Vejez y empobrecimiento, futuro de una provincia

Vejez y empobrecimiento, futuro de una provincia

Basta dar un recorrido por las calles para percibir estos indicadores

Miguel Rodríguez buscando en la basura (foto del autor)
Miguel Rodríguez buscando en la basura (foto del autor)

BAYAMO, Cuba.- Datos ofrecidos en días pasados por el Centro de Estudios de Población y Desarrollo (Cepde), de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (Onei), citados en un artículo del periódico oficial “Juventud Rebelde”, aseguran que para la segunda mitad del presente siglo, la población cubana será una de las más envejecidas del mundo. A esto se puede sumar la certeza de ser una de las más desfavorecidas económicamente, vislumbrando indigencia y necesidad de todo tipo.

Estacionando el tema en territorio bayamés, las aristas se complican. Existe el añadido del fatalismo geográfico, además de las diferencias asistenciales por parte de organismos, según la región del país que corresponda, y las poquísimas opciones de supervivencia que concurren en una ciudad del interior de un país subdesarrollado.

El panorama actual ya va dando color a lo que se avecina. Baste dar un paseo por la capital granmense para asegurarlo. Por doquier pululan los “sin techo”, limosneros que hacen sumatoria a la creciente ola de desempleo que han ocasionado las nuevas directrices de la nación, según ellos, en busca de la prosperidad de todos.

Juan Esteban Izaguirre, de 69 años, es uno de los que está sin amparo. Su testimonio duele desde la soledad de la esquina en donde pasa sus días. Nos asegura: “Mi familia se fue del país hace unos años y me quedé solo. Jamás se acordaron de mí. Traté de buscar ayuda en un asilo de ancianos, pero las condiciones que me pedían para poder acceder al lugar yo no las reunía. Tenía que tener chequera o alguien que se responsabilizara por mí. Para una persona mayor y sola, es difícil mantener una casa, por eso busco ayuda solidaria en este lugar todos los días para poder comer.”

Otra arista del asunto se enmarca en aquellos que, por la reducción de plantilla en sus respectivos centros laborales, han quedado a la espera de un modo para ganarse la vida.

Mendigo pidiendo limosna en las calles de Bayamo (foto del autor)
Mendigo pidiendo limosna en las calles de Bayamo (foto del autor)

Miguel Rodríguez fue uno de ellos. Cuenta que trabajó para la Empresa Nacional de Materias Primas por más de 10 años en el puesto de mantenimiento. Con los recortes de fuerza de trabajo quedó, a sus 58 años, literalmente en la calle, a la espera de una reubicación que nunca llegó. Al exponerle que tenía la edad suficiente para acceder a la jubilación expresó: “Esa opción no fue posible, pues necesitaba 25 años o más para poder jubilarme. Yo me incorporé, por múltiples razones, tarde al trabajo. Ahora no tengo edad para alcanzar lo que me exigen y los que he trabajado cayeron en saco vacío. Debo hacer malabares para llevar comida a mi casa.”

Para Mireya Fonseca, jubilada de 69 años, la situación no es diferente. Después de tres décadas de trabajo decidió dar un giro y dedicarse al cuentapropismo. Asevera: “Todavía tengo salud y fuerza para ganarme la vida. Con la ayuda de una nieta he puesto en la sala de mi casa una peluquería. Intentaba mejorar la entrada económica, pues la jubilación que recibo es de 270 pesos. Las cosas en Cuba están muy difíciles. Pero créame que mucho más es mantener este negocio. El acoso de los inspectores, con sus absurdas exigencias, lo hacen imposible. He pensado en cerrarlo y entregar la patente. Y que sea lo que Dios quiera.”

La dinámica con la que, en más de 50 años se ha tratado este sensible asunto, da inicio en el barrio. En cada ejecutivo cederista existe un cargo referente a la seguridad social. Una de ellas es Ismari Fonseca, quien al conversar sobre las disímiles situaciones con las que se encuentra en su labor altruista, nos comenta: “Es verdaderamente complicado el trabajo en la base. Con la situación actual que vive el país se han acrecentado los casos que necesitan ayuda de algún tipo. Las hay de vivienda, de alimentación, de soledad, de estipendio económico; pero no todas encuentran solución. Al exponerlas ante los organismos superiores llegan las barreras. O porque hay casos en peor situación, o porque no se cuenta con los recursos para solucionarlas. Y ahí quedan, a la espera de un milagro.”

Al investigar, por vía telefónica, sobre el tema con funcionarios de la Oficina Nacional de la Administración Tributaria (ONAT), escudamos a Juan Miguel Cabrales, director de la delegación Granma del organismo quien afirmó: “Nuestra misión social está muy bien definida con respecto al trabajo del cuenta propia. La responsabilidad es velar por la legalidad íntegra de cada negocio particular que se ponga en práctica. No estamos para velar con qué y cómo cada cual hace su trabajo. Queremos informar que todas aquellas personas que se sientan acosadas o perseguidas por inspectores o agentes de la policía, eleven su queja o denuncia al Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, quienes están autorizados a tomar medidas al respecto.”

Mendigo duerme siesta en la calle (foto del autor)
Mendigo duerme siesta en la calle (foto del autor)

Mabel Palomino, sub directora de la entidad, apuntilló: “Es cierto que se han entregado muchas licencias operativas para el trabajo por cuenta propia. Los clientes al hacerlo aseguran que el sistema empleado no es justo. También las quejas se dirigen al trabajo de los inspectores y la policía, pero esos funcionarios no pertenecen a nuestra institución.”

Según carta constitutiva del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, esta entidad, creada a inicios del triunfo revolucionario, está en el deber de visualizar, detectar y gestionar soluciones a los casos que pudieran convertirse en exclusión social. Ofreciendo la totalidad de los servicios que respete y devuelva la dignidad como ser humano.

Bajo tal precepto acudimos a la delegación provincial de este organismo, esgrimiendo los casos que en este reportaje exponemos. Lizet Pérez, jefa de Departamento de Asistencia Social nos comentó: “Tratamos de que no quede sin solución ningún caso que llega hasta nosotros. Aún cuando las condiciones económicas del país no son las mejores, se le da a cada afectado la solución acorde a su necesidad.”

La funcionaria acota además:”Es cierto que en nuestro trabajo persisten deficiencias que parten desde la base. En ocasiones hay desinterés de los encargados de detectar y posibilitar al organismo competente las personas que urgen de ayuda. Se hace actualmente imprescindible redefinir la estructura o el mecanismo con el que trabajamos, de forma que todos los que necesitan apoyo la tengan. Hay que tener en cuenta la particularidad de cada caso. No aplicar a raja tabla la legalidad, pues eso trae consigo injusticias. Pero esa será decisión del órgano nacional por el que nos regimos.”

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