El cubano que encarnó a Trujillo

El cubano que encarnó a Trujillo

La Cinemateca de Cuba ha mostrado un ciclo fílmico en homenaje al actor Tomás Milián. Encomiable paso este, a favor de la cultura de la Isla

Tomas Milián 2LA HABANA, Cuba. -Hay muchos actores de cine cubanos que han hecho, y siguen haciendo, su carrera artística por el mundo, incluso en Hollywood. Unos con más suerte y talento que otros. Algunos son conocidos en su país de origen, incluso si no le son agradables al régimen y no se exhiben oficialmente sus películas. Otros son casi desconocidos, sobre todo si la mayor parte de su vida y de su carrera ha transcurrido fuera de Cuba.

Este es el caso del actor Tomás Milián, sobre quien, con toda justicia, la Cinemateca de Cuba acaba de mostrar una selección de veinticuatro filmes, algunos de ellos en condición de estreno. La noche brava, El bello Antonio, Boccaccio ‘70, Mar loco, Los indiferentes, La agonía y el éxtasis, Bandidos en Milán, Los cuatro del Apocalipsis, La luna, Venganza, Havana, Monseñor, JFK, Amistad, Traffic y La fiesta del Chivo están entre las películas en que aparece Milián.

Algunas de ellas, como Havana, JFK, Amistad o Traffic son bastante conocidas por el público, pero de todas maneras muy pocos sabían que en estos filmes trabajaba un notable actor cubano. De ahí lo acertado de este ciclo que, para resumir las dotes actorales de Milián, concluyó con la proyección de La fiesta del Chivo, donde encarna de manera impresionante al dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo.

Con una larga trayectoria en la cinematografía de Italia y de Estados Unidos, Tomás Milián nació en La Habana, en 1932, con el nombre de Tomás Quintín Rodríguez, y descubrió su vocación cuando vio a James Dean en el filme de 1955 Al este del paraíso. Persiguiendo su sueño, se fue a Estados Unidos, logró ser admitido en el célebre Actor’s Studio y pronto trabajó en algunas piezas en los escenarios de Broadway.

Haciendo teatro en Italia, le llegó la oportunidad de actuar en el filme La noche brava, de 1959, y así inició su extensa y exitosa carrera como actor de cine en Italia, donde trabajó con realizadores tan destacados como Luchino Visconti, Michelangelo Antonioni y Bernardo Bertolucci, incursionando en los géneros cinematográficos más variados y consolidándose como popular intérprete de western-spaghettis.

A finales de los 80, Milián regresó a Estados Unidos y participó en filmes como Venganza (1989), Havana (1990) —el crítico de cine Roger Ebert elogió su labor como actor secundario— y JFK (1991). Ya en la década de los 90, actuaría en muchas series de TV y colaboraría con Steven Spielberg en Amistad, entre varias películas, hasta que interpretó a uno de los más memorables personajes de su carrera, el militar mexicano corrupto de Traffic (2000).

En 2005, encabezó, junto a Isabella Rossellini, el elenco de La fiesta del Chivo, una coproducción entre España, República Dominicana y Reino Unido, dirigida por Luis Llosa y basada en la novela homónima de Mario Vargas Llosa, que cuenta el regreso de Urania Cabral (interpretado por la Rossellini) a su Santo Domingo natal, luego de una ausencia de décadas, portando un secreto terrible, al tiempo que asistimos al último día en la vida de Trujillo y a los preparativos que hace un grupo de conjurados para ajusticiar al siniestro dictador.

La fiesta del Chivo es una extraordinaria contribución de Mario Vargas Llosa a ese subgénero típicamente latinoamericano, la novela del dictador, que explora el endémico mal del caudillismo, con tan triste papel en la historia de nuestros países. La película, bastante fiel al libro, habla de un mundo que no es desconocido para los cubanos, que vivimos en el último feudo comunista de este lado del mundo. Haber simpatizado, primero, con la revolución cubana de Fidel Castro y, después, al conocerla de cerca, haberse convertido en uno de sus principales críticos, seguramente le sirvió mucho a Vargas Llosa para escribir esta novela, además de que ya le había servido para alejarse definitivamente de la utopía socialista. tomas milian 1

Aunque hay grandes diferencias entre Trujillo y Castro, ambos tienen muchos de los oscuros atributos que han lucido siempre los caudillos de Nuestra América. Tejiendo con esmero el personaje dominicano, Vargas Llosa debe haberse acordado con frecuencia del “Benefactor” cubano por las cualidades que los hermanaban: el rencor eterno y sin atenuante por cualquier mínima cosa que alguien hiciera contra ellos; el sentimiento de amor-odio hacia los norteamericanos; la obsesión por el uniforme militar y el mundo cuartelario; la penetración psicológica para conocer rápidamente a las personas, sobre todo sus debilidades; el aferramiento al poder, que juran no abandonar en vida; el desprecio profundo por el país de malagradecidos, inútiles, cobardes y traidores, que les ha tocado en suerte salvar del caos y la inmoralidad; la celebración de aniversarios en la “nueva era” que su persona abrió de modo casi sobrenatural en la historia del país, que antes de ellos no era más que un pudridero infame y terrible, y que ahora, gracias a su genial grandeza, era una nación de verdad.

Lo que más los identificaba, sin embargo, es el desmedido poder corruptor que se extendía desde ellos en derredor, hacia todo lo que estuviera cerca, hacia todo lo que tocaran con su megalomanía de demonios secundarios. Un aura lúgubre extendiéndose incluso hasta el futuro.

Que Tomás Milián fuese cubano debe haberle dado algún tipo de ventaja, aun mínima, a la hora de estudiar el abordaje como actor de un personaje tan abyecto y de tan tenebrosa memoria como fue Rafael Leónidas Trujillo, pues sabía bien lo que otro caudillo, actual y de larga dictadura, estaba haciendo con la Cuba en que naciera él.

Pero, incluso si no hubiera protagonizado este inquietante filme sobre la más recurrente enfermedad latinoamericana, de todos modos Tomás Milián seguiría siendo un gran actor, un gran veterano de toda variante del quehacer actoral. Por solo una parte de su carrera —haber sido una de las figuras fundamentales de la pantalla italiana durante varias décadas—, es que lo han homenajeado recientemente en el IX Festival Internacional de Cine de Roma, donde le fue entregado el importante Premio Marco Aurelio.

Encomiable paso este, a favor de la cultura cubana, dado por la Cinemateca de Cuba.

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