Un congreso partidista solo para cubrir la forma

 Un congreso partidista solo para cubrir la forma

Tres reuniones del Buró Político del Partido Comunista, en menos de un mes, indican que ya se “cocina” lo que sucederá en el VIII Congreso de esa organización

Díaz Canel Cuba congreso PCC
Foto archivo

LA HABANA, Cuba.- En países como Cuba, donde las decisiones políticas son tomadas por un reducido grupo de personas —a veces dos o tres individuos sentados a una mesa en una especie de tertulia familiar—, los congresos y otros eventos de similar naturaleza no son más que meras fachadas para dar forma a determinaciones establecidas con anterioridad.

De esa manera debe de comportarse el VIII Congreso del gobernante Partido Comunista de Cuba (PCC), anunciado para celebrarse en el venidero 2021. Esa cita, aún marcada por la característica antes mencionada, servirá para continuar el ciclo de cinco años entre un congreso y otro, y así dar visos de institucionalidad a la principal fuerza política de la nación. Es evidente que Raúl Castro y la plana mayor del Partido no desean repetir lo sucedido entre el V Congreso en 1997, y el VI, que tuvo lugar en el 2011—los años finales del mandato del hermano mayor, y el inicio del reinado del hermano menor—, catorce años sin congresos del PCC.

Ahora, ya con las políticas trazadas con anterioridad, el menor de los Castro reúne al Buró Político de la organización, un grupo de 17 personas, con vistas a indicarles la manera en que debe sesionar el venidero VIII Congreso. La prensa oficialista ha anunciado tres reuniones del Buró Político en menos de un mes (el 21 de octubre, 11 y 18 de noviembre), en las que se han tratado temas relacionados con el próximo Congreso tales como la política de cuadros, la atención a las organizaciones de masas, la actividad ideológica, así como el chequeo de los acuerdos tomados en la anterior cita del 2016.

En ese sentido sobresale lo relacionado con la política de cuadros. El propio Buró Político de la organización, como todo hace indicar, requerirá de nuevos ingresos que reflejen la realidad del país. Figuras como el primer ministro Manuel Marrero, el ministro de Economía Alejandro Gil, la vice primera ministra Inés María Chapman, y el titular del Ministerio del Interior Julio César Gandarilla, de recientes ascensos en la nomenclatura, no son miembros de esa élite partidista. De los 17 miembros que conforman el actual Buró Político, solo Marta Ayala Ávila, que en 2016 se desempeñaba como vicedirectora general del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, oficia como candidata casi segura a salir de esa instancia, pues apenas ha recibido tratamiento mediático durante los últimos cinco años.

Y aunque no se haya mencionado mucho entre los temas tratados con vistas a la realización del VIII Congreso, es lógico que la economía ocupe un lugar central en las deliberaciones y las decisiones que sean anunciadas en ese cónclave partidista. La grave crisis que enfrenta el país, el ordenamiento monetario, así como todo lo relacionado con la actualización del modelo económico —aspecto este último del que Raúl Castro se siente autor intelectual— centrarán seguramente la agenda del evento.

El menor de los Castro debe de tenerlo ya todo preparado para anunciar la transición generacional que debe operarse con motivo de este VIII Congreso. Si se cumple lo prometido, él dejará la jefatura del Partido, la que todo indica será ocupada por Díaz-Canel. Además, podría ocurrir la salida de los históricos José Ramón Machado Ventura, Ramiro Valdés, y tal vez también la de Esteban Lazo.

Así y todo, es poco probable que Raúl Castro se aleje definitivamente de la esfera del poder. Los Castro han demostrado unas ansias infinitas de mando. Recuerden a su hermano, acabado físicamente, pero metiendo la cuchareta en todo con aquellas famosas reflexiones en la prensa.

Entonces es de prever que, mientras se lo permita su salud, Raúl Castro oficie como una especie de asesor con el que hay que contar a la hora de decir la última palabra.

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Orlando Freire Santana

Orlando Freire. Matanzas, 1959. Licenciado en Economía. Ha publicado el libro de ensayos La evidencia de nuestro tiempo, Premio Vitral 2005, y la novela La sangre de la libertad, Premio Novelas de Gaveta Franz Kafka, 2008. También ganó los premios de Ensayo y Cuento de la revista El Disidente Universal, y el Premio de Ensayo de la revista Palabra Nueva.

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