Las inéditas palabras de Manuel Marrero en televisión nacional

Las inéditas palabras de Manuel Marrero en televisión nacional

Casi a punto de terminar su intervención, el Primer Ministro de Cuba hizo algo inédito en más de medio siglo que lleva el Partido Comunista en el poder

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Manuel Marrero (Foto: AFP)

LA HABANA, Cuba. – Casi a punto de terminar su intervención televisiva, el Primer Ministro de Cuba, Manuel Marrero, hizo algo inédito en más de medio siglo que lleva el Partido Comunista en el poder. No solo dedicó sus minutos al aire a hablar de medidas concretas para frenar la pandemia de COVID-19 sino que, pudiera decirse, echó mano a muy pocas consignas “partidistas” y, lo más sorprendente, pidió la unidad de todos “más allá de preferencias políticas”, de acuerdo con sus propias palabras.

En las redes sociales no tardaron en llamar la atención sobre este particular. Una verdadera rareza que pudiera ser considerada si no un primer “pasito” de moderada y circunstancial inclusividad de otras posturas políticas, incluso diametralmente opuestas al régimen, al menos una señal de que el “monolito” no es tan compacto como algunos quieren que sea, o también de que han comenzado a darse cuenta que tensar demasiado la soga solo puede llevar a romperla.

Ahora el coronavirus, como anteriormente el tornado que devastó La Habana, el accidente del avión de Global Air, la muerte de las tres niñas por la caída de un balcón, así como otros sucesos acaecidos durante el intervalo tanto en la capital como en el resto del país, han revelado que los cubanos y cubanas ya no son aquella “masa” obediente, temerosa del castigo, silenciosa por silenciada y sin medios para hacerse escuchar.

El Partido Comunista, viéndose obligado a ponerse al día con el internet y las tecnologías de la comunicación, ha tenido que pagar tales “actualizaciones” con una cuota considerable de pérdida de control de la información y, por tanto, del proceso de ideologización tan esencial para que las cosas marchen como marcharon durante más de cinco décadas, cuando la única fuente de “información” con que contábamos los de adentro, condenados al encierro por la maldita circunstancias del agua por todas partes, era el propio Fidel Castro imponiendo su personal versión y visión del universo.

No puedo discernir bien en estos momentos, sin todos los elementos necesarios, si ha sido el estar a punto del desastre, el haber casi alcanzado el nivel más crítico de una crisis económica entre las peores de nuestra historia, lo que ha conducido a esta “singularidad” en el discurso de una de las principales figuras del gobierno cubano, a quien probablemente y de manera muy oportuna le han dado la misión de intentar una conciliación entre todos (o casi todos) los sectores de la sociedad, muy necesaria si de verdad se busca salir lo menos perjudicados de la actual emergencia mundial.

Tengamos en cuenta que la intervención de este lunes en el programa Mesa Redonda debió ser presidida por Miguel Díaz-Canel, tal como fuera anunciado en un primer momento, pero no sucedió así. Manuel Marrero, ese ex ministro de Turismo que se mantuvo en su cargo tanto tiempo por su “capacidad negociadora”, “su habilidad para hacer amigos”, según lo han definido quienes lo conocen por su labor en el sector, tuvo esa oportunidad de intercambio público que quizás estaban esperando “algunos”, posiblemente con el propósito de consolidar mediáticamente a quien aún nadie había podido comparar con el actual Presidente de la República, nada carismático en comparación con el ex inversionista de GAESA.

La prueba de que la intervención de Manuel Marrero fue exitosa para tales propósitos está en la reacción inmediata que tuvo en las redes sociales donde incluso personas críticas con el régimen publicaron palabras de elogio dirigidas al Primer Ministro y hasta señalaron las diferencias con Miguel Díaz-Canel, quedando este último muy mal parado y, por tanto, en una posición bastante peligrosa si fuera el propósito del “poder en las sombras” el obrar algunos “desplazamientos”, ciertos “ajustes” futuros.

Con la “sorpresa” de ayer, sumada a la otra anterior de haber visto convertirse a Manuel Marrero de ministro de turismo en primera figura ejecutiva del régimen, pudiéramos estar asistiendo a una muy bien desplegada estrategia de “sucesión” en los próximos años, con lo cual una casta militar se habría de sentir más segura, más consolidada en los tiempos de incertidumbre que transitan y que se avienen donde el control ideológico de la sociedad cubana, como he dicho en otras ocasiones, ya no es monopolio del Partido Comunista sino del internet y las redes de influencia y grupos de presión que propicia.

Debemos observar con atención este proceso al interior del régimen cubano que probablemente quede oculto en toda esa avalancha informativa que irá generando la pandemia de COVID-19 en el mundo y en Cuba.

Tal vez apenas haya sido un “desliz” eso de llamar a todos “más allá de las preferencias políticas” pero lo cierto es que ocupó el lugar preciso en la intervención de Marrero y generó interés significativo en un contexto donde nadie lo hubiera esperado, luego de varias intervenciones de Díaz-Canel más dirigidas a apuntalar la mala imagen del Partido Comunista que a plantear acciones concretas para contener la pandemia, de acuerdo con las demandas populares.

Lo único probablemente cierto es que el coronavirus ha servido, por carambola, para propiciar el momento justo de iniciar una “campaña política” camuflada donde quizás alguien tras bambalinas medirá reacciones populares, experimentará pequeños cambios que no superen el “nivel cosmético” pero que sepan jugar con esa dosis de “esperanza” tan esencial para controlar a las masas en una situación de crisis económica y política profundas.

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Acerca del Autor

Ernesto Pérez Chang

Ernesto Pérez Chang

Ernesto Pérez Chang (El Cerro, La Habana, 15 de junio de 1971). Escritor. Licenciado en Filología por la Universidad de La Habana. Cursó estudios de Lengua y Cultura Gallegas en la Universidad de Santiago de Compostela. Ha publicado las novelas: Tus ojos frente a la nada están (2006) y Alicia bajo su propia sombra (2012). Es autor, además, de los libros de relatos: Últimas fotos de mamá desnuda (2000); Los fantasmas de Sade (2002); Historias de seda (2003); Variaciones para ágrafos (2007), El arte de morir a solas (2011) y Cien cuentos letales (2014). Su obra narrativa ha sido reconocida con los premios: David de Cuento, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en 1999; Premio de Cuento de La Gaceta de Cuba, en dos ocasiones, 1998 y 2008; Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, en su primera convocatoria en 2002; Premio Nacional de la Crítica, en 2007; Premio Alejo Carpentier de Cuento 2011, entre otros. Ha trabajado como editor para numerosas instituciones culturales cubanas como la Casa de las Américas (1997-2008), Editorial Arte y Literatura, el Centro de Investigaciones y Desarrollo de la Música Cubana. Fue Jefe de Redacción de la revista Unión (2008-2011).

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