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Jueves, 30 de marzo 2017

Faro Vargas, orgullo de Cabo Cruz

Noche tras noche, su luz ilumina el mar, guiando las embarcaciones que lo surcan

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Su majestuoso porte domina todo el poblado (foto del autor)

Su majestuoso porte domina todo el poblado (foto del autor)

BAYAMO, Cuba.- El Faro Vargas se alza majestuoso en el Cabo de la Santa Cruz como una columna pétrea, semejante a un obelisco. Noche tras noche, su luz ilumina el mar, guiando las embarcaciones que lo surcan y la travesía de los pescadores locales, que a su amparo determinan la ruta de pesca y retorno a sus hogares.

La construcción del Faro Vargas, ubicado en el municipio granmense de Niquero, se inicia en la antigua provincia de Oriente, en las propiedades de Don Francisco de Céspedes y Luque, quien ostentaba los títulos de Caballero de la Real Orden de Isabel la Católica y Comandante de las Milicias Blancas de Cuba y Bayamo, quien las donó gratuitamente para la construcción de la torre y la casa del Torrero.

Fue y es objetivo del faro guiar la navegación marítima por ser este cabo de constante tráfico y zona vulnerable a accidentes por las barreras de arrecifes coralinos que bordean la costa.

Las labores preparativas de su construcción se remontan a 1830, no siendo hasta enero de 1859 cuando se inician los trabajos constructivos bajo la dirección del cuerpo de ingenieros civiles de obras públicas. Edificado en su totalidad por esclavos y canteros procedentes del Faro Concha, en Punta de Maisí y con elementos del lugar, en los que se destaca la cal, la piedra caliza, la arcilla y el plomo fundido; a escasos metros se estableció una cantera para extraer la piedra y hacer los bloques que conforman su estructura. Aún se pueden ver recortes y marcas de orificios en las piedras que forman el paredón de la antigua cantera.

En el número 27 del Periódico de la época El Redactor, se publicó el 1 de febrero de 1859: “Inauguración. Ayer decidió colocarse en Cabo Cruz la primera piedra de los cimientos del faro cuyo nombre será el de nuestro digno y benemérito y excelentísimo señor Comandante General Brigadier Carlos de Vargas Machuca y Cerveto, Gobernador del departamento Oriental de la isla (1855-1860).”

Su cupula metalica deja espacio a un mirador circular (foto del autor)

Su cupula metalica deja espacio a un mirador circular (foto del autor)

A finales de 1861 el faro comienza a dar luz provisional, a mediados de 1862 se detienen sus labores por no existir fondos, para reiniciarse en 1866 teniendo que ser reparados primeramente los daños del deterioro y continuar la construcción de la torre y la casa del Torrero, a finales de 1868 se interrumpen nuevamente los trabajos, temiendo un ataque de las fuerzas insurrectas. Breve tiempo después se reinician hasta su terminación el 5 de mayo de 1871.

Entre las figuras relevantes que intervinieron en el proceso de construcción, podemos citar a Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo, sobrino del propietario de las tierras y según informaba el periódico El Redactor, fechado el 9 de agosto de 1859, Carlos Manuel de Céspedes había sido designado Vocal Contador de la obra y Secretario de la Junta de Fomento en Manzanillo.

Otra figura implicada fue Juan Cristóbal Nápoles Fajardo (El Cucalambé) quien se desempeñaba como pagador y a quien la comunicación oficial, número 139 del 23 de noviembre de 1861, dice: “Al pagador del ramo de obras públicas de esta plaza (Santiago de Cuba) le informo que en el vapor Español El Habanero se envían 3098 devengados en el mes de octubre por los empleados y operarios de obras.” Este dinero fue recibido por el encargado de la obra y en la travesía hacia Cabo cruz a finales del mismo mes, el poeta dejó el enigma de su desaparición.

La base del faro tiene cuatro metros de altura y forma de rombo octogonal, el resto de su construcción de 31,81 metros de altura es de forma circular, ligeramente cónica a medida que sube, cuenta de una entrada y una escalera interior en forma de caracol, con 155 escalones y pasamanos de ébano negro importado de Galicia, España y posee 6 descansos intermedios con ventanillas que permiten la vista al mar desde cualquier ángulo.

La cúpula es una celda circular metálica de techo cónico con pararrayos externo, rodeada de un pasillo exterior protegido en forma de mirador que permite caminar alrededor de la torre, tiene ventanillas continuas de cristal que permiten hacer visible los 4 haces de luz que proyecta el foco giratorio, alumbrado por faroles netamente coloniales. Su movimiento es accionado por un mecanismo de relojería, al que hay que darle cuerda diariamente y cuenta con una planta auxiliar por si falla el suministro eléctrico.

Atardecer en Cabo Cruz (foto del autor)

Atardecer en Cabo Cruz (foto del autor)

Su luz de largo alcance, distinguible hasta las 19 millas náuticas, solo fue interrumpida en julio de 2005, por el impacto del huracán Dennis, quien lo mantuvo apagado 1 año, mientras sus cristales fueran importados de España, lugar donde fueron construidos originalmente. Un pequeño farito auxiliar externo al costado de la cúpula, lo suplantó alumbrando durante ese tiempo.

La casona adjunta del torrero separa el faro del mar, ambas fueron construidas con elementos similares e iniciadas y terminadas el mismo día. Tiene forma rectangular y está techada con tejas de barro cocido, deja espacio amplio a un patio interior, con aljibe para almacenar agua lluvia, los muros son fuertes y las columnas redondas, rectas y sin armonización de dibujos o alegorías, grandes portales y terrazas protegen sus enormes puertas y ventanas, con barrotes sin adornos y piso adoquinado que le dan un toque de pura colonialidad. Las habitaciones espaciosas y cuadradas no muestran ningún tipo de cuadros o pinturas que armonicen con los grandes mecedores o salones, estando presentes la cal y la piedra repellada en todas las partes de la vivienda.

Sus jardines lucen plantas de trópico local que lucen escasas flores, pero decorado con palmeras de jardín y helechos en las terrazas y en los corredores.

Aunque en la época de su construcción, en la zona no existían familias adineradas, las personas poco a poco se asentaron a los alrededores del faro, dando paso a la hoy floreciente comunidad de pescadores del Cabo de la Santa Cruz, único nombre en la toponimia costera puesto por el almirante Cristóbal Colón, que aún se conserva.

Esta construcción, devenida identidad para los pobladores de la comunidad pesquera, ha estado presente en todas sus actividades, guiando con su luz todas las vidas del poblado, acompañando los pescadores en sus pesquerías y encaminando las embarcaciones que surcan los mares cercanos. Se conserva tal y como fue construida y ostenta la condición de patrimonio Nacional.

Fuentes consultadas: Archivo histórico provincial de Stgo de Cuba (1858), Periódico El Redactor (febrero de 1859), revista de la Biblioteca Nacional José Martí (1918) y revista Bohemia (1991).

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