El salario de un año entero: esto cuesta un grifo en Cuba

El salario de un año entero: esto cuesta un grifo en Cuba

“No lo puedo creer. Tendría que ahorrar durante casi diez años”, comenta un señor frente al mostrador de la tienda

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Aunque fuese de oro, que no lo es, solo a un enajenado se le ocurre colocar ese precio en medio de tanta pobreza (foto del autor)

LA HABANA, Cuba. – El salario completo de todo el año de un profesor universitario, es el precio de un grifo para lavamanos en una ferreterĂ­a casi a la entrada de la calle Obispo en la Habana Vieja.

Poco más de 12 mil 400 pesos cubanos, equivalentes a casi 500 dólares, tal vez un poco más, si tenemos en cuenta que, en los bancos de la isla, el cambio de la moneda estadounidense se ha establecido en 0.87 CUC por 1 USD, cifras que equivalen a 21.75 pesos cubanos.

“No lo puedo creer. Tendría que ahorrar durante casi diez años”, comenta un señor frente al mostrador de la tienda, al que se ha acercado sólo porque me ha visto tomándoles fotos a las llaves tras el cristal.

Al desconocido le preocupaba que alguien pudiera pensar en comprar aquello, en un país donde ni siquiera el agua potable llega a las viviendas con regularidad, no importa ni el barrio ni la ciudad dónde se viva muchos menos los vecinos más o menos “importantes” que uno pueda tener, la realidad es que en Cuba el agua constante y segura es privilegio de unos pocos, mientras un grifo de 12 mil 400 pesos es, como grita el asombrado, “un tremendo abuso”.

Después de asegurarle que solo fotografiaba esas “rarezas de la plomería nacional” por instinto de periodista y tener una constancia para cuando les hiciera el cuento a los amigos, el hombre terminó más tranquilo pero no dejó de asombrarse de precios similares en otras piezas exhibidas en la misma vidriera donde la llave “más barata” costaba mil 284 pesos con 75 centavos, es decir, 49.95 CUC, al cambio actual.

De acuerdo con lo comentado por uno de los empleados al que preguntamos por aquellos precios exorbitantes, apenas se ha vendido uno que otro grifo —no llegarían a tres—, y posiblemente permanezcan allí por mucho más tiempo quizás no tanto con el objetivo de venderlos —no siempre hay un tonto dispuesto a que le saqueen el bolsillo— sino para que el mostrador no se vea tan vacío, como ha pasado en todos los comercios del país.

Es la calle Obispo, entre las más transitadas por turistas que visitan Cuba, y al parecer alguien buscaría mantener las vidrieras llenas a toda costa, aunque sea “inflándolas” con absurdos como ese que hacen llevarse las manos a la cabeza a pesar de tantas décadas de surrealismo cotidiano.

Unas cuadras más adelante, en la ferretería La Francia, que hace esquina en la calle Aguacate, la vidriera de “merma comercial”, donde se exhiben los productos dañados, muchos prácticamente inservibles, una olla arrocera es vendida en 880 pesos cubanos (35.20 CUC), el equivalente a dos salarios mensuales (y hasta un poco más) de esos mismos dependientes de la tienda, algo que explicaría en buena medida por qué el robo, el “desvío de recursos”, la “malversación”, en resumen, “la lucha”, como paliativos de los bajos salarios, continúan y continuarán siendo el “azote” de ese disparate económico —y también político— que es la “empresa estatal socialista”.

Dos, diez y hasta cien veces lo que gana un trabajador profesional en un mes de trabajo pudiera costar lo que en cualquier otro lugar del Caribe —para no establecer comparaciones abusivas con países del llamado “Primer Mundo”— un simple empleado, sin demasiadas calificaciones, pudiera comprar normalmente con una fracción de lo que recibe como salario.

La prueba más irrebatible pudiera encontrarse en otro de los absurdos de la “realidad cubana”, mucho más parecida a una pesadilla: los miles de cubanos y cubanas que viajan a Haití como “turismo de compra”, es decir, como “mulas”, porque allá, con todo lo mal que están, un jabón es un jabón, y a ningún comerciante se le ocurriría multar su valor cual si fuera un “objeto de lujo”, como sucede en Cuba con tantas cosas. Y para ejemplos insuperables, el listado de autos de usos que se venden como nuevos y, por supuesto, los grifos de la calle Obispo.

De igual modo, un grifo es un grifo, y aunque fuera una llave bañada en plata con ribetes de oro, habría que salir a buscar a ese “funcionario” de la cadena de tiendas TRD al que se le ocurrió vender tal disparate en un país de gente tan pobre, o mejor dicho, “intencionalmente empobrecida”.

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Acerca del Autor

Ernesto PĂ©rez Chang

Ernesto PĂ©rez Chang

Ernesto Pérez Chang (El Cerro, La Habana, 15 de junio de 1971). Escritor. Licenciado en Filología por la Universidad de La Habana. Cursó estudios de Lengua y Cultura Gallegas en la Universidad de Santiago de Compostela. Ha publicado las novelas: Tus ojos frente a la nada están (2006) y Alicia bajo su propia sombra (2012). Es autor, además, de los libros de relatos: Últimas fotos de mamá desnuda (2000); Los fantasmas de Sade (2002); Historias de seda (2003); Variaciones para ágrafos (2007), El arte de morir a solas (2011) y Cien cuentos letales (2014). Su obra narrativa ha sido reconocida con los premios: David de Cuento, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en 1999; Premio de Cuento de La Gaceta de Cuba, en dos ocasiones, 1998 y 2008; Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, en su primera convocatoria en 2002; Premio Nacional de la Crítica, en 2007; Premio Alejo Carpentier de Cuento 2011, entre otros. Ha trabajado como editor para numerosas instituciones culturales cubanas como la Casa de las Américas (1997-2008), Editorial Arte y Literatura, el Centro de Investigaciones y Desarrollo de la Música Cubana. Fue Jefe de Redacción de la revista Unión (2008-2011).

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