Aves de fantasía, un negocio que vuela alto

Aves de fantasía, un negocio que vuela alto

El Estado se lleva cerca del 90% de las ganancias de criadores privados

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VILLA CLARA, Cuba.- El 20 de septiembre de 2013, enmarcado en los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido Comunista de Cuba, que rige la política inaugurada por el Raulismo, se creó la Cooperativa Ornitológica de Cuba Importadora y Exportadora (COCIE), con sede en La Habana y vinculada a la Asociación Nacional Ornitológica. En lo adelante la entidad se encargaría de vender, en el mercado mundial, las aves de fantasía u ornamentales que se crían en el país.

Aunque en sus estatutos queda contemplado el carácter autónomo de la COCIE, en realidad es un instrumento estatal cuya función primordial es servir como intermediaria entre el gobierno cubano y las 16 Cooperativas No Agrícolas (CNA) Ornitológicas, fundadas en cada provincia del país, siendo la única entidad con capacidad legal para exportar aves, lo que obliga a sus pares provinciales a venderle los pájaros que crían y aceptar sin reparo los precios que establezca.

Nace un gran negocio

Según el artículo aparecido en el diario Juventud Rebelde, en noviembre de 2006 titulado: “Garantiza Cuba reproducción de aves en cautiverio”, “en el país existe más de 30 especies de aves en cautiverio. La mayoría son de la familia de los paseriformes (donde se incluyen los canarios), así como de las sitácidas (cotorras, periquitos) o de las columbiformes (palomas)”.

Entre las especies más cotizadas fuera del país se encuentran los periquitos australianos, periquitos ingleses, agaponis, nifas o cacatillos, siendo México el mayor mercado.

Para tener una idea de cuán lucrativa es esta empresa, podría recordarse que en el 2003 la Cooperativa No Agropecuaria de Ornitología de Artemisa, la mayor del país, logró ventas en el extranjero por un valor de 700 mil dólares. En el 2004 exportó hacia México, Corea del Norte, Guatemala, Canadá, Venezuela, Honduras y Panamá, entre otros países, unos 1 300 pájaros.

Ya desde entonces se preveía que la actividad tendría un desarrollo vertiginoso, pues directivos de la cooperativa señalaban a medios de prensa nacionales, que en breve sobrepasarían el millón de dólares recaudados por concepto de venta.

Ley del embudo

El hecho de que sea el Estado quien controle la venta de las aves en el exterior repercute negativamente en quienes hacen el mayor aporte, los criadores. Durante el 2004 la CNA Ornitológica de Artemisa sólo recibió 78 mil dólares de los 700 mil recaudados a partir de las ventas de las aves, lo que significa algo más del 10%.

Según dijera a la agencia AIN el criador de canarios de color Lázaro Fiallo, de Güira de Melena, quien es miembro de la Asociación Ornitológica de Cuba desde 2002, un cacatillo blanco es comprado por la COCIE en 9,00 CUC, uno mutado en 7,90 y el gris en 5,60; en cambio, los canarios son vendidos a 17 CUC.

A río revuelto…

Sin embargo, los criadores no tienen certeza del precio final al que se venden sus aves en el extranjero, pues la COCIE no se toma el trabajo de informárselo. Lo poco que conocen lo deben a comentarios surgidos de otros criadores.

Según el villaclareño Ernesto Bazos Bruné, por un canario, la cooperativa a la que está afiliado paga entre 4 y 6 CUC, cuando se venden en el exterior a 50 dólares. De confirmarse, lo que pagan a Ernesto Bazos constituiría el 10% de su valor real en el mercado internacional.

Otro de los aspectos a significar es que, al ser preguntados los criadores Emérito Ibalgollin Ortega y Frank Rodríguez Denis sobre los precios de las aves, las respuestas no fueron coincidentes. Para el criador Cienfueguero Roberto Mas González esto muestra la posibilidad de que las cooperativas no estén utilizando una tarifa universal por especie, dejando que sea el comprador quien arbitrariamente fije los precios.

Con los dineros recaudados los criadores deben comprar a la cooperativa a la que están afiliados el alimento de las aves, las jaulas, los bebederos y hasta el producto químico empleado para dar coloración a las plumas de los pájaros; lo que les deja, al final, un estrecho margen de ganancia que desestimula el empeño por mantener la actividad.

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