Nadie tiene el derecho de ofender al pueblo cubano

Nadie tiene el derecho de ofender al pueblo cubano

Los cubanos de buena voluntad deseamos que Cuba cambie y se convierta en una democracia próspera, respetuosa de las diferencias y de los derechos humanos

pueblo cubano
Foto archivo

GUANTÁNAMO, Cuba.- Hay quienes no sienten ningún pudor al convertir el ciberespacio en un campo de odio, aunque hayamos estado en tiempo de Navidad. Duele mucho el odio de la dictadura cubana contra quienes que se le oponen, pero mucho más el de otras personas que presuntamente no están vinculados a ella.

CubaNet publicó recientemente un artículo titulado “Los cubanos no somos bobos, Díaz Canel”, y algunos foristas se explayaron en comentarios plagados de diatribas contra el pueblo cubano.

Hubo uno, presuntamente chileno, que también se refirió despectivamente hacia nuestro pueblo. En Chile las turbas juveniles han protagonizado recientes escenas de violencia y hasta quemaron una Iglesia que era patrimonio cultural de esa nación. Si eso es valentía no es lo que deseo ver en Cuba.

Ese forista, otro de esos “valientes” que pululan en las redes y ofenden detrás de una identidad falsa, olvida que Chile retomó la democracia porque el general Augusto Pinochet aceptó la realización de un plebiscito para consultar al pueblo, no porque este lo sacó del poder. Y conste que cuando lo abandonó dejó la economía chilena en muy buenas condiciones.

Si nos guiamos por este forista, y por otro “valiente” que se identifica como “el rafy”, el pueblo alemán también fue cobarde porque no se sublevó contra Hitler, e igualmente lo han sido numerosos pueblos sometidos al totalitarismo.

He sentido mucha tristeza leyendo esos comentarios y me apena que un cubano —si “el rafy” realmente lo es— escriba de esa forma contra el pueblo que lo vio nacer. Igualmente me apena su ignorancia.

Desde el mismo 1 de enero de 1959 el régimen de Fidel Castro comenzó a fusilar sin piedad a sus adversarios políticos, negó legitimidad a los partidos, eliminó las armerías y recogió las armas que estaban en poder del pueblo. Acabó con la libertad de prensa, de asociación y reunión y nacionalizó la enseñanza, convirtiendo las escuelas en centros de adoctrinamiento ideológico.

También dictó las leyes de Reforma Urbana, Reforma Agraria, y dispuso el acceso universal a la Salud Pública. Estas leyes tuvieron un favorable impacto social, aunque por mucho tiempo los cubanos no pudieron vender sus viviendas y tuvieron que pagar varias veces su precio cuando el dueño decidía abandonar definitivamente el país. Los campesinos recibieron la tierra pero quedaron sometidos al férreo control del estado.

Ese impacto inicialmente favorable —téngase en cuenta además que Fidel Castro daba al pueblo lo que expropiaba a otros—  unido a la exaltación del sentimiento nacionalista frente a la primera potencia mundial, cuyas diferentes administraciones han ejecutado contra Cuba políticas muchas veces desacertadas, generaron gran simpatía popular, algo que fue aprovechado hábilmente para instaurar una sangrienta dictadura que inicialmente se dirigió contra los esbirros de Batista y la burguesía, y hoy se ha vuelto contra todo el pueblo.

Fidel Castro incumplió todas las promesas que había hecho para restablecer la democracia y la Constitución de 1940, y promulgó una Ley Fundamental muy semejante a los Estatutos Constitucionales impuestos por Fulgencio Batista luego del golpe de estado del 10 de marzo de 1952. ¿Hubo continuidad del zarpazo batistiano bajo otro signo ideológico?, esa es una pregunta que se hacen hoy muchos cubanos.

Todos los que se opusieron de alguna forma a la dictadura castrista pagaron esa osadía con la muerte en campaña, el paredón de fusilamiento, largas condenas de cárcel, el exilio o el más feroz ostracismo bajo la permanente vigilancia de la Seguridad del Estado.

