El transporte a cuentagotas en Mayabeque

El transporte a cuentagotas en Mayabeque

Las terminales de ómnibus de la provincia han limitado entre un 30 y un 50 por ciento sus salidas

Los boteros también disminuyeron sus operaciones debido al acoso de las autoridades (Foto: Osniel Carmona)
Los boteros también disminuyeron sus operaciones debido al acoso de las autoridades (Foto: Osniel Carmona)

MAYABEQUE, Cuba.- Las terminales municipales de ómnibus aplicaron esta semana un nuevo plan de austeridad para los servicios de transportación pública dentro del territorio de Mayabeque y hacia las provincias aledañas.

Según declaró un trabajador de la Empresa Provincial de Transporte Público, bajo el resguardo del anonimato, la medida surge como un efecto dominó resultado de los recortes realizados a la asignación de combustible mensual que reciben las entidades estatales dedicadas a la transportación de personas.

Las trece terminales que prestan servicio en la provincia, dijo, disminuyeron las salidas diarias entre el 30 y el 50 por ciento, priorizando los horarios de aperturas y cierres de línea.

“Hubo un recorte próximo a los 20 mil litros mensuales (de petróleo), creando un déficit perceptible para la planificación (del transporte)”, comunicó.

Amplía que “rutas con tenían cuatro y cinco viajes al día se quedaron en uno o dos”. Las que conectan a la provincia con las vecinas Artemisa, La Habana y Matanzas, “casi pasaron a ser líneas muertas”.

La escasez de transporte afecta a una población de 381 446 habitantes, ubicada mayoritariamente en asentamientos rurales distantes de los enclaves donde funcionan los servicios más necesarios. En numerosas localidades las personas pasan horas esperando un ómnibus.

Una de las rutas modificadas es la que enlaza al municipio Batabanó con la capital, beneficiando en el recorrido a varias comunidades de los municipios San José de las Lajas y Bejucal.

Según refieren residentes de los poblados atravesados por dicha ruta, en los últimos quince días la frecuencia fue limitada de cinco a dos viajes por jornada, con el primer horario de salida a las cinco de la madrugada y el siguiente a las nueve de la noche.

Según Heidi Almanza Ramos, una embarazada vecina del poblado La Ceiba, “de que pasa una guagua a que pasa la otra transcurren más de doce horas. Para asistir al trabajo o a las consultas de embarazadas es una complicación. Para colmos les abrieron fuego a los boteros y ya no pasan con regularidad. Parece que retrocedimos a la década de los noventa, a pleno período especial”.

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