Premier 12: “pensando como país” los peloteros cubanos pierden

Premier 12: “pensando como país” los peloteros cubanos pierden

En Seúl los peloteros cubanos parecían mirar hacia el Palacio de la Revolución en La Habana y no al pícher que tenían delante, y no batearon

peloteros cubanos
Premier 12: “pensando como país” los peloteros cubanos pierden. Foto Radio Bayamo

LAS TUNAS, Cuba.- Bochornosamente, en Seúl, Corea del Sur, el equipo nacional de beisbol de Cuba jugó tres partidos en el torneo Premier 12 y fue eliminado.

El equipo Cuba perdió dos carreras por cero frente a Canadá; con Australia terminó empatado a dos carreras, y en extra inning; no podemos decir que venció, sino que la controvertida carrera de la “victoria” resultó válida por Australia haber agotado los términos de reclamación. Este viernes en la mañana Cuba concluyó perdiendo 7 carreras por cero frente a Corea del Sur.

Digo que, bochornosamente, el equipo nacional de béisbol de Cuba jugó en el Premier 12 porque su actuación no tiene otro calificativo sino el de bochorno.

Y sí, utilizo la palabra bochorno cual doble vía: como sinónimo de vergüenza, que lo fue, pero también en su acepción de sofoco, de desazón, confusión, aturdimiento y vacilación conque jugaron, vistiendo el uniforme de su país, peloteros cubanos exitosos en otras regiones del mundo.

Alfredo Despaigne, Yurisbel Gracial y Liván Moinelo se incorporaron al equipo Cuba en Seúl, venían de Japón donde, integrantes del equipo SofBank, recién se habían coronado campeones en la Liga Profesional Japonesa. Pero en el team Cuba ninguno de ellos rindió, ni medianamente, lo que produjeron en el SofBank.

Tanto Despaigne como Gracial son bateadores oportunos y de fuerza y así lo demostraron en la Liga Profesional Japonesa, donde contribuyeron, y mucho, al éxito del SofBank. Igual contribución dio a ese equipo japonés el pícher pinareño Liván Moinelo. Pero muy distinta fue la actuación de estos peloteros cubanos con el equipo Cuba en Seúl.

Ciegos, obnubilados vaya usted a saber por cual mitin patriótico, quizás conminándolos a ganar, a ganar por el honor de “Cuba socialista, faro y guía de América”, puede decirse que, ni Despaigne ni Gracial vieron las pelotas lanzadas por los pícher canadienses, australianos y sudcoreanos, ponchándose una y otra vez.

Lleno de ira, colmado de frustración, en un momento de desespero, cual guerrero vencido quebrando la espada, Yurisbel Gracial partió el bate.

Al pícher Moinelo no le fue mejor: regaló base por bolas unas tras otras y dejó el cuadro sembrado de corredores, listos para anotar carreras.

Salvo el pícher Carlos Juan Viera del equipo Leñadores, de Las Tunas, que sin experiencia internacional lanzó impecablemente cinco innings frente a los bateadores canadienses, igual desventura que los internacionales Despaigne, Gracial y Moinelo corrieron los restantes jugadores del equipo nacional de Cuba, incluido Frederick Cepeda, el capitán del equipo, que se ponchó en tantas ocasiones como quizás nunca antes en su ya larga carrera de pelotero.

No caben dudas que al recién campeonato conquistado en Japón con el SofBank, Despaigne, Gracial y Moinelo, como cualquier otro deportista de cualquier lugar del mundo, tenían en mente contribuir con su talento para que el equipo Cuba tuviera una actuación decente en Seúl y con ella allanar el camino a los Juegos Olímpicos. Pero ellos no hicieron sino añadir lastre al barco hundiéndose.

Cabe preguntarse: ¿Cómo tres atletas de alto rendimiento, acabado de demostrar su indiscutible talento deportivo en la Liga Profesional Japonesa, contribuyentes importantísimos para que el SofBank se coronara campeón, redujeran a cero su rendimiento con el equipo Cuba?

La respuesta es sencilla: SofBank contrató y pagó a los peloteros cubanos en la misma medida de sus aptitudes. No exigió en ellos cualidades extraterrenales ni espíritus ciclópeos de hombres muertos. Y Despaigne, Gracial y Moinelo en Japón jugaron béisbol, no a los héroes.

Pero en Cuba, contando sólo con cinco años de edad, a Alfredo Despaigne, Yurisbel Gracial y Liván Moinelo se les pidió gritar: “Pioneros por el comunismo, seremos como el Che”. Eso significa la más grande magnificencia, ganarlas todas.

Y ahora, para colmo, a Miguel Díaz-Canel, presidente de la república seleccionado por el general Raúl Castro, se le ocurrió pedir a los cubanos “pensar como país”, no como mortales destinados sencilla y llanamente a laborar, yantar, excretar, fornicar, eyacular, reproducirse y, al finar de ese ciclo repetitivo, milenario y prosaico, concluir sus días con el sueño eterno, cremados o comidos por gusanos en la sepultura.

Y, “pensando como país” y no como terrenales jugadores de béisbol, en Seúl los peloteros cubanos parecían mirar hacia el Palacio de la Revolución en La Habana y no al pícher que tenían delante, y no batearon en el Premier 12.

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Acerca del Autor

Alberto Méndez Castelló

Alberto Méndez Castelló

Alberto Méndez Castelló (Puerto Padre, Oriente, Cuba 1956) Licenciado en Derecho y en Ciencias penales, graduado de nivel superior en Dirección Operativa. Aunque oficial del Ministerio del Interior desde muy joven, incongruencias profesionales con su pensamiento ético le hicieron abandonar por decisión propia esa institución en 1989 para dedicarse a la agricultura, la literatura y el periodismo. Nominado al Premio de Novela “Plaza Mayor 2003” en San Juan Puerto Rico, y al Internacional de Cuentos “ Max Aub 2006” en Valencia, España. Su novela "Bucaneros" puede encontrarse en Amazon.

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