Palabras que definieron a Cuba en 2019

Palabras que definieron a Cuba en 2019

Parece lejano el día en que, protegidos por la Constitución y en base a inteligencia, trabajo y dedicación, los cubanos puedan alcanzar el progreso

(Foto: AFP)

LAS TUNAS, Cuba. – La Real Academia Española (RAE) recién seleccionó las 14 palabras, incluidas formas compuestas, que definen al casi finalizado año 2019. El proceso de selección se produjo en base a las consultas más frecuentes al Diccionario de la lengua, las aclaraciones que reciben los servicios de la RAE, las voces que según la Academia presentan un uso abundante y las tendencias de preguntas y comentarios de los seguidores de la Academia en las principales redes sociales.

Las voces que según la RAE marcaron o explican el año que ahora concluye son: progreso, deporte, feminizar, Constitución, confianza, acogida, estado de bienestar, elecciones, inteligencia artificial, escuela, clima, euroescéptico, autodeterminación y triunfo.

Según la RAE, con la selección de estos términos quiere ofrecer un nuevo servicio de información a la comunidad hispanohablante. En lo que nos concierne a los cubanos, aunque esas 14 voces, todas, sin excepción cobran mucha fuerza en la Isla, nos limitaremos a analizar sólo algunas de ellas, con la esperanza de que sean los lectores quienes den el acabado a este artículo.

Marcado por carencias materiales y sobre todo por mendicidades cívicas apabullantes, el último día de 2019 está a la vista. No podríamos decir lo mismo de la transición que lleve a Cuba de un régimen totalitario de partido único a una democracia genuina a través de elecciones justas y libres, donde los cubanos puedan elegir directamente a sus gobernantes, establecer una Constitución respetuosa de los derechos humanos y que no responda a un partido político.

Parece lejano el día en que, protegidos por esa Constitución y según su inteligencia, trabajo y dedicación, las personas puedan obtener progreso, confianza en sí mismas y en sus semejantes, acogidas en el seno de la nación sin importar credos políticos o religiosos diferentes, poseyendo el debido estado de bienestar del individuo y la familia como primigenia célula de la sociedad, respetándose no sólo la autodeterminación nacional en la elección de un sistema de gobierno, sino también la de los padres a la hora de escoger la escuela en que habrán de estudiar sus hijos, en un clima de tolerancia a los diferentes métodos de enseñanza universalmente aceptados. Es ese el único modo de formar una ciudadanía plural, respetuosa del derecho de nuestros semejantes, valga decir de conseguir la concordia nacional, que es el triunfo de la persona y del país, cuando ese triunfo alcanza a todos sus habitantes en proporción de sus aptitudes y su desempeño.

Y para la consecución de ese estado de bienestar nacional, pudo ser este año para los cubanos el de la transición a la democracia de forma pacífica, civilizada, constitucional. Pero no lo fue. Los cubanos dicen, “hay miedo”, así, de forma ambigua; no he escuchado a nadie de esos millones de cubanos arrinconados en la hipocresía admitir: “¡Tengo miedo!”.

Paradójicamente, en repetidas ocasiones he escuchado exclamar a quienes enfrentan al régimen: “¿Qué si tengo miedo…? ¡Pues claro que tengo miedo!”

Y es cierto: ¿Quién no teme a la cárcel, a los golpes, a las represalias que sufre la familia de uno por uno actuar como piensa…?

Los cubanos temen a los soplones de los CDR (Comités de Defensa de la Revolución), a los comisarios políticos del PCC (Partido Comunista de Cuba), a los policías de la PNR (Policía Nacional Revolucionaria), a los agentes del G-2 (Departamento de Seguridad del Estado), y temen a toda una sociedad entrenada para sembrar miedo cual efecto boomerang: quienes propagan el miedo a la vez lo reciben.

