Otro verano “a lo cubano”

Otro verano “a lo cubano”

No ha terminado el mes de julio y las predicciones que algunos habíamos hecho sobre la situación económica, política y social de la isla se están “sobrecumpliendo”

Malecón de La Habana
Malecón de La Habana (Foto: EFE)

LA HABANA, Cuba. – No ha terminado el mes de julio y las predicciones que algunos habíamos hecho sobre la situación económica, social y política de estos dos meses de vacaciones, se están “sobrecumpliendo”.

Díaz-Canel se reunió con el grupo de trabajo encargado de la atención a la recreación para analizar el desarrollo de los 15 primeros días de vacaciones y solucionar “pequeños” problemas que, al parecer, están en el camino, como el desabastecimiento de cerveza, refresco y confituras, a lo que se le puede agregar agua mineral y malta; productos que resultan imprescindibles en una etapa de tanta importancia para el pueblo, como es el verano.

Según la viceministra primera de Cultura, María Elena Salgado Cabrera, las actividades en esta primera quincena de julio han contabilizado más de dos millones de participantes, lo que constituye todo un éxito de la organización existente; pero el vicepresidente de los Consejos de Estado y Ministros, Roberto Morales Ojeda, consideró esto insuficiente y dijo que de forma urgente había que habilitar nuevos espacios en las provincias, sobre todo áreas abiertas y destinadas al público joven, que en su mayoría está de vacaciones. En la continuación de las contradicciones, Víctor Gaute López, jefe del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista, planteó que debía darse preferencia a la programación en las comunidades al tiempo que se ahorran recursos. ¿A quién le harán caso los que dirigen abajo, si los de arriba no se ponen de acuerdo?

No obstante, lo más importante, tanto para el Partido como para el Gobierno -que viene siendo lo mismo-, es que la gente esté entretenida y no piense en la falta de electricidad, combustible, transporte, medicina y, lo más esencial, la comida; aunque hay que decir que los que tienen dinero y, como es natural, algunos dueños de negocios, tienden a acaparar todo lo que ponen en venta en las tiendas de divisa, en particular los refrescos, las cervezas y el pollo. Resulta normal ver los carritos para recolectar alimentos llenos de un mismo producto.

En el mercado de 3ra y 70 estaban ofertando la cerveza Hollandia y solo daban 5 cajas por cliente. Un hecho ridículo es que había un empleado en la puerta encargado de contabilizar las cajas que iban saliendo, incluso las latas sueltas; una burla para el régimen y sus controladores y hasta para el cliente que tiene que esperar que el trabajador anote para poder abandonar la tienda.

Sin embargo, en los pasillos dentro del mercado, corrían los beneficios en CUC para algunos trabajadores, con el fin de poder sacar más de lo establecido. Una prueba inequívoca de que la corrupción está presente a todos los niveles. No me quedan dudas de que el gerente debe saber esto, porque si desconoce el “trapicheo”, es un mal dirigente, ya que en la media hora que estuvimos allí vimos dos operaciones de venta, cada una de unas 20 cajas.

Toda esta obsesión gubernamental de controlar lo que no hay genera un gran descontento en la población, en particular entre los que laboran para el Estado, que se sienten acosados en sus puestos de trabajo. El ejemplo más vivo es el de aquellos que se vinculan al combustible, sobre los cuales está la “espada de Damocles”, para evitar que puedan desviar la gasolina, petróleo  cualquier otro derivado; incluso, se les han hecho a algunos juicios sumarios ejemplarizantes; lo que trae como consecuencia que la gente no quiera trabajar en los Cupet y en algunos otros puestos que tienen acceso al combustible.

Para el fin de julio y el principio de agosto, los fanáticos del deporte tendrán un entretenimiento: los XVIII Juegos Panamericanos, que se desarrollarán en Lima, Perú. Será al menos una quincena que se descontará de las tragedias. Lo único es que, si hay apagón, los dejará con las ganas de ver a su equipo preferido y seguro montarán en cólera. Sin engañarnos, hay que reconocer que esa probabilidad es bien alta.

No pienso que el interés que ha puesto la dictadura en el verano, buscando algunas opciones, sea preocupación por el pueblo. Lo que les preocupa es que la gente -obstinada como está de tanto escuchar: “No hay”, “No se puede”- se lance a protestar en las calles. Sin dudas, de llegar ese momento, saldrán las tropas antimotines que tienen preparadas desde hace tanto tiempo. Al igual que hacen los dirigentes corruptos de Venezuela, aquí se aferran al poder y no piensan cederlo, por eso dicen que son continuidad.

Cada día que pasa Raúl Castro se aleja más de la palestra pública y delega responsabilidades en los nuevos opresores, que manejan las difíciles situaciones por las que pasa el país. ¡Claro está!, él, mientras viva, tendrá la última palabra.

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