McDonalds controlados por el Partido Comunista

McDonalds controlados por el Partido Comunista

“Ni tú ni yo, ni nadie que no sea militar o seguroso va a dirigir esas empresas yanquis”

empresa cubana
foto de archivo

LA HABANA, Cuba. -De normalizarse las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, numerosos empresarios norteamericanos estarían dispuestos a invertir sus capitales en la Isla. Es lo que vienen reiterando las noticias en todo el mundo. Por la premura que demuestran algunos, ni siquiera esperarían a un cambio en las leyes cubanas sobre las inversiones y el comercio, disposiciones que, a juzgar por el número de firmas extranjeras que año tras año han decidido retirarse de la aventura inversionista, el gobierno cubano suele interpretar y aplicar siempre a su favor y en detrimento de la contraparte.

De llegar al punto de un comercio pleno con los Estados Unidos, tan deseado por los gobernantes cubanos, urgidos de dinero para continuar “construyendo el socialismo al precio que sea necesario”, y de mantenerse el estado actual de las cosas, algunos sectores tanto de la oposición como de la oficialidad pudieran preguntarse si los empresarios del norte tendrían que aceptar la colaboración con un sistema político que en cuestiones laborales se convierte en intermediario forzoso entre las empresas y los trabajadores.

Teniendo en cuenta la tajada de más del 90 por ciento de los salarios y los métodos que usa para seleccionar el personal a contratar, se pudiera afirmar que más que un mediador, al Estado cubano sería mucho más justo compararlo con una especie de señor feudal.

Sin embargo, para muchos cubanos, más preocupante que la extorsión a que el gobierno somete a los trabajadores al incautarle casi la totalidad de los salarios, es saber si, llegado el momento, continuará el actual sistema de privilegios y selectividad por el grado de lealtad a la revolución y al socialismo.

Para trabajar con los americanos te van a pasar hasta por el detector de mentiras, dice Manuel (foto del autor)
Para trabajar con los americanos te van a pasar hasta por el detector de mentiras, dice Manuel (foto del autor)

El Partido Comunista dentro de las empresas estadounidenses

“No me imagino a un cuadro de dirección del Partido [Comunista] o a un coronel de las Fuerzas Armadas dirigiendo un McDonald´s o siendo un gerente de una sucursal de la Coca-Cola, pero eso es lo que viene”, responde Manuel Ramírez, un trabajador de 52 años, cuando se le pregunta cómo avizora un futuro de relaciones normales con los Estados Unidos.

“Me gustaría ver qué cara pondrían los yanquis cuando les digan que a las 10 de la mañana hay que cerrar el negocio porque hay un mitin del Sindicato para ir a echarle flores a Camilo o que los trabajadores deben ir a una reunión del Partido, o que debe enviar a un grupo de gente a gritarle cosas a las Damas de Blanco. Es como para morirse de la risa”, bromea Manuel para después agregar: “Yo no sé cómo va a ser la cosa, pero puedes apostar lo que quieras a que ni tú ni yo, ni nadie que no sea militar o seguroso [en la jerga popular, se dice de los oficiales del Minint e informantes o colaboradores del gobierno], va a dirigir esas empresas yanquis. No hay que pecar de ingenuos. Si para un trabajito cualquiera te piden un aval del CDR, para trabajar con los americanos te van a pasar hasta por el detector de mentiras”.

En la actualidad, acceder a un cargo de dirección o a un empleo de relativa importancia en cualquier empresa cubana, requiere de un aval de las llamadas “organizaciones políticas y de masas”. En Cuba, nadie ni por libre voluntad ni por sus capacidades físicas o intelectuales puede aspirar a un puesto de trabajo estatal bien remunerado si antes el gobierno no lo somete a un examen acerca de su “idoneidad política e ideológica”, donde el mayor grado de confiabilidad lo ostentan los oficiales de las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior, seguidos por los llamados “cuadros de dirección” del Partido Comunista, a quienes se les entrena en una escuela especial y, hasta en algunos casos, se los somete a rigurosas verificaciones por parte de los órganos de la Seguridad del Estado.

