Nueva generación de peloteros vuelve a poner en alto el nombre de Cuba

Nueva generación de peloteros vuelve a poner en alto el nombre de Cuba

Varios han establecido marcas individuales y colectivas históricas en Grandes Ligas. Algunos como líderes en ofensiva y en pitcheo de relevo

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Yuli Gurriel, Aroldis Chapman y “Pito” Abreu (elkentubano.com)

ESTADOS UNIDOS. – En artículo del pasado 27 de agosto, planteamos que varios jugadores nacidos en Cuba podían establecer marcas individuales y colectivas históricas en Grandes Ligas. Y se está cumpliendo. Algunos de ellos como líderes en ofensiva y en pitcheo de relevo.

Este renacer del pelotero cubano vuelve a poner en alto el nombre de la isla en Grandes Ligas, siendo la mejor prueba de que en esta tierra de inmortales como Martín Dihigo, Cristóbal Torriente, José Méndez y Tony Pérez, el talento natural de sus jugadores sigue intacto y que la causa principal de los reveses en eventos internacionales se encuentra en el atraso técnico, los limitados recursos para el desarrollo a nivel nacional, la baja calidad de su torneo y el escaso incentivo económico, teniendo como raíz de estos problemas la absurda medida de abolir el profesionalismo en una nación que era la segunda potencia beisbolera del planeta y la primera en el campo amateur.

Desde el momento en que el gobierno revolucionario dirigido por Fidel Castro dejó oficialmente disuelta la Liga Cubana de Béisbol Profesional (LCBP) el 7 de febrero de 1961, con sus equipos tradicionales Leones del Habana, Alacranes de Almendares, Elefantes de Cienfuegos y Tigres de Marianao, para sustituirla por la Serie Nacional inaugurada el 14 de enero de 1962, donde se proclamó “el triunfo de la pelota libre sobre la pelota esclava’’, comenzó un proceso de extinción de los cubanos hacia las Grandes Ligas.

Durante mucho tiempo las autoridades deportivas y la prensa oficial negaron a las nuevas generaciones la historia de 83 años de gloria beisbolera en una nación que había sido la más grande cantera de jugadores hacia Estados Unidos, que sumaba siete títulos en 12 ediciones de Series del Caribe, que contaba con nombres de equipos y jugadores en las Ligas Negras, luego con los Havana Cubans, sucursal de los Senadores de Washington (1946-53), y por último en Triple A con los Cuban Sugar Kings, sucursal de los Rojos de Cincinnati (1954-60), campeones de las Ligas Menores en 1959, venciendo en juego decisivo el 6 de octubre a los Minneapolis Miller en el Gran Estadio del Cerro, en La Habana.

La presencia del cubano en la pelota de Estados Unidos desde principio del pasado siglo no sólo se limitaba a jugadores, también existían ejecutivos, dirigentes y empresarios, entre ellos el miembro del Salón de la Fama nacido en Cayo Hueso e hijo de cubano Alejandro Pompez.

Pero aquella grandeza beisbolera se borró a partir de 1961 bajo la bandera de un patriotismo impuesto por una ideología política (revolucionaria). Y con ello, se crearon las condiciones para que la pelota dentro de la isla iniciara un retroceso lento hasta llegar a la etapa actual donde sufre la peor crisis de su historia.

Una de las primeras víctimas de aquella aplanadora fue un lanzador que nació en Pueblo Nuevo, Matanzas, que se llamó Manuel Enrique “Amorós’’ Hernández, que actuó en la primera Serie Nacional en 1962 con el uniforme de Occidentales, dirigidos por Fermín Guerra.

El serpentinero zurdo, que estaba considerado el mejor prospecto de la lomita terminó en esa primera temporada como líder en victorias (6), juegos completos (7), entradas lanzadas (76.2) y ponches propinados (94).

Pero “Amorós’’ tenía varias propuestas para firmar como profesional con equipos de Grandes Ligas y sufrió las consecuencias de la intolerancia “vestida de libertad”. Fue suspendido por indisciplina y en su anhelo por seguir jugando pelota se convirtió en el primer jugador de Series Nacionales en abandonar la isla en una embarcación (balsa o lancha) rumbo a Estados Unidos, para luego, por circunstancias aún no aclaradas, morir en las calles de Chicago.

A principio de la década del ochenta, sólo quedaban en Grandes Ligas el camagüeyano Tony Pérez, el habanero Luis Tiant y los matanceros José Cardenal y Bert Campaneris, todos ellos en el ocaso de sus carreras.

