Compañía El Público estrena ‘Harry Potter: se acabó la magia’

Compañía El Público estrena ‘Harry Potter: se acabó la magia’

A pesar de la censura, el producto final es una obra fascinante

LA HABANA, Cuba.- Desde mediados de 2015 una obra ronda las tablas del Trianón, corporeizándose bajo el concepto de work in progress. “Harry Potter: se acabó la magia”, es la más reciente producción del grupo de teatro “El Público” ―dirigido por Carlos Díaz―, cuya idea inicial partió de un cuestionario realizado a estudiantes de actuación de la Escuela Nacional de Arte (ENA). Con la información obtenida ―dudas, inconformidades, sugerencias, sueños, expectativas― se construyó un texto complejo y polisémico, del que nació la puesta en escena, varias veces reestructurada, hasta el resultado final que se estrenó el pasado fin de semana y se mantendrá en cartelera hasta el próximo domingo.

La riqueza humana del texto matriz devino en una parodia cáustica, sabia y no exenta de candidez, que se apoya en los recursos que identifican el quehacer de Carlos Díaz. El travestismo, la ambigüedad, la hiperbolización, el kitsch y el absurdo sostienen un discurso anclado en la actualidad nacional, con oportunas digresiones hacia momentos álgidos de la historia patria, olvidados en su esencia, reducidos a un epígrafe en un libro lejano de la enseñanza escolar.

Salvo la mención al propio Harry Potter ―metamorfoseado para la ocasión en maga tercermundista―, nada tiene que ver la obra de Carlos Díaz con el best seller de J.K. Rowling. La sorprendente academia de magos, su universo de posibilidades, el sombrero que lee los pensamientos y los admirables profesores son sustituidos por la realidad de la enseñanza cubana, cuya excelencia es cada vez más eclipsada por la decadencia y contaminación perceptibles desde el nivel elemental hasta los altos estudios, en una cotidianidad lo suficientemente trillada como para no admitir trucos.

Esta elocuente parodia ilustra las peripecias de los estudiantes de la ENA, que asumen su formación histriónica sin prever cuánta magia (a lo cubano) deberán hacer hasta el día de su graduación. Y es también el retrato de una nueva juventud que se consume en la espera efervescente y banal, con la irreverencia, el hambre y el parricidio cultural propios de su tiempo. “Harry Potter: se acabó la magia” muestra, como pocas producciones artísticas, las coordenadas de las generaciones que hoy sobreviven en una Isla donde ha dejado de ser importante aquello que hasta hace pocos años era el pan de cada día.

Las alusiones a la “era que pare un corazón”, “La Bayamesa”, o al pensamiento martiano, aparecen en una relación de crisis con respecto a esa reescritura de nuestra historia como nación, que comenzó el 17 de diciembre de 2014, con una nueva promesa de futuro que parece igualmente esquivo. El “monstruo” de antaño ahora es el hastío, la inmovilidad, la canasta básica, la obligación de decidir si irse o quedarse.

Sobre esa única, suprema decisión, parecen girar la existencia y el mañana de esta isla moribunda que ve partir a sus hijos. En el sólido planteamiento estético y formal de la obra transpiran los valores de la nación cubana, sin triunfalismos ni alucinaciones con esa inaprehensible (¿falsa?) victoria. Es un crudo y revelador tratado sobre Cuba, las fuertes contradicciones que gravitan a su alrededor, y el caldo de frustraciones que consumen y laceran, más que cualquier metrópoli, su soberanía.

Un texto de tal dimensión no podría prescindir de un encomiable desempeño actoral, encabezado por César Domínguez, cuyo último monólogo cayó sobre los asistentes como una bofetada, dejándoles  ardiendo el espíritu y la vergüenza.

A pesar de la censura, el work in progress alcanzó a convertirse en este fascinante producto final, que permanecerá en sala hasta el próximo domingo. Después, tal vez, deba pagar el precio de su agudeza. No se puede ser tan honesto impunemente, al menos en Cuba.

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