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martes, 17 de agosto, 2021 8:00 am

Los trabajadores “fantasmas” del turismo cubano

Del abandono, los abusos y la inseguridad que sufren miles de trabajadores ilegales del turismo el régimen no dice nada, porque es una realidad que siempre ha estado convenientemente silenciada. 
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LA HABANA, Cuba. – Gustavo trabajó durante seis años como jardinero del Hotel Nacional de Cuba hasta que fue despedido a finales de junio de 2020, debido a la crisis ocasionada por la COVID-19. Al igual que él, unos 120 trabajadores de la emblemática instalación hotelera —principalmente personal de servicio— fueron enviados a sus casas con la incertidumbre de no saber si alguna vez podrán retornar a su empleo o firmar un nuevo contrato laboral.

A diferencia de Gustavo, la mayoría recibió la compensación estipulada en el acuerdo pactado con la intermediaria empleadora cubana, pero el anciano jardinero ni siquiera pudo contar con esa cantidad insuficiente —por lo general, de unos 500 pesos cubanos durante tres meses— pues nunca fue contratado de modo formal para la empresa Gran Caribe S.A., propietaria estatal del Hotel Nacional.

En realidad, Gustavo, junto con otros tres jardineros, más una decena de trabajadores del área de Mantenimiento, jamás tuvieron un salario fijo, legal; no obstante, sus pagos diarios, semanales o mensuales se hicieron “por debajo de la mesa”, de manera irregular, por parte de algún funcionario de la administración. 

De acuerdo con los testimonios de trabajadores y directivos de la instalación hotelera entrevistados por CubaNet, algunas veces los propios jefes de brigada de Mantenimiento sacaban los pagos de sus bolsillos; otras, se hacían desde la propia Dirección Económica del hotel, a partir de un fondo ficticio de “gastos de representación”, un procedimiento totalmente fuera de la ley pero que, con el tiempo, se volvió la norma en el sector turístico cubano por diversas razones, algunas asociadas a la corrupción y otras a esquivar los mecanismos burocráticos y de extorsión establecidos por el régimen cubano por medio de las agencias empleadoras, las únicas con capacidad legal para suministrar fuerza laboral al turismo en territorio cubano.

El uso de fuerza de trabajo ilegal o subcontratada es una práctica usual en el turismo cubano (Foto tomada en el Hotel Nacional/CubaNet)

“Cuando me mandaron para la casa fue el jefe de brigada el que me dio 20 CUC de su bolsillo; el hotel no me dio nada. No estaban obligados a hacerlo porque oficialmente no era trabajador de allí”, dice Gustavo, y agrega: “En los años que trabajé siempre me pagaron así, por debajo de la mesa (…). Cuando había una actividad grande, un evento, algo así, si pasaba un ciclón y había mucho trabajo, entonces me pagaban en Economía (…), siempre (el dinero) en la mano y sin firmar ningún papel (…). Desde junio del año pasado no he vuelto a trabajar y tampoco me han dado nada. Ni siquiera me han llamado para darme una jabita con jabón, champú, cremas y cositas de hotel, como hacían antes. He sobrevivido chapeando jardines por aquí y por allá, haciendo colas, de mensajero, pero eso solo da el diario. Las cosas están muy caras”.

Raidel, de 29 años, es parte del mismo equipo de trabajadores ilegales del Hotel Nacional. Fue despedido al mismo tiempo que Gustavo. En su caso no recibió dinero proveniente del bolsillo de ningún jefe aunque, a modo de compensación, lo dejaron llevarse a su casa algunas pastillas de cloro para desinfectar piscinas, una tanqueta de pintura y algunas herramientas.

De acuerdo con su testimonio, siempre le pagaron por el trabajo realizado. A veces acudía al hotel diariamente pero también podían pasar varias semanas sin que lo llamaran, sobre todo en temporada baja. Además, según sus propias palabras, era considerado el “hombre orquesta”, pues lo mismo desmochaba una palma que impermeabilizaba un techo, pintaba una habitación o descongestionaba un inodoro, aunque su trabajo principal era limpiar las piscinas, por lo cual recibía 100 CUC (el equivalente a 100 dólares en aquel momento), una suma considerable en el contexto laboral cubano donde el salario mensual de un profesional queda muy por debajo de esa cantidad o es devengado en una moneda que no sirve de mucho en medio de una economía dolarizada.

“Casi siempre me llamaban para limpiar la piscina, después se me pegaban otros trabajitos. ‘Oye, ven y dame una mano aquí’, y me iba con 10 pesos (CUC) más, o sin nada, la cosa es que me tuvieran en cuenta”, dice Raidel.