Parecía que Cuba se iba a quedar sin representantes en el mejor torneo del mundo, pero aparecieron José Canseco y Rafael Palmeiro, ambos nacidos en La Habana y criados en Miami; el oriundo de Santiago de Cuba Bárbaro Garbey, que llegó a Estados Unidos en 1980 por la llamada “Flotilla de la Libertad”, el también santiaguero Orestes Destrade y el pinareño Nelson Santovenia.

José Canseco (langleyadvancetimes.com)

A la vez que la cifra de cubanos se reducía, entre los jugadores de otros países latinoamericanos crecía en cantidad y calidad, en especial de Dominicana, Venezuela y Puerto Rico. Mientras, Cuba se imponía en todos los torneos internacionales con peloteros que reunían virtudes excepcionales para triunfar en Grandes Ligas, derrotando a rivales de Estados Unidos con mucho talento, pero con escasa experiencia.

Desde el momento en que se autorizó la actuación de los jugadores profesionales comenzaron las derrotas de los cubanos en Juegos Olímpicos, Campeonatos Mundiales y en las ediciones del Clásico Mundial de Béisbol. No perdían por ausencia de calidad, sino por carecer del fogueo ante los mejores peloteros del mundo, por medirse a un pitcheo más fuerte y variado, así como por el deterioro de la vida en la isla.

Aún en los momentos cuando los cubanos parecían un grupo en extinción y llegaron los reveses ante profesionales, nosotros siempre planteamos que en esa tierra se seguía levantando una piedra y debajo de ella salía una futura estrella del deporte de las bolas y los strikes, que lo único que necesitaban es que les pusieran en sus manos las herramientas para pulir sus virtudes naturales.

En la década de los noventa comenzaron las llamadas deserciones de peloteros cubanos en busca de progreso económico y profesional. Dicho proceso se inició lentamente, pero de manera sostenida, comenzando con el lanzador René Arocha y teniendo como figuras principales a Rey Ordóñez, Rolando Arrojo, y los hermanos Orlando y Liván Hernández.

Luego llegaron Yoenis Céspedes, Kendrys Morales, Alexei Ramírez, Yunel Escobar, José Abreu y algunos otros, hasta llegar a este 2019 cuando más de 30 cubanos han visto acción y algunos como superestrellas, así como decenas de jóvenes que brillan en Ligas Menores y esperan ser ascendidos.

En estos momentos, podemos organizar un equipo cubano con jugadores de Ligas Mayores con posibilidades de ganar el próximo Clásico Mundial, sea quien sea el rival, con luminarias como José Abreu, Yuli Gurriel, Yoan Moncada, Yasiel Puig, Jorge Soler, José Iglesias, Yasmani Grandal, Yordan Álvarez, Lourdes Gurriel, Aledmys Díaz, Adeiny Hechavarría, los lanzadores Aroldis Chapman, José Iglesias, Roenis Elías, Cionel Pérez, Rogelio Armenteros y Yoan López, entre otros.

A pesar de no contar con firmas directas ni existir granjas para el desarrollo de talentos, la realidad es una: Cuba, en estos momentos, es el tercer país extranjero con mayor presencia de peloteros en Grandes Ligas (todos marchándose de la isla), sólo superado por República Dominicana y Venezuela.

Esta nueva generación de peloteros que nacieron en la isla merecen nuestro respeto. Ellos lo arriesgaron todo para alcanzar el triunfo y escribir historia, incluso con sus propias vidas, cruzando el mar en balsas, escapando por fronteras y tratando con individuos sin escrúpulos que violaban leyes territoriales.

De Cuba seguirán escapando sus peloteros, buscando un mejor futuro, y el béisbol de la Serie Nacional continuará su paso descendente. Y este grave problema sólo podrá ser resuelto cuando se les abran las puertas a sus jugadores sin necesidad de que abandonen de forma ilegal la tierra donde nacieron, y que las autoridades de la isla (gobierno cubano) permitan a los que actúan en Grandes Ligas vestir el uniforme de su país en el Clásico Mundial.

Echemos una mirada a las marcas históricas y a la actuación de estos jugadores, que están poniendo a Cuba en el lugar que merece por su rica historia beisbolera.

