Más médicos cubanos a Venezuela: de esclavos modernos a “rompehuelgas”

Más médicos cubanos a Venezuela: de esclavos modernos a “rompehuelgas”

¿Cuántos terminarán “desertando” de la dotación y alcanzando su verdadera meta: escapar a la libertad?

Médicos cubanos antes de salir en misión internacionalista (foto. Reuters)

WEST PALM BEACH.- Mientras en Venezuela centenares de trabajadores de la salud, volcados en las calles, permanecen en huelga desde hace un mes en demanda de salarios dignos y mejoras en sus condiciones de trabajo, los medios oficiales cubanos acaban de anunciar el envío inmediato de 62 médicos cubanos recién graduados de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana (UCMH), quienes prestarán servicios gratuitos en zonas populares de ese país suramericano como parte de la Misión Barrio Adentro.

El conflicto laboral entre personal de la salud y el gobierno, que está teniendo lugar en Venezuela, fue inicialmente promovido por el gremio de enfermeros pero rápidamente se han sumado médicos, laboratoristas, empleados de servicios y personal administrativo de varios hospitales públicos, sin que se haya recibido una respuesta satisfactoria de parte del presidente, Nicolás Maduro, pese a la solicitud de diálogo de los manifestantes, que ahora se proponen aunar esfuerzos con los trabajadores de otras empresas públicas, también en huelga por motivos análogos.

A los reclamos de aumentos salariales se añaden, además, las denuncias por la escasez de medicamentos, por el mal estado de las instalaciones hospitalarias y por el colapso de la infraestructura que impide ofrecer un tratamiento adecuado a pacientes de enfermedades graves y/o crónicas, así como impide garantizar una alimentación apropiada a los pacientes que requieren de ingreso y cirugía. De hecho, las capacidades de hospitalización o de intervenciones quirúrgicas son, en la actualidad, mínimas, según han estado informando desde tiempo atrás diferentes instituciones médicas, humanitarias, religiosas y de Derechos Humanos.

Paradójicamente, en un país donde según el Decreto Nº 8.938 30 de abril de 2012, “con rango, valor y fuerza de Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y las Trabajadoras” (LOTTT) promulgado por el entonces Presidente, Hugo Chávez, y publicada en la Gaceta Oficial N° 6.076 Extraordinario del 7 de mayo de 2012, se reconoce a los trabajadores el derecho a huelga y se prohíbe expresamente la suplantación de los huelguistas por otros trabajadores que ocupen sus puestos de trabajo resulta escandaloso que el propio mandatario se permita violar olímpicamente la legislación de su país.

Es así que, en lugar de encarar la situación y dar respuesta a sus propios trabajadores, el Ejecutivo los remplaza sin más, sub-contratando a través de su compinche, el presidente cubano, 62 galenos bisoños de la Isla que se desempeñarán como otros tantos compatriotas curanderos, esclavos modernos que les han antecedido o que siguen desempeñándose como cautivos voluntarios de ambos gobiernos. Es sumamente improbable que estos noveles matasanos puedan resolver algún problema en el crítico cuadro de la sanidad en Venezuela, pero al menos sí ayudarán al señor Maduro a mostrar sus desvelos por los (más) pobres de sus gobernados, y al señor Díaz-Canel a justificar la continuidad de las ya menguadas entregas de petróleo a Cuba.

Y todo esto pese a que solo tres meses atrás, exactamente el 30 de abril de 2018, el monopolio de prensa oficialista Telesur publicó a todo trapo un triunfante titular que rezaba: “Venezolanos cumplen seis años protegidos con Ley del Trabajo”. Y a continuación ofrecía un laudatorio texto para celebrar los prodigiosos avances sociales alcanzados en un sexenio a través de la LOTT,  “una herramienta legal digna del proceso revolucionario de transición al socialismo que está viviendo Venezuela”, según expresara en abril de 2012 Hugo Chávez al promulgar dicho Decreto-Ley, cuyo reglamento firmó después Nicolás Maduro como jefe de Estado para ahora lavarse… las manos con él.

Así, sin disimulos ni sonrojos, la conjura Caracas-La Habana se atribuyó la prerrogativa de profanar en un solo lance la Ley laboral venezolana y las supuestamente sacrosantas palabras y voluntad del que se consideraba a sí mismo heredero espiritual de Bolívar, aquel visionario que alucinó con un “socialismo del siglo XXI” y que, una vez “sembrado” en el Cuartel de la Montaña y evidentemente ya sin energías para transmutarse en pajarito consejero de su desaventajado pupilo, Nicolás Maduro, ha quedado –tal como las cenizas de su maestro, Castro I– solo para la permanente evocación simbólica que “legitima” la continuidad del desmadre en sus respectivos países.

Con la rampante desvergüenza de quienes se sienten impunes, el dueto Maduro-Díaz Canel acaba de cargarse el Artículo 489 de la LOTTT, aquel que estipula la “protección del ejercicio del derecho a huelga” y establece la proscripción a la contratación de otros trabajadores “para realizar las labores de los y las que participan en la huelga”. Para mayor escarnio, el mismo Artículo añade que “Los trabajadores y trabajadoras durante el ejercicio de su derecho a huelga estarán protegidos de fuero sindical conforme a esta Ley…”. Y todo este desacato a lo legislado se hace invocando ni más ni menos el programa de atención médica a cambio de petróleo –eufemísticamente llamado “Misión Barrio Adentro”– impulsado en 2003 por los entonces presidentes Hugo Chávez y Fidel Castro.

Solo resta esperar a ver cuántos de estos novísimos médicos instantáneos, formados apresuradamente en cursos de matrículas masivas, más entrenadas en función de servir a los intereses del Poder y de sus aliados que para desempeñar a conciencia la altruista labor que correspondería a una profesión destinada a salvar vidas y aliviar sufrimiento humano, terminan “desertando” de la dotación y alcanzando su verdadera meta: escapar a la libertad. Al menos tal es el sueño que acarician muchos de ellos en secreto mientras en alta voz y ante la bandera tantas veces ultrajada, juran solemnemente “defender la revolución y las conquistas del socialismo” allí donde los destine el deber.

Y si al final de toda la farsa la muy sagrada “misión” termina en la Yuma, mejor todavía. Que después de todo parece que en muchos casos el fin sí justifica los medios.

(Miriam Celaya, residente en Cuba, se encuentra de visita en EEUU)

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