Clarificando sus miedos y sobreponiéndose a esos temores, los cubanos perdieron la oportunidad de decir “No” al monopolio del Partido Comunista y de sus generales, que, más que ejércitos, mandan cadenas de tiendas y de hoteles de lujo en concubinato con sus socios extranjeros, explotando mano de obra barata, la de los cubanos.

En 2019, en uso de sus derechos, los derechos que vemos ejercitar a ciudadanos del mundo, desde Hong Kong hasta Santiago de Chile, los cubanos pudieron decir No a quienes administran sus vidas decidiendo cuánto pueden ganar y cuánto no es ilícito devengar mientras les imponen presidentes, ministros, gobernadores e intendentes, en lugar de elegirlos ellos mismos.

Pero los cubanos, salvo honrosísimas excepciones, en lugar de decir lo que piensan prefieren murmurar, “menopáusicamente”, esperando que el general Raúl Castro se muera “para ver qué pasa”.

Este 26 de diciembre, por ser día de Esteban, mi perro y yo debimos estar en San Esteban, una ensenada quizás llamada así por sus ecos, metida en lo profundo de la Bahía de Malagueta y donde no hay términos medios: o se está en el más absoluto silencio o el brisote parece rajarle a uno los tímpanos.

Pero en lugar de senderear por breñales de la costa nos quedamos en la ciudad para allá por el mediodía escuchar lo inaudito:

“Muerto Raúl Castro, Díaz-Canel será el Gorbachov de Cuba”, me dijo cierto profesor en un susurro, a quien respondí como si estuviera en San Esteban en días de brisote:

“Muy fastidiados seguiremos los cubanos si después de 60 años de castro-comunismo estalinista terminamos con el G-2 intacto y con un tipo al estilo de Putin de presidente de Cuba, haciéndose la nomenclatura dueña de las empresas expropiadas y las construidas con dineros públicos.”

“Muerto Raúl Castro cualquier cosa puede pasar”, fue la sentencia del profesor.

Es triste, pero es la realidad: el castrismo hizo de los cubanos un pueblo abúlico, indiferente ante las miserias materiales y morales, aplaudidor hipócrita de discursos huecos, cobarde.

El 26 de julio de 2007 el general Raúl Castro habló en Camagüey, la provincia ganadera de Cuba, de producir un vaso de leche para todo aquel que quisiera tomarlo; en Cuba la leche está racionada para los niños de hasta siete años. Pero este diciembre, 12 años después de aquellas palabras, ni aun con monedas convertibles encuentra usted en los comercios cubanos un paquete de leche en polvo.

Luego… después de 60 años de la mal llamada Revolución, y digo mal llamada porque en realidad es un prolongadísimo período de inmovilismo, de las 14 palabras seleccionadas por la RAE que explican o precisan el año que concluye, las palabras que definen a Cuba en 2019 son:

Progreso: por su ausencia en la población cubana.

Constitución: por ser letra muerta y atar a los cubanos a la doctrina marxista y del Partido Comunista.

Confianza: por la desconfianza que el castrismo sembró entre cubanos y hasta en los billetes de su sistema bancario.

Acogida: por la exclusión a que son sometidos los cubanos, no sólo los que políticamente se oponen al régimen, sino también médicos, deportistas e intelectuales cuando deciden apartarse del castrismo.

Estado de bienestar: por su ausencia en los cubanos y las penurias sufridas tanto en zonas urbanas como rurales.

Elecciones: por no existir elecciones libres, directas y justas en Cuba.

Escuela: por ser doctrinaria en beneficio del grupo gobernante y no formadora de valores cívicos y morales universalmente aceptados y ser causa de prisión para los padres negados a aceptar esas escuelas.

Autodeterminación: por carecer el ciudadano cubano de independencia económica, libertad política y autonomía en el ejercicio de los derechos universalmente aceptados.

Triunfo: el de la democracia que, según no pocos cubanos, muerto Fidel Castro sólo llegará a Cuba cuando el general Raúl Castro y el comandante Ramiro Valdés mueran.

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