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Luis Manuel Otero Alcántara no debe morir

Luis Manuel Otero

MIAMI, Estados Unidos.- Ahora mismo en la lóbrega sede del Ministerio del Interior de la Plaza de la Revolución, donde suelen retratarse celebridades internacionales al pie de la efigie de Ernesto Guevara, que emperifolla el tenebroso edificio, los dueños de la represión y la infamia apuestan por la muerte de Luis Manuel Otero Alcántara, que lleva varios días en la ordalía de una huelga de hambre para hacerse valer de manera desesperada.

Este martes, en la emblemática Torre de la Libertad de Miami, pórtico histórico del honorable exilio cubano, causado por la misma ideología que trata de liquidar el intolerable ejemplo del artista, jóvenes de similares inquietudes realizaron una vigilia bajo su nombre para llamar la atención sobre el crimen que pudiera ocurrir en La Habana.

Dos días antes de este acto conmovedor dedicado a Luis Manuel Otero, protagonizado por algunos muchachos que estuvieron involucrados en los acontecimientos de San Isidro, cerca de un centenar de cubanos indiferentes al país dejado atrás o cómplices de la dictadura que agobia a sus familiares y amigos rumbeaban alegres en un desangelado concierto del grupo castrista Buena Fe en Madrid, repitiendo de memoria sus ridículas metáforas.

La dictadura prefiere trivializar de tal modo el horror, y todavía se da el lujo de amenazar a los emigrados que se salgan de su redil doctrinario prohibiéndoles el regreso a la patria como castigo.

Recientemente he revisitado la película José Martí: el ojo del canario, dirigida por Fernando Pérez (2010), a pedido del escritor y periodista Alberto Müller, quien me invita a comentarla en un programa de televisión dedicado al Apóstol de Cuba.

En los últimos momentos del filme, donde la similitud con la actualidad resulta ostensible, el joven José Martí responde airado a los viejos militares que tratan de acusarlo de apostasía: “Mi derecho a la palabra no ha existido nunca. Por culpa de ustedes mi familia tiene que sobrevivir en la miseria. Viendo como las personas que yo quiero tienen que ser humilladas, vejadas delante de mí por tener ideas que a ustedes no les conviene. Todo eso lo he tenido clavado aquí sin que ninguno de ustedes me haya dado el derecho a la palabra, a poder expresar lo que siento, porque yo nací en Cuba, soy un hijo de Cuba y, como la mayoría de los cubanos, lo único que quiero es la libertad de mi tierra y de la gente que piensa como yo”.

Luis Manuel Otero Alcántara no debe morir, en ninguna circunstancia. A los museos de arte moderno del mundo les corresponde salir en defensa de su vida. La poderosa prensa corporativa le adeuda un seguimiento a su causa.

Por lo pronto, su generación sigue sacando la cara ante la injusticia. Al cineasta Carlos Lechuga, quien se encuentra en España donde dio los toques finales a su más reciente largometraje Vicenta B, no le tiembla el pulso para dedicarle esta hermosa carta publicada en Facebook:

Querido Luis Manuel:

Llevo varios días con ganas de escribirte, pero al final me entra como un bajón medio raro. No sé si sirva de algo. Hoy al final me decido porque creo que la idea de los malos es esa: desmotivar a todos.

No estoy acostumbrado a escribir en el celular así que se puede ir cualquier error.

Hoy la salud del país está peor que nunca. Los que no están presos están afuera. Estoy viajando en un tren en España y pronto regreso a la isla, pero tuve muchas pesadillas por tener que volver. El país entero es una cárcel así que no puedo imaginar lo que estás viviendo dentro de la cárcel.

Acá en Barcelona todo el mundo se va de fiesta, bebe, goza.

Allá en La Habana la gente no se mide y también anda gozando.

Yo gozo, y a veces con una comida rica o una salida linda pienso en ti y los demás presos.

Pienso que no vale la pena morir.

Pienso que tienes que vivir.

Sin ningún tipo de rencor ni espíritu divisorio creo que va a ser gracioso cuando te pares delante de toda la gente que no te llega ni al dedo del pie.

Tienes una luz. Una estrella. Una persona a la que quiero mucho y que no tiene nada que ver con el arte ni la política me ha regalado una imagen bella.

Ella te vio hace tiempo en un parque riendo y hablando con una chica. En el parque ese de 20 de mayo creo, el de la estatua del caballo y el hombre caído.

Me gusta imaginarte así. Charlando, echándola fresca, enamorando y gozando.

El amor.

En La Habana hacen falta menos estatuas, menos caballos y más momenticos lindos así… chiquiticos… tu sonriendo a punto de jamarte un cañoncito.

Beso pipo.

Nos vemos pronto.

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