“Ahora llevo un año y pico pasando tremendo trabajo. Me llamaron (del Hotel Nacional) hace poco para que pintara pero querían pagarme solo 3 000 pesos (unos 50 dólares al cambio actual informal) por todo el trabajo. Son unos abusadores. De contra que me botaron para la calle sin nada, que me enfermé de coronavirus y lo pasé negro, sin un peso, ahora me llaman para pagarme una miseria. Les dije que no porque en realidad se portaron muy mal (…) Gracias que (el jefe) me dijo ‘Coge unas cosas ahí para que resuelvas’, porque si no me hubiera ido en cero. (…) Hubo gente que se llevó toallas usadas (…) para teñirlas y venderlas, vasos, cubiertos, también para venderlos pero a ninguno de nosotros nos dieron un peso. Te vas y te vas”, comenta Raidel, que además dice haber realizado, como mano de obra subcontratada, labores similares en otros hoteles de la capital.

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“Casi siempre trabajaba en el (Hotel) Nacional pero también limpié la piscina del Habana Libre, la del Cohiba. También me llamaron dos veces de Palco (Palco S.A., grupo empresarial del Consejo de Estado) para limpiar o pintar en casas de protocolo, casas de extranjeros, dicen que en una era donde se quedaba (Hugo) Chávez cuando venía (…). Me pagaban 100 (CUC), a veces 200, depende. Según lo que me han dicho es que sale más barato pagarle a alguien particular que pagarle a la empresa que lo hace. Creo que ese mismo trabajo cuesta como 2 000 dólares. A mí solo me pagaban 100, 200 (CUC)”, apunta el joven.

La ley llegó para empeorar la situación 

Aunque la Resolución 14 de junio de 2020 del MINTUR autorizó y flexibilizó —para las entidades del turismo— las contrataciones de cooperativas no estatales y trabajadores por cuenta propia, sin la intermediación de entidades superiores o las agencias empleadoras estatales, igual llegó a raíz de la oleada de despidos y no sirvió de mucho. También limitó la prerrogativa solo a labores temporales —como las de mantenimiento— y continuó obligando a la firma de un contrato entre las partes, tal como establecía la derogada Resolución 29 de 2015, del MINTUR, donde sí estaban totalmente prohibidas las contrataciones directas.

“Estaba prohibido por la Resolución 29 y por otros decretos del MINTUR, pero era práctica común en absolutamente todas las instalaciones turísticas en Cuba”, dice Orlando Arciniega, quien fuera gerente comercial de varios hoteles en la Isla hasta abril de 2020, cuando abandonó el sector.

“Incluso desde los años 90 se contrataban trabajadores directamente (…), primero porque el mecanismo de las agencias empleadoras cada vez se ha vuelto más abusivo, detrás hay corrupción, venta de plazas, incluso venta del derecho a la plaza; segundo, porque si no contratabas trabajadores por la empleadora entonces los servicios de mantenimiento debías contratarlos a otra empresa (estatal) del propio MINTUR, lo que te iba a salir muchísimo más caro; y tercero, que es lo más usual, porque se ponen de acuerdo el jefe de Mantenimiento y el de Economía más un montón de gente por ahí para arriba y sacan ese dinero por otra cosa (…), para ellos, y contratan directo pagando una miseria (…). Una miseria que es más de lo que ganaba un trabajador legal estando bajo contrato. Por eso nadie habla del tema”, asegura Arciniega y agrega otros elementos al respecto de la Resolución 14 de 2020, del MINTUR.

Algunos cálculos elevan a unos 10 000 los trabajadores ilegales del turismo que han quedado desamparados en medio de la crisis sanitaria (Foto: CubaNet)

“Es una resolución que aparentemente vino a resolver un problema de larga data, que supuestamente legaliza lo que era ilegal pero, además de llegar tarde, lo hace perjudicando (…). Porque sí, ahora da la posibilidad de abrir contratos temporales sin pasar por las (agencias) empleadoras, pero los pagos realizados contra los pagos declarados son inferiores. O se sigue pagando por debajo de la mesa o se contrata a trabajadores que hacen el trabajo por ese dinero, porque lo necesitan, pero no son los que lo hacen como se debe hacer. También hay gente que dice ‘¿Esto es lo que me pagas? Pues esto es lo que trabajo’, y se cruzan de brazos”, afirma el exdirectivo.

A partir de la publicación de la Resolución 14 de 2020, en medio de la paralización del turismo, la mayoría de los establecimientos, de acuerdo con los reportes publicados por la prensa oficialista, dicen estar aprovechando el momento para ejecutar obras de mantenimiento, mejoras y ampliación. 

Para ello han debido acudir a la contratación de mayor cantidad de mano de obra, lo cual aparentemente pudiera estar beneficiando a la incalculable masa de “trabajadores ilegales” que siempre han sido parte indispensable del turismo cubano, sin embargo, no está siendo así. 