Jose Abreu, Yuli Gurriel y Jorge Soler: Por primera ocasión en la historia un trio de cubanos supera los 30 jonrones y las 100 carreras remolcadas en una misma temporada, estando los tres entre los 10 primeros en impulsadas en la Liga Americana. En estos momentos, Abreu suma 33 jonrones y 121 remolques (#1), Soler 45 (#1) y 112 (#3), Gurriel 30 y 102 (#10).

Abreu y Soler: Abreu y Soler hasta el martes 24 de septiembre restando sólo cinco jornadas para concluir la temporada, podrían ser los dos únicos cubanos en terminar primero y segundo en impulsadas en una temporada. El cienfueguero lidera con 121 y el capitalino es tercero con 112, sólo dos por detrás del dominicano Rafael Devers (114) y empatado con Xandor Bogaerts (112).

Abreu es el segundo mejor impulsador de ambas ligas sólo superado en dos remolques por Anthony Rondon (124), de los Nacionales de Washington, y es el octavo en total de bases con 308.

Cuando se termine de manera oficial la temporada el domingo 29 de septiembre, el cienfueguero debe convertirse en el segundo cubano en ser líder en impulsadas. El otro fue José Canseco con 124 (1988).

Solamente 10 cubanos han superado las 100 impulsadas al menos en una temporada de Grandes Ligas: Orestes Miñoso, Tony Oliva, Tony Pérez, José Canseco, Rafael Palmeiro, Kendrys Morales, Yoenis Céspedes, José Abreu, Jorge Soler y Yuli Gurriel. De este grupo, sólo cuatro sobrepasan las 100 cinco veces: Palmeiro, Canseco, Pérez y Abreu.

Jorge Soler, líder jonronero: El habanero es el primer jugador proveniente de Series Nacionales en conquistar el título de jonrones en Grandes Ligas y el segundo nacido en la isla. El otro fue José Canseco que lo hizo dos veces en 1988 (42) y 1991 (44). El reglano también dio 46 en 1998, pero no terminó líder.

Soler, que suma 45 con su equipo faltando cuatro juegos por celebrar, es el cuarto cubano con más de 40 en una temporada, uniéndose a Tony Pérez (1970), José Canseco (tres veces) y Rafael Palmeiro (cuatro).

El máximo jonronero en la historia del equipo de Kansas City está entre los 10 primeros de su liga en cuadrangulares con 45 (#1), tercero en remolques (112), cuarto en extrabases (79), sexto en slugging (.557) y cuarto en total de bases (321).

Yuli Gurriel, grupo elite de 30 100 y .300: Suma 30 jonrones, 102 remolcadas y promedio de .302, para ubicarse en una lista exclusiva de ocho bateadores con dichos números en ambos circuitos en 2019. Es bueno aclarar, que aún no sabemos si la lista va a crecer o bajar, pues faltan cinco partidos por celebrar.

Los siete restantes que se unen al Yuli son: en la Americana Rafael Devers (31-114-.309), Xandor Bogaerts (32-112-.306), Nelson Cruz (40-105-.303) y el nacido en Miami Julio Daniel Martínez (35-103-.302). En la Nacional: Nolan Arenado (41-118-.315), Anthony Rendon (34-124-.324) y Cody Bellinger (46-114-.300).

Entre los cubanos: Si Gurriel se mantiene por arriba de .300 en los siguientes cuatro juegos sería el sexto cubano (nacido en la isla) con alguna temporada de Grandes Ligas con más de 30 jonrones, 100 impulsadas y promedio superior a .300. Los cinco que lo han logrado son: José Abreu (2 veces- 2014-17), Rafael Palmeiro (2-1995-99), José Canseco (1-1988), Tony Pérez (1-1970) y Kendrys Morales (1-2009).

Exclusivo en edad: Gurriel se convirtió en el tercer bateador con más edad (35 años) en sumar 40 dobles, 30 jonrones y 100 impulsadas en una temporada. Los otros dos fueron el dominicano David Ortiz y el mexicano Vinicio Castilla.

El espirituano está ubicado en el décimo puesto de la Americana en average (.302), dobles (40), remolcadas (102) y extrabases (72).

Siete con más de 20 jonrones y 74 impulsadas: Hasta los juegos del 24 de septiembre, siete cubanos superan los 20 cuadrangulares y las 74 impulsadas en 2019: Jorge Soler (45-112), José Abreu (33-121), Yuli Gurriel (30-102), Yordan Álvarez (27-77), Yasmani Grandal (27-74), Yasiel Puig (24-84) y Yoan Moncada (24-77).