En Cuba se implantó un régimen de terror que diezmó a la población, dividió profundamente a las familias y provocó lo que acertadamente Dagoberto Valdés ha calificado como daño antropológico de nefastas consecuencias para el tejido social de la nación.

Dueño de todos los medios de comunicación, carente de oposición política, contando con el control de las fuerzas armadas, la policía, los tribunales, la complicidad de muchos gobiernos occidentales y una extraordinaria ayuda económica procedente de los países del campo socialista, al régimen cubano le resultó muy fácil manipular por décadas la opinión pública nacional y gran parte de la internacional.

Y aunque a quienes me honran leyendo mis artículos les resulte difícil creerlo, todavía hay cubanos que piensan que la prensa subordinada al partido comunista dice siempre la verdad. Ello es fruto del prolongado adoctrinamiento ideológico, de la falta de acceso a fuentes de información alternativas y de la ignorancia que provoca la falta de lectura.

Los cubanos de buena voluntad deseamos que Cuba cambie y se convierta en una democracia próspera, respetuosa de las diferencias y de los derechos humanos de todos los ciudadanos, pero ese cambio no se logrará sembrando el odio en las redes, sino esparciendo mucho amor, acompañamiento y fortaleza de alma. Los valores cívicos han sido muy dañados y su recomposición será lenta.

Después de la reforma migratoria ocurrida en 2012 los cubanos pudieron viajar y conocer la realidad de otros países, vivir en ellos y comparar lo que afirma la prensa oficialista con la realidad. Desde entonces muchos “aguerridos comunistas” se quedaron para siempre en esos países, y al regresar por pocos días a la patria confiesan que habían estado engañados.

Esa reforma migratoria —unida al acceso a las tecnologías de la información— provocó un cambio de mentalidad en los cubanos, quienes ahora tienen entre sus referentes más importantes no a los medios de prensa subordinados al partido comunista sino a sus familiares. Las experiencias de esos cubanos diezmados por el mundo han causado un gran impacto, junto con la ayuda económica que han podido enviar a sus familiares. Ambos sucesos han logrado romper el monopolio ideológico de la dictadura.

Y aunque repercuten en la conciencia social su efecto no es inmediato debido razones históricas concretas que resultan insoslayables.

No se puede obviar otro fenómeno negativo de gran impacto en la vida cubana, y es que la juventud —principal agente de cambio— ha preferido por décadas salir del país en vez de luchar por el cambio desde aquí.

Esas razones fueron obviadas por ambos foristas al lanzar su odio contra nuestro pueblo, al que nadie tiene el derecho de ofender, por muy grandes que sean sus méritos en la lucha contra el castrismo.

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Roberto Jesús Quiñones Haces

Nació en la ciudad de Cienfuegos el 20 de septiembre de 1957. Es Licenciado en Derecho. En 1999 fue sancionado de forma injusta e ilegal a ocho años de privación de libertad y desde entonces se le prohíbe ejercer como abogado.
Ha publicado los poemarios “La fuga del ciervo” (1995, Editorial Oriente), “Escrito desde la cárcel” (2001, Ediciones Vitral), “Los apriscos del alba” (2008, Editorial Oriente) y “El agua de la vida” (2008, Editorial El mar y la montaña). Obtuvo el Gran Premio Vitral de Poesía en el 2001 con su libro “Escrito desde la cárcel” así como Mención y Reconocimiento Especial del Jurado del Concurso Internacional Nósside de Poesía en 2006 y 2008 respectivamente. Poemas suyos aparecen en la Antología de la UNEAC de 1994, en la Antología del Concurso Nósside del 2006 y en la selección de décimas “Esta cárcel de aire puro”, realizada por Waldo González en el 2009. Roberto Quiñones fue encarcelado por el régimen cubano durante un año, entre septiembre de 2019 y septiembre de 2020, como represalia por ejercer el periodismo.

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