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Lentejuelas en la manigua

Víctor Manuel Domínguez, Sindical Press

LA HABANA, Cuba, marzo (www.cubanet.org) - Si una tarde de sábado un antropólogo farandulero  aparece en el programa de televisión 23 y G, con la noticia de que descubrió en un asentamiento taíno un borroso cartel que anuncia las noches del cabaret El arcabuz de Pánfilo, no lo ponga en duda.

Quién sabe si hasta muestra en pantalla restos de un biquini confeccionado con hojas de yagruma, y unas zapatillas de yarey tejido que permitían a las bailarinas moverse al compás de un areito. Nada es imposible en una televisión donde la banalidad, el oportunismo y la patriotería se alternan en el programa estelar.

Si digo esto es porque la semana pasada pasé la vista sin querer por el programa 23 y G, y faltó poco para que muriera de vergüenza ajena. Allí, emperifolladas, con la mirada perdida en el ojo rojizo de una cámara por las que de seguro miraban el pasaporte, dos cantantes hablaban sobre a quiénes debían la sobrevida, es decir, su carrera artística.

De ingenuo y animal que choca dos veces con la misma piedra, comencé a barajar nombres como María Teresa Vera, Celia Cruz, Celeste Mendoza, La Lupe, Omara Portuondo, Elena Burque y otras que, aunque no tuvieran puntos de contacto con las artistas de marras, prestigiaron el arte de la canción en Cuba. Sin embargo, y como para morirse, Osdalgia Lesmes aseguró (sin morderse la lengua) que su carrera fue influida por Mariana Grajales.

Hay que vivir en Cuba para comprender por qué los cubanos estamos a prueba de infartos y de cárcel. Que yo sepa, la madre de los maceos, aparte de su dignidad y heroísmo, nunca cantó ni una espinela.

Pero la tapa al pomo del histrionismo la puso Lourdes Libertad cuando expresó perdida en el asiento: “Estoy de acuerdo con Osdalgia; aunque en mí se fundieron además Lidia y Clodomira” (heroínas de la revolución).

¡Eso si fue el acabose! Un apaga y vámonos televisual que pone los pelos de punta a un calvo. Un asalto irrespetuoso al descansa en paz que merecen los mártires.

Es increíble que ambas artistas no eligieran el silencio como respuesta antes de recurrir a empatías con héroes que sólo recuerdan en público, pues en privado a lo mejor saborean la vida y obra de Olga Guillot, Madonna, Gloria Estefan, Jennifer López y otras cantantes que pueden haberlas marcado siquiera en el modelo de los zapatos, el corte de la ropa y la marca de los cosméticos.

En un país donde decir una verdad ajena a la oficial, o callarse, puede traer contratiempos, no dudo que un espanta gallos como Paulito FG  se salga con que debe su carrera artística, en lugar de a Pello el Afrokán, a Manuel Sanguily.

Y mucho más ahora, cuando la televisión cubana alumbra de lentejuelas la manigua.