Del papel periódico al papel moneda… y al papel sanitario

Del papel periódico al papel moneda… y al papel sanitario

Transparencias mal repartidas

Periódicos cubanos (Foto: Pedro M. González)

VILLA CLARA, Cuba.- De todos es conocidísimo el papel que juega el papel en la isla bufa. Es también la alegría ―o alergia― de “burrócratas” carentes de albo sostén para sus cuños.

Como al billete (dúplex) circulante que la gente suele apodar para vengarse, y que a menudo resulta “deshecho en menudos pedazos”, el escatológico “limpiador” homologa al sucedáneo y a la muy fina ausencia de claridad en las planas reimpresas.

¿Quién le habría dicho a Santiago Álvarez Román que su documental BrasCuba (1987) sobre la imbricación latinoamericana de fuerzas culturales afines y corrientes colaborativas en la promisoria industria papelera derivada de la caña de azúcar que abastecería la firma homónima diseminadora del pernicioso tabaco, tendría un revés (y un envés traspapelado) treinta años después?

¿Quién adelantaría en 1961 a los compañeros buscavidas de Pulpa Cuba S.A. en Sancti Spíritus que ni el fantasma visitador del Che Guevara los salvaría de caer en el descrédito?

Hasta la puesta en marcha del Combinado de Papeles Blancos de Jatibonico en el 85, la fábrica financiada por Fulgencio Batista y adscrita al central “Trinidad” era la única del país que producía un honroso bond-níveo.

Lo mejorcito de esta insólita amnistía ecológica es que el medio-ambiente haya respirado a intervalos menos detritus quemado del costoso y retrasado proceso industrial que emponzoña megatoneladas cúbicas de aire, agua y tierra.

No es nuevo asunto el de las desapariciones de productos de especial necesidad en la Cuba que transcurre a contracorriente de azarosas explicaciones. Por lo demás, hasta alguna competencia desleal se ha establecido entre los países del ALBA en ese renglón que asemeja puja vanguardista para desproveer a nuestros urgidos pueblos, habituados ya al vaivén del momento perpetuado/perpetrado, que van y vuelven del váter al comedor haciendo muecas.

Recientemente el argumento de Venezuela, importando con premura de diarrea crónica kilómetros cuadrados de celulosa de otros países para literalmente limpiarse ―a imagen y semejanza―, derivó en que procesadoras y estantes comerciales le convirtieran en unos de los exricos con recursos naturales menos aseados del planeta.

Eventos similares suceden en la Cuba de policías “auxiliando” colas e imponiendo multas a quienes hayan roto “el orden público” ―en el único sitio donde se puede esperar que aparezca el histórico faltante en baños dañados o excusados esmirriados― demuestran la falta de previsión y de dineros en nuestros ufanos guías: compradores, fabricantes y distribuidores, pues pueden verse pálidas denuncias en los canales de YouTube o Facebook, hasta que esos mismos garantes terminan utilizados para procesos de búsqueda y captura, parecidos a los del atraco común o el sálvese quien pueda que originó el paso del Irma por la capital, y que revelan ―en videos de gente diligente de reconocimiento mediático inmediato― los rostros identificables de los asaltantes.

Nadie ha visto en esos sitios una fajazón de dantescas proporciones dada en un estanquillo de periódicos, pero las habrá mientras falte aquél y algún despistado las asocie a la avidez (des)informativa.

Con el inminente fin de la industria azucarera nacional (caída en desgracia por la precipitada depreciación de la zafra), la papelera mayor que elaboraba con toneladas de fibra de bagazo el papel más paupérrimo y quebradizo del universo, no ha podido rellenar los almacenes de esa “firma” (Universo) con repuestos para suplir a la demanda popular.

La humedad del clima tampoco ayuda a preservar lo fabricado, pues la textura del producto es tan endeble que con solo oler aire de lluvia los rollos higiénicos se desarman a velocidad sideral, para estar a la altura de tan estelar megadistribuidora.

Pero existe una notable distinción porque no pasa así con las bobinas protegidas con destino a los poligráficos. A diferencia de la tricromía insostenible de los periódicos matrices, el papel sanitario tiene un color de arena mal lavada, cual sutil vestigio de venirle tierra adentro. Presumo que por falta de blanqueadores y el exceso de turismo.

Y el destinado a la ¿secreta? impresión de los avaluados cucos, a ese hay que importarlo porque importa, y mucho. Aunque cada vez que un billetico de 50 o 100 hayas de cambiar, acabes inscrito en el registro nacional de posibles transgresores. ¿Que cómo burlaron el sacro papel? Misterio.

Ni los cien(o noventa y nueve) tíficos de Quivicán en Mayabeque, pioneros en la investigación del futuro del bagazo en el (des)concierto patrio, se atreven a sugerir un sustituto que no sea continuar trayendo materias primas y productos terminados menos criticables del exterior, mientras ellos “luchan” por buscar(se) alternativas.

Igual a los diarios multiplicados al hollín que están priorizados en el renglón “insumo nacional” por el aparataje ideológico y que se gastan la mayor parte de aquel esfuerzo en raso vuelo politoide ―que incluye “lo artístico, deportivo y cultural” cuales bastiones ad hoc―, propondremos remojar previamente en cada casa/cuadra/comité las pacas invendibles de impresos con noticias y ditirambos “inleíbles”, desliéndole la tinta con sustrato pro escatológico en lejía de cloro para reciclarles, descontaminando lo más trasero de nuestros cuerpos con el veneno del invento más lo extra-contenido.

Constituirá victoria (rotunda) del pueblo desnalgado ―que ya ni lee pero sí trafica jugándoselas todas―, y contundente propuesta de convertirle en articulito para los anuales Talleres de Innovación y Racionalización.

Pedro Manuel González Reinoso

(Caibarién, Las Villas, Cuba) Actor, escritor y activista social.

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