¿Qué ha pasado con “el experimento”?

¿Qué ha pasado con “el experimento”?

Muy pocos han reparado en que 2017 fue la fecha tope que se puso el régimen para implementarlo en el resto del país

Marino Murillo, Vicepresidente y Jefe de la Comisión Permanente para la Implementación y Desarrollo, junto al general Leonardo Andollo, jefe del Grupo de Desarrollo para las provincias de Artemisa y Mayabeque (juventudrebelde.cu)

LA HABANA, Cuba.- Son varios los asuntos que el gobierno cubano ha dejado pendientes de una solución. No solo postergada para el 2018 sino dada en herencia tóxica al futuro gobernante, aún por designar.

Algunos analistas ya han hecho cuentas de las promesas y planes no cumplidos, los proyectos no ejecutados y los experimentos fallidos, sin embargo, muy pocos han reparado en que 2017 fue la fecha tope para implementar en el resto del país las experiencias obtenidas en Artemisa y Mayabeque, las dos provincias creadas con el fin de ensayar cambios en las estructuras de Gobierno que significarían, entre otros aspectos, mejores resultados económicos.

Aunque el experimento comenzó en 2013, con la escisión del antiguo territorio conocido dentro de la Isla como “Habana Campo”, nunca se ha explicado, al menos no en un lenguaje comprensivo para todos, en qué consistieron y consisten estas transformaciones.

Lo único que se ha reiterado en los medios de prensa oficiales es que se otorgarían “nuevas facultades a los territorios” en un proceso de paulatina descentralización.

La desinformación ha sido tal que en numerosas ocasiones el propio gobierno ha señalado que ni sus dirigentes conocen cuáles son las transformaciones a implementar ni cuáles son sus documentos rectores.

A finales de mayo de 2015, casi dos años después del comienzo del “ensayo”, Estaban Lazo Hernández, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, según información de la AIN, apuntaba entre los errores la falta de “dirigentes preparados” así como irregularidades, sobre todo en los aspectos económicos.

Una funcionaria del Gobierno provincial de Mayabeque, en conversación con CubaNet, reconoció que estos mismos errores por desconocimiento aún persisten y que ha habido “caos”, debido a que muchos dirigentes no se adaptan a seguir un modelo descentralizado y que “ha sido muy difícil remover las trabas burocráticas existentes”. También ha reconocido que bajo el desconocimiento se han amparado numerosos actos de corrupción.

“Independencia en las gestiones y descentralización, en un entorno de precariedad económica, dentro de un marco de actuación muy limitado al territorio, con compromisos y deudas con instancias de gobierno que trascienden la provincia, han propiciado errores pero además numerosos casos de corrupción (…). Una solución ha terminado en por agravar el problema, primero porque se mantienen intactas las estructuras burocráticas; segundo, porque nadie conoce bien qué hay que hacer”, apunta la funcionaria del gobierno provincial.

Como preámbulo, antes del experimento de Mayabeque y Artemisa, en septiembre de 2011, buscando eliminar algunas capas del gigantesco aparato burocrático creado por un modelo de gestión al estilo soviético, el gobierno de la isla comenzó el proceso de cierre y transformación de aquellos ministerios que poca vinculación demandaban de la gestión estatal.

Algunos como el Ministerio del Azúcar terminaron transformados en grupos empresariales con determinada autonomía. Lo mismo sucedió con el Ministerio de Industria Básica y el de la Sideromecánica. Este último terminó desgajado en varias empresas estatales de producción de acero y aluminio, por ejemplo.

Sin embargo, al poco tiempo, las profundas contradicciones existentes dentro de un esquema de gobierno que promueve pero al mismo tiempo desconfía de los cambios radicales que le resten influencia, frenaron las transformaciones que al inicio, muchos especialistas, sobre todo fuera de Cuba, interpretaron como una verdadera revolución económica.

Los cambios que buscaban generar más eficiencia y rentabilidad, disminuyendo el papel del gobierno en las empresas estatales, no han dado aún los resultados que buscaban las reformas promulgadas en el Congreso del Partido de abril de 2011.

Así se distribuyeron los territorios para las nuevas provincias de Artemisa y Mayabeque, en 2013

A seis años de los cambios decretados por Raúl Castro, y por demás ratificados en el Parlamento, las empresas continúan dependiendo casi el ciento por ciento de los ministerios, según han informado a CubaNet varios funcionarios estatales vinculados al proceso de implementación.

“Se buscaba un aumento significativo de la producción y el resultado ha sido el aumento de los subsidios por parte de los organismos centrales para evitar el cierre de algunas empresas, han aumentado las cuentas por pagar y por cobrar. (…) Es significativo el número de empresas que se han visto en la necesidad de vender parte de sus producciones a los propios trabajadores para luego poder pagar los salarios de estos (…). Empresas que a partir del día 15 de diciembre (viernes pasado) deberán cerrar y dar vacaciones a sus trabajadores porque no tienen materia prima para cumplir los planes de producción, empresas que dependieron y dependerán también el año que viene de más créditos, más bien rescates, sin ningún tipo de respaldo, para evitar cierres”, señala uno de los funcionarios.

“En el caso de Mayabeque, y también Artemisa, que debieran mostrar resultados, los problemas se mantienen y en algunos casos han empeorado”, señala un funcionario del gobierno provincial: “Ha habido desplazamiento de la fuerza laboral hacia otros territorios por la falta de empleo. El escenario se ha vuelto más difícil con el aumento de las trabas al sector no estatal. (…) Para 2017 el sector no estatal debía dar empleo a más del 25 por ciento de la fuerza laboral del territorio, sin embargo, ha habido retrocesos (…). Las empresas, a pesar de lo planteado al inicio, continúan dependiendo de los ministerios para la elaboración de los planes de producción, para importar y exportar, para el pago de salarios, tal como sucedía antes de 2013”, concluye la fuente.

A solo unos días para que concluya el 2017, aún no se ha hablado ni para bien ni para mal del asunto en los balances informativos anuales, esos que está obligada a hacer la prensa oficialista a propósito de las fechas terminales, aunque por el volumen de aspectos negativos que acumula la experiencia, no vendría muy a tono con el triunfalismo que suele caracterizar este tipo de recuento “periodístico”.

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