A la vez, por vez primera ocho cubanos superaron los 20 jonrones en una temporada, pues Lourdes Gurriel que estuvo lesionado y en su regreso llegó a las dos docenas con Toronto, se unió a Soler (45), Abreu (33), Gurriel (30), Álvarez (27), Grandal (27), Puig (24) y Moncada (24).

Yasmani Grandal y los pasaportes: El oriundo de Güira de Melena recibió su pasaporte 105 el martes 24 de septiembre para convertirse en el pelotero cubano con mayor cantidad en una temporada, superando a Rafael Palmeiro que logró 104 en el 2002 con los Rangers de Texas.

Grandal es tercero en la Liga Nacional y quinto entre ambos circuitos en bases por bolas. Entre los receptores, es el primero en jonrones (27) y promedio de embasamiento (.382), siendo el segundo en impulsadas (74).

Yasmani Grandal (espn.com)

Yordan Álvarez, el mejor novato: Debutó el 9 de junio del 2019 con los Astros de Houston, y desde entonces ganó tres meses consecutivos la distinción de Mejor Novato. En estos momentos, acumula 27 jonrones, 77 impulsadas, promedio de .326, embasamiento de .422, slugging de .681, con 1.103 de OPS (embasamiento más slugging), 203 en total de bases, 52 extrabases y 49 pasaportes en 82 partidos.

En sus primeros 52 juegos en Grandes Ligas se ubicó en el tercer puesto en la lista de todos los tiempos con más impulsadas con 55, igualado con el legendario Ted Williams.

A la hora de publicar este artículo, con sus 27 jonrones y 77 remolcadas en 298 turnos al bate, Álvarez tiene un promedio de un cuadrangular por cada 11 turnos oficiales al plato y una impulsada cada 3.9.

El novato con más jonrones de la franquicia de Houston pegó uno que cayó en el tercer piso del estadio en la sección 337, fila 1, asiento 18 (415 pies), para ser la primera vez que la bola viaja hasta ese piso del Minute Maid Park. Los Astros premiaron al cubano pintando de color naranja el asiento donde fue a parar su descomunal batazo.

El tunero debe ganar sin discusión el premio de Mejor Novato de la Liga Americana para ser el quinto cubano en conquistar este galardón. Los otros cuatro fueron Tony Oliva (1964), José Canseco (1986), José Fernández (2013) y José Abreu (2014).

Por su talento ofensivo los expertos lo comparan con los inicios de los más grandes bateadores de la historia teniendo la misma edad; entre ellos Ted Williams, Willie Mays, Ty Cobb, Ken Griffey Jr, Hank Aaron, Albert Pujols, Mickey Mantle, Frank Robinson y Eddie Murray, entre otros.

Yordan Álvarez (usatoday.com)

Nadie puede asegurar su trayectoria futura en Grandes Ligas, pero en lo que todos los expertos están de acuerdo es que Yordan Álvarez reúne las credenciales para escribir grandes proezas con su bate.

El tiempo dirá la última palabra.

Chapman e Iglesias: El supersónico serpentinero de los Yankees de Nueva York, y el derecho de los Rojos de Cincinnati, se convirtieron en los dos únicos cerradores cubanos con más de 30 juegos salvados en dos temporadas consecutivas. Lo lograron en 2018 y 2019.

El holguinero suma 37 rescates, para liderar en la Liga Americana, mientras que el habanero tiene 34 para ser el tercero en la Nacional.

Si Chapman llega a 40 sumaría 276 en su carrera, y si mantiene su brazo saludable en las próximas cinco temporadas podría acercarse o superar los 450 para ubicarse en el grupo selecto de los mejores de la historia en este renglón del pitcheo.

Los números de estos jugadores cubanos que merecen la admiración de todos, deben aumentar en las cinco jornadas restantes de la temporada 2019.

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Marino Martínez

Nació en Güira de Melena, un pueblo al sur de La Habana, Cuba. Vive en Estados Unidos desde 1980. Con más de 25 años de experiencia en el periodismo, ha escrito cientos de artículos especializados y ha entrevistado a grandes estrellas deportivas. Desde el 2006 es columnista y editor deportivo de El Nuevo Herald y por 14 años fue director deportivo del Diario Las Américas. Pertenece a la Asociación de Escritores de Béisbol de Estados Unidos y es el creador del Salón de la Fama del Deporte Cubano, institución no lucrativa que, desde el 2003, honra a figuras que le han dado gloria al deporte antillano.

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