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Supongamos que en Chile gana Kast 

José Antonio Kast, candidato a la presidencia en Chile

MIAMI, Estados Unidos. – El 19 de diciembre de 2021 será el balotaje en Chile. Se enfrentarán por la presidencia, José Antonio Kast, de 55 años, JAK para abreviar, abogado, representando a la derecha, y Gabriel Boric (se pronuncia Borich en croata) a la izquierda. Boric de solo 35 años, sin título universitario, porque dejó de estudiar Derecho a media carrera.

¿Quién ganará? Dependerá de cuánta gente salga a votar y de la edad de los electores. Si son muchos ganará Kast. Si son pocos y jóvenes, el triunfo será de Boric. Pese al criterio del Colegio de Periodistas, sospecho que ganará Kast. Es la opinión de un joven analista chileno de CNN, sobrio y serio, José Manuel Rodríguez, que hago mía porque me parece muy persuasiva.

Supongamos que la mayoría de los chilenos votará por Kast. ¿Por qué lo harían? Porque encarna la ley y el orden. Los chilenos pasaron mucho miedo cuando, súbitamente, salieron a la calle numerosos jóvenes “indignados” a destruirlo y quemarlo todo. Ni Kast es la “ultraderecha”, sino un católico conservador que cree en la ley y el orden, ni Boric un comunista, sino un radical de izquierda que está lejos de creer en la ley y el orden.

¿Qué es un “católico conservador”? Alguien que cree en la vida eterna, en la propiedad privada y, además, en el caso de Kast, alguien que pertenece al Movimiento Apostólico “Schoensttat”, una especie de Opus Dei originado en Alemania, lo que le lleva a querer controlar la entrepierna de sus compatriotas, algo que siempre es un detestable error. Sacar al Estado de la habitación es lo que se espera en los tiempos que corren.

En su momento, Kast, que es graduado de la Pontificia Universidad Católica de Chile, una de las mejores del país, se opuso al matrimonio de personas del mismo género, al aborto y cree en tener todos los hijos que “Dios le mande”. Hasta ahora le ha mandado nueve.

También ha poseído 10 hermanos (él es el menor). Entre ellos un economista, Miguel Kast (1948-1983), el mayor, muerto muy joven de cáncer de huesos, quien presidió el Banco Central de Pinochet, y le enseñó que el gobierno debe ser pequeño, y para ello hay que privatizar todo lo que se pueda y reducir los impuestos. El gasto público debe controlarse férreamente, y dejar al mercado que actúe con libertad. Era uno de los “Chicago boys” que rodearon a Pinochet para impedir que cometiera errores. A él se debe un valioso estudio de la pobreza extrema en Chile.

Su apellido, por supuesto es el de su padre, un teniente del ejército alemán, Michael, quien en 1942, siendo un chiquillo de 18 años, se inscribió en el Partido Nazi. Llegó a Chile en 1950 procedente de Bavaria (de ahí su catolicismo), casado con otra expatriada alemana, Olga Rist, con dos hijos pequeños, el mencionado Miguel, y Bárbara, su gemela, a los que se agregaron otros siete nacidos en Chile.

La familia creó una exitosa firma de embutidos (Cecinas Bavaria), fundada en 1964 sin apenas recursos, dos años antes de que naciera YAK. La empresa se ha ampliado al sector de restaurantes y cafeterías mediante el sistema de franquicias. Hoy dirige el consorcio Christian Kast, hermano de José Antonio. El padre murió en 2014. La experiencia demuestra la importancia de los migrantes en el desarrollo de los pueblos. Están llenos de lo que llamó un economista “el fuego del inmigrante”. No se extingue hasta que mueren.

Los chilenos pueden morir de éxito. Están angustiados porque hay cientos de miles de venezolanos dentro de sus fronteras. Cada uno de ellos es un homenaje al pensamiento liberal. No van a Bolivia ni a Cuba. Van a donde arraigó el desarrollo. Van a Chile.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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