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2 de febrero de 2009
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¿Torturas en Cuba?

Moisés Leonardo Rodríguez

LA HABANA, Cuba, febrero (www.cubanet.org) - Una constante en el discurso de los dirigentes es que en los cincuenta años de revolución no ha habido en el país ni un solo caso de tortura.

En realidad, en los últimos cincuenta años, los métodos de tortura practicados durante la dictadura de Fulgencio Batista fueron sustituidos por otros más sofisticados. O simplemente se destruye a los pocos que se rebelan y se amedrenta hasta la parálisis a miles de inconformes.

Ya no se sacan uñas, ni se aplica electricidad en los testículos, aunque se mantienen las golpizas a los detenidos. Al igual que los métodos represivos, también los conceptos han evolucionado. Actualmente el término tortura está definido por la Convención contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanas o degradantes, adoptada por la Asamblea General de Naciones Unidas en su resolución 39/46 del 10 de diciembre de 1948, que entró en vigor el 26 de junio de 1987 y de la cual el gobierno cubano es firmante.

En el artículo 1 de dicha Convención se precisa que: “Se entenderá por el término tortura todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia.”

De acuerdo a esta definición, claros ejemplos de torturas practicadas en Cuba en los últimos cincuenta años son los tristemente celebres mítines de repudio.

¿Cómo si no, catalogar los mítines llevados a cabo en el año 1980 por turbas da fanáticos instigados la Seguridad del Estado contra personas que sólo deseaban abandonar el país? Derecho reconocido en el artículo 13, punto 2 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (ONU, 1948).

¿Cómo catalogar los centenares de mítines de repudio efectuados contra defensores de los derechos humanos y sus familiares? Las acciones realizadas por estos opositores pacíficos están legitimadas por la Declaración sobre el derecho y el deber de los individuos, los grupos y las instituciones de promover y proteger los derechos humanos y las libertades fundamentales universalmente reconocidos, aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas en su resolución 53/144?

¿No están estos actos, como se contempla en la definición, basados en la discriminación hacia los de pensamiento discordante y acciones independientes de la oficialidad?

¿No han estado presentes en todos ellos – dirigiendo, participando, o al menos observando pasivamente- funcionarios públicos y otras personas en el ejercicio de sus funciones como es el caso de policías y agentes de la policía política, así como militantes comunistas y dirigentes de diversos organismos oficiales?

Siendo el gobierno cubano miembro del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, sus representantes deben actuar y hablar de acuerdo con las normas internacionales de estos derechos, sin desestimar u omitir a conveniencia aspectos medulares de ellas.

 No se debe confundir a la opinión pública nacional y la internacional con puntos de vista personales, ajenos a las normas. Al menos eso se espera de quienes han firmado recientemente los pactos internacionales de derechos civiles y políticos, y el de económicos, sociales y culturales.

Una vez más se comprueba que el discurso oficial anda por un lado y la vida nacional por otro. Reconocer un problema es el primer paso para solucionarlo. El de los derechos y las libertades políticas y civiles en Cuba, obviamente no es la prioridad de nuestro gobierno, a pesar de los compromisos contraídos con la firma de los pactos antes referidos.

Bien dijo José Martí: “Por los términos confundidos se confunden los hombres”. Aunque en este  asunto, no todos.

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