Nuestra añoranza no es por la rubia

Nuestra añoranza no es por la rubia

Ahora es la cerveza o los preservativos. Anteriormente había sido, en procesión interminable, el detergente, el aceite, los huevos, las colchas de trapear

Cerveza Bucanero, Cuba
Cerveza Bucanero, Cuba

LA HABANA, Cuba.- Recientemente, el periódico Juventud Rebelde (8 de abril “Añoranza por la rubia”, José Alejandro Rodríguez) comentaba que ante la falta de información sobre el tema de la cerveza, los rumores populares crecen como la espuma, y citaba algunos de ellos: «mantenimiento en las líneas de producción…», «un extranjero que financiaba la producción se fue del país porque le debían…», «ha sido por retener la venta de Cristal y Bucanero para que se consuma la Mayabe y la Cacique ante la cercanía de la fecha de vencimiento de estas últimas…».

También en este caso, la prensa oficialista “se pronunció” otra vez por el cese del secretismo. “Ya era hora de que las entidades productoras, distribuidoras o comercializadoras de la cerveza en Cuba hubieran explicado el porqué de tan repentina desaparición”, anotó José Alejandro Rodríguez, como si en Cuba las explicaciones oficiales tuviesen la menor utilidad, y como si la gente creyera en ellas. Nuestra añoranza no es sólo por la “rubia”. También, sobre todo, es por el sentido común y el raciocinio que desde hace tanto perdieron quienes nos gobiernan.

Al margen de cualquier explicación que puedan dar ahora, más para disfrazar que para esclarecer el origen de la escasez de cervezas (o de tantísimos otros productos de uso corriente), lo cierto es que tales baches de emergencia han sido siempre una constante en el mercado, son tan viejos como el régimen mismo.

Y de nada vale ya para los cubanos que algún funcionario muestre su bien alimentada jeta en la televisión para explicar que la culpa es del embargo, o de los altos precios de la materia prima, o de la crisis mundial, o cualquier otra ficción por el estilo. Esa muela ya no nos funciona aquí, pues cualquiera con una pizca de memoria tiene presente aquella vieja historia del barco que no ha llegado como justificación para los desabastecimientos que siempre padecimos.

Cuando a la Isla entraban por chorro las subvenciones soviéticas, y no obstante los híper-previsores planes quinquenales (una aberración con la que aún sueña Marino Murillo, nuestro irrisorio zar de las reformas), eran pan del día aquí estos baches, incluso en renglones tan sensibles como el arroz y los frijoles.

Cola-para-comprar-cerveza-en-el-carnaval-de-santiago-de-cuba
Cola-para-comprar-cerveza-en-el-carnaval-de-santiago-de-cuba

La frase “no ha llegado el barco” quedó acuñada, primero, por la jerga soez de los funcionarios; luego, como jodedera y burla por parte de la gente contra quienes la blandían para enmascarar su invalidez administrativa. Y en resumidas cuentas, pasaron los decenios pero el barco no llega. Sólo que ya no lo esperamos con la ilusión de que nos traiga algo, sino a ver si viene a repletar sus bodegas con tanta dirigencia inútil, y se la lleva de aquí, lo más lejos posible.

Ahora es la cerveza o los preservativos. Anteriormente había sido el detergente, el aceite, los huevos, las colchas de trapear… Mañana serán nuevos productos, unos detrás de los otros, en procesión interminable. Y a nada conduce preguntar el motivo por el cual se pierden. No sólo porque muy rara vez éste es confesado públicamente. También porque los motivos que se manejan no son sino detonantes, que ocultan a simple vista pero delatan desde el fondo las verdaderas causas, siempre las mismas: incompetencia e indolencia.

Nota: Los libros de este autor pueden ser adquiridos en las siguientes direcciones: http://www.amazon.com/-/e/B003DYC1R0 y www.plazacontemporaneos.com
Su blog en: http://elvagonamarillo.blogspot.com.es/

Acerca del Autor

José Hugo Fernández

José Hugo Fernández

José Hugo Fernández es autor, entre otras obras, de las novelas El clan de los suicidas, Los crímenes de Aurika, Las mariposas no aletean los sábados y Parábola de Belén con los Pastores, así como de los libros de cuentos La isla de los mirlos negros y Yo que fui tranvía del deseo, y del libro de crónicas Siluetas contra el muro.

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