Ofertas caras y parques destrozados: así se divierten los niños provincianos

Ofertas caras y parques destrozados: así se divierten los niños provincianos

A pesar de que Santa Clara es una ciudad estratégica, nunca ha sido beneficiada con la construcción de espacios destinados al esparcimiento de los niños

(Foto de la autora)

VILLA CLARA, Cuba. – El zoológico de Santa Clara se llama Camilo Cienfuegos, pero los villaclareños lo reconocen como El Bosque y está ubicado justo al frente del cementerio de la ciudad, por lo que no resulta casual que una procesión fúnebre pueda mezclarse en la misma senda con otra de padres e hijos acostumbrados a salir allí los fines de semana.

En El Bosque hay tres jaulas con monos que tratan de descascarar con los dientes una sarta de cebollas blancas lanzadas como alimento por los cuidadores. “¿Los monos comen cebollas?”, indaga una señora que vigila a su nieto al pie de la celda de los primates. “Esto fue lo que le asignaron para hoy”, responde un trabajador del lugar. “Mire, también tienen unos tomates”, trata de justificarse el hombre. “Y yo que no tengo cebolla en la casa”, masculla ella.

Hacia la derecha de la entrada al parque se localizan las demás áreas de exhibición. Dos leones hambrientos, un cocodrilo negado a sumergirse en las aguas pestilentes y turbias que rodean su espacio, algunos avestruces, gallinas y pollos…Más allá, hay otro foso verde y hediondo con dos hipopótamos. Los niños le lanzan piedras para que los animales salgan del estanque artificial. “Esto se limpia más o menos cada tres años y medio”, comunica una de las cuidadoras a un grupo de padres preocupados por el bienestar de los dos mamíferos.

“Venir es aquí es por gusto”, nos comenta Aracelys Sotolongo, una madre a cargo de cinco niños esa mañana de domingo. “Todas estas jaulas se recorren en diez minutos, aunque es preferible, porque la mayoría tienen un mal olor que no hay quien aguante. Los traje para acá, porque es el único lugar para sacar a los muchachos de la casa un rato, pero la verdad es que no vale la pena la caminata desde donde vivimos”.

En El Bosque existen dos cafeterías estatales. En una de ellas solo ofertan, paradójicamente, cigarros, agua ciego montero en divisa y un plato anunciado como “arroz con subproducto”. En la otra, jabas de nylon y espaguetis con salsa, porque a la vendedora se le ha terminado el queso a punto de mediodía para preparar los napolitanos. A pesar de estas risibles propuestas gastronómicas, “una orden de arriba” prohibió la venta de alimentos que provengan de cuentapropistas dentro del área.

“Tenemos que arrimarnos a la cerca. Por un hueco les alcanzamos el dinero a los merolicos que están afuera y ellos te venden helado o pan con jamón, pero eso no es almuerzo. Hay que venir con una jabita para la merienda, porque a los niños les entra hambre. No entendemos por qué, si no te ofrecen nada, no dejan entrar a esta gente aquí. Y, de los baños, mejor ni te hablo.”, argumenta Milena García, otra madre que vino con sus niños desde Manicaragua, un municipio a 30 kilómetros de la cabecera provincial. “Por lo menos en Santa Clara tienen esto, allá en el campo sí que no hay de nada”.

Dentro del zoológico, además de los animales en exhibición, hay un pequeño parque con algunos toboganes de piedra y un área de aparatos criollos, propiedad de cuentapropistas itinerantes. Cada vuelta en un auto de juguete importado o algunos minutos en un castillo inflable cuesta cinco o diez pesos en moneda nacional. “Como no había casi nada, nos dejaron entrar con estos equipos. Para algunos puede parecerle caro, pero uno también tiene que invertir”, revela Alejandro Mora, uno de los dueños de esos cachivaches que debe pagar patente por estar en lugar.

A principios de 1980 inauguraron en Santa Clara un parque de diversiones que fue ensamblado en Planta Mecánica y al que nombraron Carlos Marx. Estaba ubicado en la periferia y constaba de una maquinaria similar al famoso “Lenin” de La Habana. Con el advenimiento del período especial, las moles de hierro fueron perdiendo piezas hasta que el espacio quedó totalmente desértico y convertido en un área de pastoreo.

En 2008, los santaclareños comenzaron a esperanzarse cuando se corrió el rumor de que traerían a la provincia una sarta de equipos chinos para acoplar un parque gigante en áreas del estadio Sandino. Durante meses, los vecinos del lugar vieron cómo movían montones de tierra y cercaban el terreno. Los medios oficiales dieron la noticia de que abarcaría ocho hectáreas, con catorce instalaciones, y que la obra se extendería por 18 meses.

“Un día se lo llevaron todo, los tractores, la aplanadora y, mira, ya todo esto está lleno de hierbas”, rememora Sandra Tamayo, una vecina del reparto Bengochea, justo al frente del espacio que sería convertido en parque. “Yo pregunté, y me dijeron que no podían hacer este parque aquí, porque no tenían piezas de repuesto para los otros dos que construyeron en Santiago y en La Habana. O sea, el parque chino lo cogieron pa´ pieza. Es que hacen las cosas a lo loco”. Desde aquel entonces, la prensa provincial jamás dio explicación alguna que corrobora o desmintiera el rumor. Tampoco se ofrecieron datos sobre los recursos invertidos en este terreno ahora baldío y subutilizado.

A pesar de que Santa Clara es una ciudad estratégica, en el mismo centro del país, nunca ha sido beneficiada con la construcción de espacios destinados al esparcimiento de los niños. Los pocos parques desperdigados a orillas de los ríos se han destruido con los años por falta de mantenimiento. Solamente en el llamado Complejo Arcoíris, en las afueras de la ciudad, inauguraron hace casi veinte años un sitio recreativo con maquinaria importada que hasta hoy causa polémica entre los padres por el precio incongruente de esos artefactos.

Además de que muchos equipos ya están fuera de uso, los pocos disponibles, como los llamados carros locos, cuestan 25 pesos por persona con una duración de menos de diez minutos sobre el aparato. Los padres con mayor solvencia económica pagan la diversión de sus niños a 25 centavos CUC, el precio que alcanzan dos módulos infantiles ubicados en una tienda del boulevard y en el llamado “Rápido”, consistente en un videojuego, una moto y un caballo plástico que a menudo aparecen fuera de servicio. Los demás, deben conformarse con un día de guerrilla en el zoológico de Santa Clara.

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Acerca del Autor

Laura Rodríguez Fuentes

Laura Rodríguez Fuentes

Periodista. Ha escrito para Vanguardia, OnCuba, La Jiribilla y El Toque. Reside en Villa Clara

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