Lupismo muy lejos del trópico

Lupismo muy lejos del trópico

“Mi esposo me botó del trío y Fidel Castro me botó de Cuba”, contó La Lupe, quien, en definitiva, tuvo, literalmente, que irse con su música a otra parte

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Foto del autor

CHICAGO, Estados Unidos.- La gran tirana: descarga dramática resulta un gran ajiaco caribeño, pues logra reunir, con la mayor naturalidad, a la mítica cantante cubana La Lupe, a un colectivo teatral cuya primera versión vio la luz en la Cartagena colombiana, al escritor dominicano Rey Andújar, a la actriz puertorriqueña Ana Santos y al director cubano Sándor Menéndez.

Es precisamente una explosión tropical lo que pretende esta puesta en escena sobre una cantante que fue pura dinamita sobre el escenario desde que debutó en 1960, en el club nocturno La Red. Aquel mismo año grabó su primer disco, Con el diablo en el cuerpo, que es el comienzo de una leyenda.

Pero la revista Bohemia aseguró que “La Lupe es un caso psico-somático que divide en dos a Cuba” y ya su desgracia estaba cantada. La ardiente isla resultaba demasiado pequeña para que pudieran compartirla dos desenfrenos como el castrismo y el “lupismo”.

Dice el ya fallecido musicólogo Helio Orovio que ella era un fenómeno propio de la época, “una época loca” de la que La Lupe se permeó. Realmente, ella era el fruto de La Habana de entonces, pero la revolución, para forjar al hombre nuevo, entre otras cosas, emprendió la extinción de la fabulosa vida nocturna de la ciudad y La Lupe era demasiado indomable para la nueva era.

Y no le cantaba a la revolución y a la austeridad, sino a la diversión, al amor, a las pasiones humanas. “Mi vida es el obstáculo y no el espectáculo”, se lamenta el personaje en el texto de Andújar. “Mi esposo me botó del trío y Fidel Castro me botó de Cuba”, contó ella. En definitiva, La Lupe tuvo, literalmente, que irse con su música a otra parte.

Luego relataría cómo Fidel Castro le mandó a decir con una secretaria que ella “le estaba quitando actualidad a él y que el “lupismo” no iba a constituir escuela en Cuba”. En 2019 La Lupe cumpliría 80 años, pero de eso no se habla en su país y, a casi 60 años de su salida al extranjero, la maldición de “Fidel Castro y su sistema de gobierno diabólico”, como ella describió, sigue vigente en Cuba.

Otro retrato de la fugitiva

Es difícil retratar cualquier vida, mucho más si se trata de alguien a cuyo alrededor se mueven innumerables personas, cámaras y micrófonos. Podemos recordar la biografía de Billie Holiday a partir de entrevistas a 150 personas que la conocieron: la solución fue dejar hablar a los testigos, aunque se contradijeran.

La contradicción formaba parte de la vida de Guadalupe Victoria Yolí Raymond, La Yiyiyi, desde que nació en Santiago de Cuba hasta que falleció de un infarto en Nueva York. La gloria y el olvido, el alcohol, las drogas, las religiones, el amor, la maternidad. Entre la dicha y la desgracia, la riqueza y la miseria, su existencia conoció las cumbres y el abismo.

Eso se ha intentado capturar muchas veces, como el dominicano Rafael Darío Durán en el libro Con el diablo en el cuerpo, o el monólogo Yo soy La Lupe de Ciro Acevedo, o el filme La Mala que protagonizaron Lena Burke y Jorge Perugorría, o el título La Lupe, la leyenda de Carmen Mirabal, o las piezas teatrales La reina del desamor con la actriz venezolana Mariaca Semprún y La Lupe en tres tiempos con la cantante Aymée Nuviola.

En 2010, se estrenó La gran tirana, memorias de La Lupe, un monólogo teatral de Carlos Padrón que intentaba acortar el desconocimiento sobre “la Reina del Latin Soul” en su propia patria, aunque la han admirado durante más de medio siglo en Nueva York, Puerto Rico, Panamá y Venezuela.

La “descarga dramática” La gran tirana escrita por Rey Andújar y dirigida por el cubano Sándor Menéndez —que trabajó en el conocido grupo habanero Buendía— es una producción de Aguijón Theater que se propone “una investigación teatral de los sonidos, movimientos y ritmos del Caribe, un trabajo en progreso, solo una pieza motivada por la figura de La Lupe”.

Según Menéndez, “Rey y yo nos acercamos y extendimos las ficciones en espacios de total libertad de expresión para entender la importancia de la fragilidad y la locura, el exilio, el miedo y la soledad de los muchos fantasmas que nos habitan”.

Andújar intenta en su texto un acercamiento al mito desde la poesía. Una visión tentadora y arriesgada, pues ya abundan en la propia vida de la artista las metáforas, los símbolos y los contrastes. Y ocurre lo mismo que con otros retratos que intentan ser meridianos y objetivos, incluso si son documentales.

Siempre es difícil superar la imagen pintoresca de La Lupe enajenada de pasión, intoxicada con drogas y alcohol, devota de la santería afrocubana o del culto pentecostal, sola y perdida en medio de la muchedumbre. Es muy difícil avanzar mucho fuera del cliché, como demuestran los casos de Janis Joplin, Billie Holiday o Amy Winehouse. Y al final queda el homenaje personal.

“La Habana huele a templeta en apagón… Ah, LH huele a Plaza, a consigna, a fosa, a verdeolivo”, declama el personaje. “Para mi cuerpo, una isla es música rodeada de alma por todas partes”… Sin embargo, yendo más allá de la poética caribeña de Andújar, Ana Santos se aventura hasta entregarnos la fragilidad y la fuerza de La Lupe, hasta dejarnos la certidumbre de un hallazgo.

Sándor Menéndez y Ana Santos. Fotos del autor

De un acierto de Aguijón Theatre, un grupo que ahora cumple 30 años en Chicago y que en su primer decenio fue un grupo itinerante por bibliotecas, parques y escuelas, antes de tener espacio fijo, pero que siempre ha tenido como divisa que en la Ciudad de los Vientos no solo se puede, sino que se debe hacer teatro en español.

Este homenaje a La Yiyiyi nos la devuelve reconocible, pese a los tópicos y clichés, pese a las tantas contradicciones de una vida de fábula. “Óigame bien”, confesó una vez luego de su conversión a la fe pentecostal aquella que provocaba terremotos en La Red, “yo estoy enamorada de mi carpintero, porque mi carpintero es de Nazareth”.

Tocada por la gracia y por el infortunio, la segunda ola de fama que le dio el director español Pedro Almodóvar le llegó tarde. La Lupe yace en el cementerio St. Raymond’s del Bronx, donde hay una calle que lleva su nombre. Un nombre que casi no se menciona en el país donde nació y donde el «lupismo» sigue condenado todavía.

(Ernesto Santana, residente en La Habana, se encuentra de visita en Estados Unidos)

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