Carboneros: “Tanto matarse, para nada”

Carboneros: “Tanto matarse, para nada”

“Cielo arriba y marabú abajo”, así describe su trabajo este cortador

Luis Alberto, el carbonero (Foto: Reinaldo Cosano)
Luis Alberto, el carbonero, pese a las adversidades no deja de sonreír para esta instantánea (Foto: Reinaldo Cosano)

LA HABANA, Cuba.- “El trabajo que realizo como hachero y carbonero no se paga con nada, es brutal, quizás el peor de cuantas labores hay en la agricultura. Producimos decenas de miles de sacos de carbón vegetal con gran demanda en el exterior, que el gobierno exporta y vende con buenas ganancias, pero al hachero-carbonero no nos llegan ni astillas del carbón”.

Así comenta Luis Alberto, de 52 años, residente en el pueblo Horquita, zona entre Cienfuegos y Ciénaga de Zapata, al hacer recuento de su vida  laboral.

“Vivimos casi siempre alejados de la familia, yo pocas veces visito a mi mamá e hija en Bajurayabo, Guanabo”, refiere.

Sin embargo, lo que ocurre con él “pasa con miles de hacheros en la isla. Apenas tenemos buenas condiciones de vida, formamos brigadas de hombres en albergues colectivos, en intrincados montes que donde quiera que mires solo ves cielo arriba y marabú abajo, tan espinoso que también se conoce como ‘espina del diablo’”.

“Derribar a hachazos troncos de marabú de casi medio siglo, tan duro que parece  hierro, abrirse paso a hachazos porque el machete no aguanta, por muy afilado que esté —pierde el filo al momento al chocar contra los troncos—. Después trozar y apilar la leña, levantar los hornos para convertirla en carbón, cuidar del horno días y noches, bajo sol o luna, para que arda parejo pero sin llamas y que no se vuele por entrada de aire por algún hueco. Se recubre con paja y tierra, pero con tanta sequía es difícil conseguir yerba y mezclamos tierra, agua y paja, para con esa masa recubrir el horno y para que el viento no se lleve la tierra. Hecho el carbón, apagar brasas ardiendo, dejar que enfríe y llenar los sacos para ser exportados”. Casi nada.

Agrega Luis que “la norma es de mil kilos de carbón envasado y pesado, unos 54 sacos medianos por los que el gobierno paga entre 500 a 600 pesos (hasta unos 25 USD) mensuales, que no alcanzan para nada. La comida no es buena, ni balanceada. El agua para beber y demás usos, tenemos que cogerla de un pozo abandonado hace más de medio siglo sin que lo hayan vuelto a limpiar, con agua de dudosa calidad, sin ningún tratamiento sanitario”.

El carbón de marabú se destina sobre todo a Europa, donde lo emplean en la cocción de asados y otros alimentos porque arde suave, parejo, no ahúma e impregna de exquisito olor y sabor a los alimentos. En Cuba,  por las mismas razones hay restaurantes de particulares que usan carbón de marabú. En gran cantidad de hogares campesinos utilizan leña de marabú como único combustible para cocinar.

cosanoalen@yahoo.com

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