Trabajar para emborracharse

Trabajar para emborracharse

El alcoholismo es un problema extendido en la sociedad cubana

Un hombre mayor de edad, alcoholizado, siendo requerido por una policía frente a una tienda (Archivo)

LA HABANA, Cuba.- Actualmente en Cuba incontables albañiles, plomeros, electricistas y otros profesionales de los oficios pierden su funcionalidad a causa de su dependencia al alcohol

A través de estos años el alcoholismo y otras adicciones han corroído nuestra sociedad, transmitiéndose de padres a hijos. Actualmente podemos ver un grupo de hombres que no rebasan los 50 años, adictos, sin vínculo laboral, que se dedican a hacer trabajos rápidos, “de poca monta”, bien sean de plomería, albañilería, electricidad; otros, venden materiales de construcción. No pocos son hábiles en su oficio, pero el alcohol les ha hecho perder la ética profesional. Lo cierto es que su único interés es conseguir algún dinero para emborracharse cuanto antes.

En entrevista a la psicóloga Yelena Arcaya Arzuaga, jefa del programa de Salud Mental y Adicciones en Granma, publicada en el periódico Trabajadores del 8 de mayo de este año (“Atentos a las señales de alerta”), esta profesional afirma: “El alcohol es una puerta de entrada a ese mundo (se refiere a las drogas) y la familia debe tenerlo presente, porque es a veces en los hogares donde se les da a probar a los niños sin medir las consecuencias”.

El viernes por la tarde, las luces del hogar de Minerva Alfonso comenzaron a apagarse y encenderse lentamente varias veces. Pensando que podría ser el habitual bajo voltaje, se asomó a la puerta y preguntó a los vecinos. Sin embargo, el problema era solo en su casa. Rápidamente desconectó la corriente y llamó a la Empresa Eléctrica. Cuando vino el equipo de guardia, le revisaron el reloj contador y diagnosticaron que funcionaba correctamente, que el problema era dentro de la casa, donde ellos no estaban autorizados a intervenir, así que buscara un electricista particular que le revisara los equipos y conexiones.

Minerva llamó a un amigo que vive cerca del electricista que tiempo atrás le había hecho un trabajo, pero cuando este fue a avisarle, el hombre le dijo que iría al otro día temprano, porque “se había dado unos tragos” y así no podía trabajar. Al otro día, al ver que el muchacho no aparecía, Minerva fue hasta su casa, y se lo encontró sentado en la sala, “compartiendo” (tomando ron) con un hermano y un primo. Ahí mismo la señora se dio media vuelta y decidió buscarse otro electricista.

Durante su recorrido, se encontró con que uno estaba haciendo un trabajo; tres, ya anestesiados de alcohol en las aceras, y otro había salido. La madre de este último le dijo: “El fin de semana él sale a ‘despejar’. Si quiere, me deja su dirección, que él irá el lunes”. Después de tantos intentos infructuosos, Minerva, asombrada, me comentó: “Yo no sabía que en Cuba se tomaba tanto el fin de semana”.

Pero Minerva no es la única. Hace unos meses, Marta, otra vecina, contrató un albañil para que le reparara algunas pequeñas grietas de las paredes. Me dijo que el hombre traía una caneca en el bolsillo, y de vez en vez se daba un trago, y que solo trabajaba medio día. Cuando le ofrecía merienda para tratar de alargarle la jornada, se ponía intranquilo, ansioso, y al final se iba igual. A los cuatro días, le pidió algún dinero (mucho menos de lo que ya había trabajado), y le dejó la obra a medias. Algunas veces lo ha visto tomando con alguno de los borrachos del barrio, y él procura evadirla.

He aquí otro caso: Pocos días después del paso del ciclón Irma, por los medios se dio un ultimátum para sacar la basura producida por el huracán, que sería recogida ese mismo fin de semana. Un vecino sacó varias ramas de aguacate que le tumbaron los vientos. Pero fue pasando el tiempo, y cuando anunciaron que la ciudad estaba saneada y había vuelto a la “normalidad”, comprendió que nadie vendría a recogerlas. Un día, uno de estos borrachos que vende materiales de construcción, le dijo: “Estoy pasma’o, no hay materiales”, y le propuso botarle la basura por una cantidad mínima. Para ello, fue a buscar su carretilla y regresó con tres borrachos más. Mientras trabajaban (con maratónico apuro, desesperados por acabar) comentaban lo que harían con el dinero, que no era otra cosa que comprar ron.

En no pocas ocasiones, estos adictos se comportan agresivamente. Descuidan el aseo de su cuerpo y de sus ropas; prefieren gastar el dinero en alcohol antes que en alimentos. Este azote destruye asimismo a nuestras familias, pues trae aparejada la violencia doméstica contra padres, madres, esposas e hijos. Según manifiestan muchos alcohólicos cuando están sobrios, se trata de individuos que se sienten frustrados, sin opciones, sin incentivos para la vida, y toman el camino de la bebida o de las drogas para enajenarse, pues su (nuestra) realidad les resulta insoportable.

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