Habría que preguntarse si la propaganda revolucionaria adornaría las paredes de los McDonald´s (foto del autor)
Habría que preguntarse si la propaganda revolucionaria adornaría las paredes de los McDonald´s (foto del autor)

A Michel Prendes, que actualmente se desempeña como chofer en una cooperativa agropecuaria, le negaron un empleo en la Zona de Desarrollo del Mariel tan solo porque no tuvo una verificación favorable en su CDR. Según nos asegura, el Jefe de Vigilancia de la cuadra donde vivía, en el municipio de Jaruco, lo declaró con “problemas ideológicos” tan solo porque se había negado a realizar las llamadas “guardias cederistas”:

“Me dieron el bate por el problema de las guardias. Yo y ese tipo no nos llevamos bien. Él sabía que a mí me hacía falta esa pincha [trabajo] y me jodió. Yo no sabía que me iban a verificar en el CDR, a mí eso jamás me pasó por la cabeza. Yo pensé que eso ya ni se hacía y mira, me jodieron. Si me dijeran que yo aspiraba a dirigir o algo de eso, pero era para una simple plaza de chofer. […] Todo el mundo sabe aquí que los que dirigen todos son militares, algunos son los más corruptos, pero nadie los verifica”.

¿Es real el empoderamiento al cubano?

En la actualidad, se puede afirmar que el ciento por ciento de los ministros, viceministros, directores, gerentes y presidentes de los más importantes ministerios, organismos y empresas nacionales o mixtas (o de capital extranjero) son o han sido militares de mediano y alto rango, dirigentes partidistas de los niveles provinciales y nacionales o personas que guardan alguna relación de familiaridad o de consanguinidad con los principales dirigentes del país.

Desde la perspectiva de una destacada escritora cubana y profesora universitaria, que no desea ser identificada: “De establecerse en el futuro inmediato una empresa cubano-norteamericana tal como existen hoy con otros países, sin dudas se revelaría una cadena de contradicciones entre la voluntad de –según palabras del presidente Barack Obama– “empoderar al pueblo cubano” y “facilitar una transición democrática en Cuba”, por un lado, y las facilidades para que la revolución se fortalezca y, por ende, se legitime aún más”.

Por no hacer la guardia cederista Michel fue rechazado en un buen empleo (foto del autor)
Por no hacer la guardia cederista Michel fue rechazado en un buen empleo (foto del autor)

De manera directa en sus intervenciones públicas y discursos sobre el proceso de restablecimiento de relaciones con los Estados Unidos y la eliminación del embargo, Raúl Castro ha reiterado lo que espera de una futura normalización: el fortalecimiento económico de la revolución. El gobernante cubano sabe que un considerable ingreso de dólares le aseguraría a la dinastía insular unos cuantos años más en el poder y le proporcionaría el capital suficiente para garantizar tanto a sus familiares como a los principales y más fieles seguidores una solidez económica como única garantía para mantenerse con vida en las más desfavorables circunstancias de cambio político.

A la luz de los más recientes acuerdos con Rusia y a sabiendas de que fueron las viejas academias militares soviéticas el caldo de cultivo de las mentalidades castrenses de la isla, no hay que perder de vista que no son las experiencias del comunismo-capitalista chino el que nuestros militares observan con embeleso sino el feliz desenlace de los rusos en los años 90 cuando numerosos generales y agentes de la KGB terminaron transformados en empresarios exitosos, dueños de inmensas fortunas y hasta en prominentes figuras de la política internacional.

Aunque pudiera parecer insignificante y, como consecuencia de tantos años de totalitarismo, algunos lo asuman como un proceso normal e insignificante, en Cuba el sistema de avales para acceder a un puesto de importancia funciona como un pacto de lealtad y complicidad entre el gobierno, las empresas y los trabajadores, y nada parece insinuar que desaparecerá.

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