Venezuela y el lamentable papel de Jesse Jackson

Venezuela y el lamentable papel de Jesse Jackson

¿Para eso ha quedado el reverendo, para socorrer a dictaduras en apuro? ¿Qué viene ahora, un viaje a Venezuela para congratular a Maduro?

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Jesse Jackson (Mark Henle/The Republic)

LA HABANA, Cuba. – Nadie es perfecto, a veces uno se puede equivocar al elegir el bando que apoya. Es lo que parece haber pasado con el reverendo Jesse Jackson. Luego de haberse destacado en la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos e interesado por las causas de los derechos humanos, como cuando consiguió del régimen castrista, a fines de los años 70, la liberación de varias decenas de presos políticos, resulta lamentable verlo tomar partido por el oprobioso régimen de Nicolás Maduro.

Lamentable, no hay otra definición para el apoyo del reverendo Jackson a los cuatro activistas de Code Pink, partidarios a ultranza del régimen de Maduro, que aún quedan en la embajada venezolana en Washington para impedir que sea ocupada por los representantes del presidente interino Juan Guaidó.

¿Para eso ha quedado Jesse Jackson, para socorrer a dictaduras en apuro? ¿Qué viene ahora, un viaje a Venezuela para congratular a Maduro y animarlo a que tome represalia y envíe a los Colectivos Bolivarianos a ocupar la embajada norteamericana en Caracas? ¿Viajará a La Habana para abrazar a Raúl Castro y desearle suerte en la eternización del castrismo? O tal vez lo veremos por Pyongyang, en recholata con Kim Jong Ung, disfrutando la música de Carlos Puebla y de la Nueva Trova que le envió de regalo Díaz-Canel al tirano norcoreano, para competir con Trump, que le envió el disco con el Rocket Man de Elton John a ver si lo disuadía de seguir jugando a disparar misiles.

Sería mejor que Jesse Jackson fuese más cuidadoso al elegir las causas que apoya. Pudiera ser a los inmigrantes, tanto del Mediterráneo como a los de la frontera entre México y Estados Unidos, a las víctimas de la sequía y las hambrunas en África, a los enfermos del SIDA o de cáncer, a las tribus amazónicas, que sé yo, pero, ¿a una dictadura desprestigiada y en fase terminal?

Cuando forcejeaba para hacerle llegar las mochilas con alimentos a los ocupantes de la embajada, el reverendo debió haber hecho caso a la pancarta que llevaba Victoria Matiuzzo, una joven venezolana citada por AFP, que se encontraba entre los opositores a Maduro que se manifestaban alrededor de la sede diplomática en litigio. La pancarta decía: “Mr. Jackson, no deje que Code Pink o Maduro manchen su nombre”. Pocas veces un consejo fue tan sabio y oportuno. Lamentablemente, el reverendo lo desoyó.

luicino2012@gmail.com

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