Los desvaríos de un periodista “revolucionario”

Los desvaríos de un periodista “revolucionario”

En una dictadura siempre surgirá la duda en torno a la espontaneidad de cualquier declaración que se ubique en las antípodas del discurso y los procedimientos de quienes detentan el poder absoluto

Miguel Díaz-Canel clausura el Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba
Miguel Díaz-Canel clausura el Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba (Foto ACN)

LA HABANA, Cuba. – El presidente de la Comisión Nacional de Ética de la oficialista Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), Luis Sexto, quiere que la prensa estatal sobrepase el umbral de complacencia y el parcialismo que emanan de la manifiesta subordinación de todos los medios informativos del país a las disposiciones del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido.

Resulta paradójico su llamado a una rectificación imposible. Una prensa medianamente libre es lesiva a los intereses de la clase política que él representa por medio del cargo que desempeña en una organización, cuya premisa fundamental, es la defensa a ultranza de un modelo disfuncional dirigido por una cuadrilla de funcionarios torpes y corruptos.

Así que sus recientes declaraciones a la agencia estatal ACN habría que tomarlas con suma cautela. Aunque considero oportuno subrayar que las expresiones del veterano comunicador parecen más una tímida sugerencia que a una crítica exigente.

En el contexto de una dictadura siempre surgirá la duda en torno a la espontaneidad de cualquier declaración que, en alguna medida, se ubique en las antípodas del discurso y los procedimientos de quienes detentan el poder absoluto.

Romper los moldes establecidos, sin autorización, sobre todo como parte de la directiva de una entidad de indudable valor estratégico dentro de las estructuras de gobierno, es una misión suicida y pienso que Luis Sexto, como la mayoría de los seres humanos, querrá irse de este mundo de manera natural.

¿Es tan ingenuo el escritor de varios libros didácticos sobre periodismo y columnista de larga experiencia para creer que los editores de los diarios Granma y Juventud Rebelde aceptarán en sus páginas algún artículo contrapuesto a las versiones oficiales sobre temas como la emigración de cientos de miles de nacionales a través del cruce de fronteras de países centroamericanos, hasta México, rumbo a Estados Unidos o el hambre en decenas de poblados del interior del país?

¿O que el presentador del noticiario estelar de la televisión, Rafael Serrano, anuncie un reportaje, balanceado y sin malsanas desnaturalizaciones de los hechos, sobre los miles de médicos que han decidido quedarse a vivir fuera, aprovechando su estancia en los países donde el gobierno los ha enviado a cumplir misiones de trabajo, en condiciones extremadamente peligrosas y salarios mediocres?

En el supuesto caso de que Sexto haya tomado la iniciativa de lanzar el llamado a una revisión de los códigos de la prensa sin previa consulta, se expone a un relevo de sus funciones, quizás no inmediato, y a la postre, justificado con cualquier explicación, si es que la hay, y por supuesto sin alusión a las verdaderas causas.

Su ancianidad y el historial en defensa de los postulados de la llamada revolución tal vez le confieran cierto margen para soltar, de vez en cuando, esas insinuaciones que se alejan de un análisis serio, conciso y profundo del lamentable estado de la prensa en Cuba.

Bajo la tiranía de las unanimidades impuesta por el partido de nada valen esas alusiones, sesgadas por esos miedos a pasarse de la raya. No son tiempos para paños tibios ni reproches que rehúyen planteamientos claves y culpabilidades con nombre y apellidos.  Lo primero que hay que tener presente, en el momento de pensar en Cuba, es que no es el país modélico que suelen presentar en los diarios y emisoras nacionales. Hay que darles espacio a los fracasos y sobre todo los causados por la vocación depredadora de la burocracia formada bajo el canon del socialismo de inspiración marxista-leninista, que nos impusieron hace seis décadas.

La indolencia y el voluntarismo han echado raíces y conformado un tupido bosque donde van a apacentarse el estancamiento, la doble moral y las corruptelas.  Para acabar con esa geografía del espanto es preciso un cambio real desde la base hasta la superestructura y esa no es la intención del gobierno. El sueño es la continuidad por todas las vías posibles, incluidas, claro está, el uso de la fuerza y la manipulación mediática.

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