Peregrinación de los caballiteros: una tradición que no gusta a las autoridades

Peregrinación de los caballiteros: una tradición que no gusta a las autoridades

La mayoría de quienes peregrinan a caballo o sobre carruajes tirados por estos provienen de las provincias Artemisa y Mayabeque

La tradición es ir como un verdadero cowboy, montado a caballo. (Foto Alejandro Hernández Cepero)

LA HABANA, Cuba. – El ruido de los cascos de los caballos, de los relinches y los cascabeles en sus cuellos irrumpe en la tranquilidad de los pueblos. La algarabía del ron, los retos y apuestas en busca del equino más veloz de la caravana llevó hace unos cinco años a que las autoridades prohibieran el peregrinaje de “caballiteros” hacia el Santuario de San Lázaro, en el Rincón.

Los caballiteros tuvieron que aplazar el peregrinaje que realizaban entre los días 16 y 18 de cada diciembre, en honor al santo. Obligados por la persecución, ahora hacen el recorrido durante los mismos días, pero de enero. El ajuste ya tiene unos tres años y poco a poco se va volviendo tradición.

La mayoría de quienes peregrinan a caballo o sobre carruajes tirados por estos, conocidos como “arañas y volantas”, provienen de las provincias Artemisa y Mayabeque. Algunos vienen del oeste de Matanzas, en un recorrido de ida y vuelta que toma más de 72 horas. Apenas duermen y solo comen los panes y pizzas que pueden comprar por el camino.

Este año, disminuyó el número de peregrinos con respecto al anterior. Se reforzó la vigilancia en caminos y pueblos y aumentaron las medidas de seguridad que se aplican para regular el tránsito de caballos y “carricoches”.

Operativos policiales han hecho decrecer significativamente el peregrinaje de caballiteros (Foto Alejandro Hernández Cepero)

“Todo estaba arreglado para que muchos no pudieran llegar”, refiere Misael Osorio, quien a bordo de una “araña” viajó con su esposa y hermano al santuario y ahora retorna a su casa, en el poblado Madruga, localidad de Mayabeque ubicada a más de 60 kilómetros de distancia. “Los que llegamos lo hicimos a pepe timbales”.

La primera prohibición contra la atípica peregrinación, explica Osorio, fue la negativa a que los caballos transitaran por las calles en horarios nocturnos, más la imposición de nuevos itinerarios que buscaba alejar las caravanas de caballiteros de las principales arterias y pueblos. En algunos casos los desvíos añadían decenas de kilómetros al exigente recorrido.

“Para llegar hay que transitar la mayoría del camino por la noche, para que los caballos no se sofoquen con el Sol. Si no los cuidas no aguantan y se te mueren. Por si fuese poco, nos metieron por caminos desconocidos y, según dice la gente, el desvío fue de más de veinte kilómetros”, comentó Osorio. “Los caballos no tienen motor, mucha gente tuvo que regresar”.

Bajo el pretexto de evitar robos, también se les exigió a los dueños de caballos viajar con el documento conocido como “patrón”, una especie de propiedad donde los campesinos realizan el registro de las reses y caballos que poseen.

A priori, según explica Geonel Reinoso Pardo de regreso a Santa Cruz del Norte, a unos 50 kilómetros, esta fue la regulación más incongruente, pues los “patrones” deben permanecer en las fincas como resguardo de la tenencia de los demás animales.

En la isla, el hurto -y sacrificio- de caballos es sancionado con la misma rigurosidad del ganado mayor, con condenas de hasta ocho años de cárcel.

Reinoso amplió que durante la actual peregrinación “han llovido” multas y decomisos de animales.

“Estamos como los choferes de los carros, haciéndonos señas para evitar las patrullas en la carretera. Las multas son de 3 mil pesos. Ya son varios los caballiteros que nos hemos cruzado que nos dicen que los engancharon. Delante de nosotros venía un piquete de San Nicolás de Bari que le decomisaron dos caballos a la entrada de Jamaica, en San José de las Lajas. Si otro caballitero no nos avisa, nos cogen también”, dijo Osorio.

Según Francisco Cruz Olano, caballitero de un grupo que se devolvía a Melena del Sur, a unos 38 kilómetros del templo, otra serie de controles fueron establecidos por autoridades.

Por vez primera en todos los años que ha participado de la peregrinación Cruz vio a los inspectores del Ministerio de Agricultura y el Instituto Cubano de Medicina Veterinaria solicitando los certificados de salud del animal.

“Eso es un pretexto para joderte el viaje, porque ese papel nada más se emite cuando tú compras el caballo y lo inscribes en el patrón. Te puedo garantizar que ninguno de los que vienen por ahí lo tienen, puedes preguntar, porque, además, nunca antes lo habían pedido”, acotó.

La prevención del maltrato animal fue una de las tareas de Agricultura y Medicina Veterinaria, ilustró Mariela Ríos, veterinaria integrante del equipo mixto que verificó el estado de los caballos que arribaban en el potrero que se encuentra frente al templo.

“Si las personas que se flagelan en el cumplimiento de la promesa tienen asistencia médica inmediata, por qué los caballos no. El sacrificio de estos animales por las distancias que recorren es igual o mayor que el de las personas que pagan sus promesas”, relató la veterinaria.

De acuerdo con Ríos, la iniciativa comenzó a funcionar en diciembre pasado a raíz del incremento de las muertes de caballos como consecuencia de los sacrificios físicos que realizan durante la peregrinación.

“Hay gente que ni siquiera traen unos antibióticos o medicinas para diarreas, la idea para el próximo año es habilitar consultorios ambulantes en esta misma área. Para ellos estos días son como una vitrina para lucir los caballos, y le sacan el cuero a fusta para ver cuál es el más rápido o el que mejor marcha tiene cargando peso”, concluyó Ríos.

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