo que gano es muy poco y tenía que pagar 150 pesos de impuesto. Esto es un negocito de centavos, y a veces tenía que coger el salario de la chequera para pagar la licencia”,  indicó.

Describe Lemus que desde que ella se jubiló, después de haber trabajado más de 40 años, siempre se ha dedicado a vender chucherías para ganarse la vida, y por tal motivo, ha sido arrestada y trasladada a unidades de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR).

“Una vez intentaron llevarme y un policía dijo que él a mí no podía montarme en la patrulla porque si me daba un infarto o me sucedía algo él tenía que responder por mí. En otra ocasión, hace como dos años, me llevaron y el Jefe de la Unidad de la PNR le ordenó a los policías que me llevaran a mi casa en el primer patrullero que saliera”, declaró.

Según dice, hace más de un año le impusieron una multa y la rompió delante de los inspectores, “porque no iba a pagar nada”.

Udelina Reyes, una anciana residente en el municipio Boyeros, coincide con Lemus.

“Yo me dedicaba a vender maní y caramelos y tuve que dejarlo porque hace alrededor de tres años me llevaron detenida para la PNR de Santiago de las Vegas.  Allí había más de veinte viejitos detenidos, todos por vender jabitas (bolsas) de nailon, caramelos, ‘chupa-chupas’… y aquello se puso feo, porque habían viejitos de esos que estaban a punto de darle un infarto”, dijo Reyes.

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