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Miércoles, 26 de julio 2017

¿A quién(es) responzabilizar por la desgracia ocurrida en El Comercio?

Los allegados de las víctimas no entienden cómo es que no existía supervisión profesional en el área

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oneladas de escombros cayeron sobre los cuerpos de los trabajadores fallecidos (foto Vanguardia)

CAIBARIÉN, Cuba.- Luego de conocida y divulgada la noticia de muertos y heridos en el derrumbe del Hotel que se pretende reconstruir por el MINTUR, en voz morosa de la prensa nacional —y la foránea, a grito limpio—, la población de la localidad así como los familiares de lesionados oriundos de otras zonas, no cesan de hacerse esta punzante pregunta sobre la que esperan acusar respuesta un día.

Los allegados de los dos fallecidos hasta ayer y lesionados graves para los que se reserva pobre pronóstico de sobrevida, no entienden cómo es que no existía supervisión profesional en el área, exhaustiva o de formal seguridad sobre los delicados trabajos dentro de la ruina donde trasegaban hijos y parientes, ninguno con contrato legal a tiempo determinado –sino acuerdo verbal como cooperativistas/particulares con el nuevo capitalista/asociado cubano—, ni en arreglo-vinculante con el referido ministerio.

En mayo pasado, la máxima autoridad del ramo anunció la reparación de un grupo de instalaciones hoteleras abandonadas que serían operadas bajo el suntuoso sello “Encanto” y estarían dedicadas a la modalidad del turismo cultural en la provincia-centro de Cuba, entre ellas, el otrora esplendente y “comercial” hotel caibarienense.

Con la intercesión del Poder Popular de cada municipio donde se erguirán los ocho previstos para la Feria Internacional del Turismo que en 2018 tendrá lugar aquí, se propaló hace un mes la reinserción de jóvenes desempleados como fuerza de trabajo bruta con la que retirar multitud de escombros y vegetación de esos sitios. Queda por ver —aunque se sobreentienda que la Constructora Militar del Grupo Gaviota S. A o ALMEST aportarán mano de obra calificada— a cuál inversionista extranjero le serán otorgadas las primacías y las fuerzas. Porque los constructores cubanos en este tipo de maniobra cementosa acostumbran meter la pata hasta el fondo, cuando no la mano.

Durante la visita del Ministro Manuel Marrero al territorio para observar in situ la majestuosidad perdida en las vetustas (de)construcciones [El Hotel Comercio (1918), el Cine-Teatro Cervantes (1925) y la antigua Colonia Española (1900), mas la enyerbada cancha de voleibol que devendrá traslúcida piscina junto al edificio correspondiente al ex Sectorial de Educación], se propuso dedicar los pisos superiores de todas ellas exclusivamente al hospedaje —¿“Síndrome del Nuevo Pro Riquismo Nacional”, tildaríamos a estos anhelos primermundistas de los que ya existen en el país disímiles proyectos emprendidos?— mas los bajos serían reservados a finas galerías mercantiles.

Para continuar con el controversial ejemplo al que se aspira: la Manzana de Gómez habanera (hoy retitulada como “de Kempinski”) que tuvo a su haber —y vigilancia— el concurso de la firma franca Bouygues Bâtiment S.A. la cual arrastró —terminada la capitalina encomienda— hasta nuestro cayerío circundante a sus hindúes disciplinados e imposibilitados de delinquir, pues si lo hicieran —y no quepa duda de que lo harán—, nunca será al nivel de un cubano mal pagado.

Que los nacionales —en condiciones de cooperativas arrendadas por el estado— devengaran cerca de 100 dólares mensuales (unos 2250 pesos) incomparables con los 1500 USD que se les entrega a los extraños, tampoco significa ignorar ese menosprecio cual maraña de adalid reclutador por faltarles a los naturales alternativas de empleo.

De algún predecible modo, si la francesa BB hubiese estado supervisando estas remodelaciones como ciertos irresponsables debieran (porque desde principios de esta década mantiene a profesionales extranjeros y complementarios competitivos donde no han ocurrido grandes accidentes por elementales razones) y no haberlas dejado a inexpertos, difícilmente hoy enterraríamos estos muertos, y nada asumiría el estado debido a hospitalizaciones evitables.

La transnacional fundada en 1952 por Francis Bouygues cuenta con casi 150 mil empleados en más de 80 países, lleva varios lustros en Cuba invirtiendo y conviniendo construcciones para la industria verde-olivada del turismo, pero tales obras han estado precedidas por un serio trabajo de reconocimiento arquitectónico cuando no han sido del todo nuevas. No por gusto sus ganancias mundiales sobrepasan los 30 billones de euros anuales.

Que lleguemos a ostentar mañana nuestra particular “media manzana” (sin apellidos todavía) en un pueblo desvencijado/pulverizado escrupulosamente por la desidia estatal adjuntos los elementos naturales, cuyo comercio legendario en pos del progreso económico dependió del mar hasta que le cerraron el puerto, podrá parecernos nueva utopía. Ya antes hablé de este (des)propósito —loable hasta donde fuera creíble— en algunas alucinaciones localmente intensas. Si para fines cambiarios disfrazados de ecologismo redujeron hasta la prohibición —además— a la pesca del minutero de orilla que solía sobrevivir con ella, ¿cuál otra desventura no nos ocurrirá?

La prensa nacional declaró “que aún se investigan las causas del siniestro”, lo que no ha adelantado es cuáles medidas se tomarían —si se tomaran— contra los infractores del control preestablecido, ni si habrá indemnización justa por daños personales. Este último acápite del que presumen Las Normas para la Protección e Higiene del Trabajo, no cuenta con cuantiosos casos de resarcimientos —publicitados al menos— en el país.

Aún esperamos por “el momento” oportuno de conocer sobre el resultado de indagaciones criminalísticas anteriores difundidas cuando no cupo evasión. Siquiera la mesa redonda que se utilizó como plataforma para calmar reclamos populares se ha pronunciado al respecto. La Autopista Nacional, desastre y asilo de asesinos, carga en currículo varios de ellos.

Al parecer, desde hace poco se replantea —como si en altos hornos se cociera— el ultimátum de reabrirlo todo, incluso la obstruida comunicación unidireccional estado-pueblo, fascinados los actuales por los créditos aparecidos para el sostén inexcusable de lo que rinda pronto. Sin embargo, ni la Asociación de Jardineros Hoteleros cuenta hoy con respaldo legislado para sus faenas.

Entonces, vengan al terruño huestes constructoras, pero háganlo bien. No dejen cosa al arbitrio o la torpeza. Porque la fragilidad con la que tratan no será restituible. Los precios a pagar —más los pagados— son un insulto para estas vidas pueblerinas terminadas en miserias, consecuencia de querernos imponer con suma urgencia el rescate de lo ya muy depauperado.

Si nos tocase de la manzana una mordidita, ojalá no sea la parte emponzoñada del cuento.

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Acerca del Autor

Pedro Manuel González Reinoso
Pedro Manuel González Reinoso

(Caibarién, Las Villas, Cuba) Actor, escritor y activista social.

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