Las mil y una historias de las cocinas de inducción

Las mil y una historias de las cocinas de inducción

Aquí se trafica con turnos en la cola y libretas de racionamiento

HOLGUIN, Cuba.- El intenso sol no impide que una multitud se aglomere frente a la entrada del Mercado Artesanal, Industrial y de Servicio (MAIS) “La Marquesita”, donde desde horas tempranas se vende la cocina por inducción y su menaje.

Otro grupo espera enfrente, bajo la sombra, pero con menos posibilidades de comprar el codiciado artículo. La cola, que comenzó el día anterior, está organizada por turnos numerados que la mayoría de los presentes adquirió al precio de cuatro CUC.

“Mi turno se lo compré a unas que son ‘las dueñas’ de las colas. Vienen de tienda en tienda haciendo la lista y después venden los turnos”, dice un señor que está al punto de pasar a comprar el módulo, que incluye una hornilla, cazuela, jarro, sartén con tapa y cafetera, por un precio de 500 pesos cubanos.

Es la primera vez este año que se comercializan las cocinas por inducción en Holguín. La venta se ha realizado en diferentes tiendas MAIS de la ciudad capital.

En la provincia está previsto recibir de forma paulatina 27 000 cocinas, y aunque son 3 200 más que el año pasado, todavía “es una cifra insuficiente ante la demanda”, reconoció en el canal local Telecristal, Rafael Torres Martínez, Director Comercial de Almacenes Universales.

Como requisito para la compra, el cliente tiene que presentar la libreta de racionamiento, donde, en la página de “productos del agro” –que a mitad del año permanece en blanco– el dependiente anota la adquisición de la mercancía.

La medida se aplica para evitar el acaparamiento por la poca oferta, dijo a la televisión Omer González Velázquez, Director Comercial del Grupo Empresarial de Comercio.

La disposición precisa que solo se venderá una cocina por libreta, sin embargo hay libretas de racionamiento donde están incluidas seis personas o más.

Es el caso de Yanet. “Mi madre, que vive con mi padre y mis dos hermanos, ya compró su cocina y mi suegra también. Yo vivo con mi esposo en la casa de mi madre. Estamos  independientes y necesitamos una cocina”, subraya la joven.

Para resolver su problema, Yanet logró obtener una libreta prestada a cambio de uno de los dos turnos que tenía.

Desde la puerta, la administradora de la tienda  anuncia que ya las cocinas se acabaron, “pero por la tarde entrarán más”, aunque desconoce la hora de la llegada. Los que aún no han comprado se movilizan y averiguan en qué número quedó la lista, y alguien responde que en el 84.

Todos están dispuestos a esperar, incluso “pasar toda la noche en la cola si fuese necesario”, afirma un señor que por su condición de jubilado puede darse ese “lujo”.

Entre tantos disgustos por la larga espera, la nota “cómica” la ponen dos amigas que al parecer pensaron salir rápido de la cola. “Nos van a buscar con la policía ahorita… Muchacha, mi marido no sabe que estoy aquí y todavía no le hecho el almuerzo, pero yo no me voy hasta que compre la cocina”, enfatiza.

Una mujer que acaba de llegar pregunta por los turnos y le responden que no se están repartiendo porque no hay cocinas en venta. Aprovechando la situación, saca papel y lápiz de su cartera y comienza a hacer una nueva lista donde se incluye como primera.

Rápidamente vienen otras personas que están alrededor y se anotan con la esperanza de poder alcanzar un módulo de cocina de inducción, en la segunda vuelta de la venta.

Fernando Donate Ochoa

Periodista independiente. Reside en Holguín

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