Un directivo extranjero de un importante hotel de la capital cubana sostiene, bajo condición de anonimato, que las contrataciones de trabajadores ilegales, lejos de disminuir como efecto de la nueva ley, han aumentado. También los montos destinados para el mantenimiento de instalaciones hoteleras durante 2020 y 2021 son muy superiores a los de años anteriores a la pandemia, pero el problema, para él, es que al menos el dinero destinado a los salarios no está llegando de manera directa a los trabajadores, sino que la mayor parte se quedaría en manos de una “nueva cadena de intermediarios”.

“(Con la actual resolución) la empresa desembolsa más dinero, pero ese dinero se queda en manos de la nueva cadena de intermediarios”, asegura el directivo. “(Antes) para contratar a un trabajador había que pagarle al funcionario de la empleadora (…), por debajo de la mesa, por supuesto, y además hacer los otros pagos que sí son los establecidos (…). Tenía que ser un trabajador indispensable para pagar tanto, porque ese dinero no lo volvías a ver (…). Ahora, por ejemplo, puedes contratar una brigada de trabajadores por cuenta propia, llegas a un acuerdo, un buen acuerdo, pero la mayor parte del dinero aprobado para salarios se queda entre el dueño de la cooperativa y el que autoriza la firma del contrato. Hay más trabajadores ilegales pero también son más trabajando por menos salario (…). Ahora no se pacta el pago de manera individual. Siguen siendo trabajadores ilegales pero ilegales contratados por una cooperativa, no por nosotros directamente (…). Hay más dinero porque hay más obras por hacer y eso significa más corrupción, más dinero que se queda por el camino”, indica la fuente.

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Las cooperativas “fantasmas”

Sobre las nuevas prácticas de contratación directa de trabajadores por cuenta propia y de cooperativas por parte de las instituciones del turismo habla, bajo condición de anonimato, un funcionario de Gran Caribe S.A. directamente ligado a la contratación de mano de obra externa para realizar labores de mantenimiento y mejoras en instalaciones hoteleras de la entidad estatal.

“A pesar de la situación económica actual no solo contamos con más presupuesto que en años anteriores para mantenimiento y mejoras sino que podemos disponer más libremente de ese dinero”, asegura el funcionario. 

“Las nuevas normativas han permitido contratar cooperativas no estatales para la ejecución de las obras pero sabemos lo que está ocurriendo (…), que hay lugares donde se aprueban presupuestos que no se corresponden con la magnitud de los proyectos, que hay cooperativas a las que se les ha pagado hasta 10 veces por encima de lo que correspondía y también que hay mano de obra subcontratada. Estoy hablando de cooperativas que a la vez contratan a otras cooperativas para que hagan el trabajo de ellas, y cooperativas a las que hay que pagarles como propios los materiales robados en las empresas estatales (…). Te pongo un ejemplo de lo que está pasando en el Hotel Nacional ahora mismo: por papeles se han pagado más de 10 000 pesos solo por pintar una habitación estándar, una sola, no por las más de 400 que tiene el hotel. A unos 200 pesos el metro cuadrado. Son cerca de entre 4 o 6 millones de pesos por pintar paredes, y más de 3 o 4 millones por la pintura. No hay constancia de lo que pagan al obrero que pinta, porque ya el hotel no tiene que ver con eso, todo se deja en manos de las cooperativas, pero sabemos que (el salario) no pasa de 3 000 pesos al mes, y en la brigada de pintura no hay más de cinco trabajadores. Tampoco van a pintar las 400 habitaciones. A mucho dar pintarán 100, o las que más se usan. Ya eso te da una idea de lo que está pasando con ese dinero”, señala el funcionario. 

“Cuando (contratar directamente) era ilegal no es que hubiera más corrupción. Claro que la había, lo que pasa es que ahora hay más dinero que puedes justificar legalmente y más trabajadores ilegales siendo explotados, también legalmente”, así define la situación actual Claudia Rego, asesora legal de una cooperativa no estatal que ha firmado un contrato de mantenimiento y construcción con una entidad de turismo, pero la oportunidad la califica como un “milagro” debido a que solo dos o tres “cooperativas fantasmas” han capitalizado el negocio en los últimos meses. 

