Yo, el aguafiestas

Yo, el aguafiestas

Quisiera poder escribir historias optimistas como las de muchos corresponsales extranjeros acreditados en La Habana

Cino Cover recortada
Cuba según algunos corresponsales extranjeros

LA HABANA, Cuba -Para no desentonar,  quisiera poder de vez en cuando  escribir historias tan optimistas como las de muchos corresponsales extranjeros acreditados en La Habana. Me gustaría animarme y escribir historias de cuentapropistas exitosos, de prósperos dueños de paladares, con muchas mesas y sillas, platos espectaculares y clientes tan famosos como Beyonce; de cubanos que pasan sus vacaciones en Varadero, de compatriotas que mantienen, con sus remesas desde Cuba, a sus familiares en Miami o Madrid; de cooperativistas y arrendatarios de tierra que le ganan la pelea al marabú y a los burócratas del Ministerio de  Agricultura; de dirigentes que cambian de mentalidad como de camisa, de intelectuales que empujan duro para levantar el techo de la censura, de periodistas oficialistas que se cansaron de ser meros propagandistas, se  destraban las lenguas  y empiezan a llamar a los males de nuestra sociedad por su nombre, sin eufemismos, y  atreviéndose a señalar de quiénes es la responsabilidad.

Pero no puedo.  Las historias que me salen son las que veo a diario.

De los carretilleros que para vender viandas tienen que moverse por los barrios sin parar, como derviches giratorios, porque los multan si se estacionan en una esquina.

De los propietarios de timbiriches agobiados por regulaciones absurdas, a los que los inspectores chantajean y les chupan la sangre y que están a punto de devolver sus licencias, porque la ganancia apenas le da para tirar a diario. De los ancianos menesterosos que sueñan con la muerte. 

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La realidad cubana, ancianos husmeando en la basura

De gentes que decían estar dispuestas a dar la vida por la revolución y que hoy no quieren dar su brazo a torcer y reconocer que no sirvieron de nada sus sacrificios, pero siguen repitiendo tonterías, justificando lo injustificable y chivateando por inercia.

De los funcionarios y dirigentes corruptos y demagogos que no cambian de mentalidad, ¡qué van a cambiar!, sino que mudan  la retórica y la piel según las circunstancias, como gordos camaleones.

De los padres que simulan no saber o aceptan que su hija adolescente  putea a extranjeros para poder tener lo que ellos no pueden darle.

De los hombres y mujeres que trabajaron duro todas sus vidas, que no saben hacer otra cosa que trabajar, y que tuvieron que aprender a robar al Estado porque lo que les pagan no les alcanzaba para malcomer.

De los muchachos que pudieron tener otra vida, pero que luego de pasar por las cárceles porque les aplicaron la ley de peligrosidad social -porque no trabajaba o porque al jefe de sector de la policía le vino en ganas aplicársela, porque el “chiquito ese” le caía mal- ya no tienen otro camino que la delincuencia.

De los muchachos que roban para poder conseguir el dinero con que atiborrarse de alcohol, bazuco y melca, para escapar de la realidad, porque “no hay más ná”, y luego, cuando están “bien volaos”, se fajan entre ellos o con quien aparezca, por cualquier motivo y con lo que tengan a mano, porque la rabia se los come.

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La Habana que se derrumba

De los presos que por reclamar sus derechos son apaleados por los guardias y amarrados a las rejas de las celdas de castigo.

De las parejas que no quieren tener hijos “hasta que esto mejore”.

De los derrumbes de edificios en La Habana, los desalojos que oficialmente llaman extracciones, los habitantes de los llega y pon, los orientales deportados y los policías abusadores.

De la peste en las calles llenas de baches, basura y agua sucia.

De los hospitales que dan grima; de las enfermedades que las autoridades se niegan a llamar dengue y cólera, y entonces designan como “virosis de origen desconocido” y “enfermedades diarreicas agudas”.

Del vacío en la mirada de los que nada esperan; de los jóvenes que solo aspiran a  huir de su país, como sea y para donde sea.

De las Damas de Blanco  y los opositores reprimidos por la policía y los porristas de las brigadas de respuesta rápida.

Discúlpenme, pero esas son las historias que conozco. Si resulto un aguafiestas, si los aburro o les deprimo, no me lean. ¡Qué se le va a hacer!

luicino2012@gmail.com

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