Turismo, empleos y color de la piel

Turismo, empleos y color de la piel

¿Por qué no hay empleados negros en la recepción o en los bares de hoteles, o detrás de los mostradores en tiendas?

Foto-reportaje de Ernesto Pérez Chang

LA HABANA, Cuba.- Una mirada al entorno turístico de La Habana, a los sitios gastronómicos y hoteleros de la capital, revela el abismo que separa a blancos y negros a la hora de aspirar a un empleo en uno de los sectores que más beneficios económicos pudiera aportar de manera directa a los trabajadores.

Los principales hoteles parecen aplicar una especie de selectividad racista a la hora de elegir su empleomanía. Las reglas de elección tal vez no aparezcan escritas en ningún documento administrativo; no obstante, no deja de llamar la atención ese patrón, tanto en las empresas de lujo como en las de categoría inferior: los blancos, en la recepción y en el trato directo con los clientes; los negros, en los servicios de limpieza y demás asuntos donde no lleguen a ser muy visibles.

Ya sea en el Habana Libre (antes Habana-Hilton) o en el Nacional, en el reinaugurado Capri o en el austero Colina, según pude apreciar en un recorrido por más de una veintena de hoteles, los hombres y mujeres de piel demasiado oscura son relegados a aquellos oficios que la tradición racista les ha reservado a favor de los blancos.

Dondequiera que uno torne la vista o aguce el oído, surgirán testimonios como los de un joven graduado de Lengua Inglesa que me cuenta su experiencia personal cuando le pregunto por qué casi no hay negros en servicios más directos con los clientes. Le advierto que escribo para Cubanet y, de inmediato, me pide que no publique su foto ni su nombre porque lo afectaría enormemente. Lo comprendo. Es de conocimiento público que en el turismo cubano todos los trabajadores son sometidos a periódicos procesos de investigación que avalen su “confiabilidad política”.

El joven tiene 35 años y lleva casi una década esperando por una plaza acorde con sus estudios. Desde el 2005 trabaja como conserje en hoteles de La Habana. A pesar de tener idiomas y haber aprobado cursos en la escuela de Hotelería y Turismo, jamás ha sido promovido a tareas de mayor remuneración, me confiesa.

-Nunca me han dicho que es por el color, pero cualquiera sabe que es por eso. Fíjate en los de la carpeta, todos son blancos. Y ni hablemos del bar; solo negros los que limpiamos o fregamos. Puedes ir al hotel que tú quieras, son muy pocos donde los carpeteros (recepcionistas) o barmans son negros; mucho menos los sommelier. Creo que no hay ni uno, y cuando lo hay es porque tiene facciones de blanco o es mulatico claro.

Pregunto si se ha quejado alguna vez con los jefes y contesta que eso no sirve de nada, porque siempre encuentran una justificación. Además, si se “vuelve conflictivo” con ese tipo de reclamos, lo sacan del turismo. Ya le pasó una vez, al principio, en el hotel Comodoro. Lo único que resolvió entonces fue que lo reprendieran en el Sindicato y en el Partido por acusar de racista a uno de los gerentes, que no solo seleccionaba mujeres blancas para los puestos principales, sino además usaba frases despectivas con los trabajadores negros.

¿Por qué no hay empleados negros en las carpetas o en los bares de los hoteles, o detrás de los mostradores en tiendas?, pregunto a una amiga personal, graduada de Lengua Francesa a principios de los años ochenta.

Actualmente trabaja limpiando pisos en un hotel, del cual me reservo el nombre para no perjudicarla. Me cuenta que le hubiera gustado obtener un puesto en la carpeta u otro que no fuera el de limpiar pisos, pero la administración siempre ha preferido jóvenes de piel blanca para tales desempeños. A pesar de dominar varios idiomas y saberse suficientemente capaz, con el tiempo se ha convencido de que nada cambiará su destino: nadie como ella, que lleva casi veinte años en el sector, para saber que, al menos en Cuba, en turismo los roles los determina en gran medida la pigmentación de la piel.

Incluso en las revistas, en las campañas publicitarias, así como en las etiquetas de rones y tabacos se manejan estrategias de promoción donde los espacios de blancos y negros están perfectamente delimitados por clichés que ha impuesto una práctica discriminatoria que, sin dudas, cuenta con la aprobación oficial: los blancos, tumbados en la arena o disfrutando del mar; los negros, bebiendo ron, jugando dominó, tocando rumba en los solares, fumando puros o bailando.

Abriendo las puertas de los autos que estacionan frente a los hoteles, vaciando los contenedores de basura, puliendo los pisos, sacándole brillo a los muebles, fregando platos o limpiando baños, los hombres y mujeres de piel oscura, al menos en el turismo cubano, no corren con la misma suerte de otros

 

Acerca del Autor

Ernesto Pérez Chang

Ernesto Pérez Chang

Ernesto Pérez Chang (El Cerro, La Habana, 15 de junio de 1971). Escritor. Licenciado en Filología por la Universidad de La Habana. Cursó estudios de Lengua y Cultura Gallegas en la Universidad de Santiago de Compostela. Ha publicado las novelas: Tus ojos frente a la nada están (2006) y Alicia bajo su propia sombra (2012). Es autor, además, de los libros de relatos: Últimas fotos de mamá desnuda (2000); Los fantasmas de Sade (2002); Historias de seda (2003); Variaciones para ágrafos (2007), El arte de morir a solas (2011) y Cien cuentos letales (2014). Su obra narrativa ha sido reconocida con los premios: David de Cuento, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en 1999; Premio de Cuento de La Gaceta de Cuba, en dos ocasiones, 1998 y 2008; Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, en su primera convocatoria en 2002; Premio Nacional de la Crítica, en 2007; Premio Alejo Carpentier de Cuento 2011, entre otros. Ha trabajado como editor para numerosas instituciones culturales cubanas como la Casa de las Américas (1997-2008), Editorial Arte y Literatura, el Centro de Investigaciones y Desarrollo de la Música Cubana. Fue Jefe de Redacción de la revista Unión (2008-2011).

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