Ninguna cooperativa accede a un buen contrato sin pagar lo que corresponde (…), sí, una comisión, un soborno (…). Hay más de 20 hoteles en mantenimiento ahora mismo en La Habana, y te aseguro que la mayoría son obras de las mismas dos o tres cooperativas que han capitalizado el negocio. Cooperativas que no existen en la realidad, existen solo en papeles. Cooperativas fantasmas que se dedican a subcontratar mano de obra. En La Habana hay miles de ilegales, palestinos, gente que viene de provincia y no encuentran trabajo porque no tienen papeles y ven la oportunidad ahí”, denuncia la abogada, y además concluye:

“El funcionario que aprueba ese presupuesto millonario en la empresa estatal sabe que le tocará una tajada de ese dinero. No le preocupa lo que tú finalmente le pagarás al trabajador, porque mientras menos le pagues, mejor. Cuando nosotros presentamos propuestas en varios hoteles nos las rechazaron pero no por ser excesivas sino por estar ajustadas a lo que en realidad debía ser. Ni un peso más ni uno menos. No las aceptaron pero finalmente lo hicieron, casi de milagro, y porque tuvimos que hacernos de la vista gorda (fingir no ver la corrupción). Esa corrupción atenta contra la calidad de las obras, porque igual se reproducen los mismos problemas de la empresa estatal donde el trabajador roba porque no le pagan. Aceptan el trabajo por lo que puede arañar (robar), no por el salario. A él le roban salario, y él roba materiales”. 

Las nuevas disposiciones legales para la contratación ha empeorado la situación de los trabajadores ilegales (Foto: CubaNet)

Testimonios directos de lo que está ocurriendo los ofrecen los jóvenes Alieski y Yoandi, un santiaguero y un holguinero que viven ilegales en La Habana pero que han encontrado trabajo como albañiles y plomeros en una cooperativa “fantasma” no estatal que actualmente ejecuta reparaciones en otro importante hotel de capital.

“A mí un vecino me habló del trabajo. Me dijo que era una cooperativa pero que fuera directamente (al hotel) y hablara con el jefe de Mantenimiento, que yo iba de su parte (del vecino). (…) Me pagan 4 000 pesos al mes y una jaba de aseo. No me pidieron papeles pero sí tengo que firmar como que recibo el dinero (…). No hay cooperativa, la cooperativa no existe. Eso es el mismo hotel con otra persona que tiene un permiso de cooperativa (…). Yo no conozco a esa persona, mi vecino es el que lo conoce pero la cooperativa no existe. Eso es solo por papeles. En realidad eso es una maraña pero quien me paga a mí es el hotel”, afirma Alieski.

“Yo entré por mi mujer”, dice Yoandi. “Ella trabaja en la cocina del hotel (…) y allí estaban buscando albañiles. Fui y empecé a trabajar ese mismo día sin firmar nada, aunque siempre tengo que firmar la nómina cuando me pagan (…), igual, 4 000 pesos y una jaba de aseo, más lo que se pega en el trabajo, una lata de pintura, un poco de cemento, comida. No hay ninguna cooperativa, eso es una talla (un arreglo) entre ellos mismos en el hotel”.

Cuando a mediados de 2020 cerca de la mitad de los trabajadores del turismo en Cuba quedaron sin empleo a causa de la paralización del sector, provocada por la COVID-19, la tragedia —de la cual se ha hecho eco la prensa— apenas reflejaba la situación de los trabajadores legales. Pero del abandono, los abusos y la inseguridad que sufren los miles de ilegales, tanto en el turismo como en otros sectores de la economía cubana, no se dice nada porque es una realidad que siempre ha estado convenientemente oculta, silenciada.

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La reducción del número de trabajadores del turismo en Cuba en la década de mayor auge constructivo y expansión hotelera —entre los años 2009 y 2020—, de cerca de 86 000 a solo 73 000 (de los cuales 5 000 pertenecen al sector no estatal), ha llamado la atención de algunos estudiosos del tema porque está relacionada con los despidos masivos realizados en el turismo en 2009 —justificados con la llegada de la “temporada baja”— cuando la llegada de Raúl Castro al poder y, con él, también de los militares de GAESA, el emporio empresarial más poderoso de la economía cubana.

“En 2009 fueron despedidos cerca de 10 000 trabajadores del turismo. Precisamente cuando comenzó a triplicarse la capacidad hotelera”, opina un profesor de la Facultad de Turismo de la Universidad de La Habana, bajo condición de anonimato por temor a represalias. 

“De más o menos 90 000 empleados que había en 2009 el turismo llegó a 2020 con menos de 70 000, y eso pudiera dar una idea de cuántos trabajadores pasaron de legales a ilegales, de cuántas plazas indispensables pasaron a desocuparse y luego de inmediato a ocuparse ilegalmente. Porque al sector privado no pasaron todos los que se fueron. Esa es una ficción creada por el Gobierno para ocultar que hubo despidos masivos. Estamos hablando de más de 10 000 trabajadores ilegales, pero ese no es el problema sino que hay mucha gente que con el coronavirus se fue a la calle sin ningún tipo de ayuda económica (…). Raúl Castro dijo que no hubo ni habría terapias de choque pero a partir de 2009 ha sido una detrás de la otra, y las cifras de desempleo en el turismo, anteriores a 2019, lo demuestran”, afirma el profesor. 

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