Los cubanos y el caso Ferrer

Los cubanos y el caso Ferrer

El régimen se está equivocando bárbaramente. Sigue creyendo que el pueblo cubano es imbécil sin remedio, dispuesto a tragarse acusaciones infundadas

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Cubanos protestan en Centro Habana, junio 2019 (Foto Facebook/Yusnaby Perez)

LA HABANA, Cuba. – Espontáneamente, durante una conversación de esas que surgen entre amigos cuando el año está a punto de cerrar y a uno le da por hacer un balance de todo lo positivo y desastroso acontecido, salió el tema de José Daniel Ferrer y la inusual atención que le han concedido los medios oficialistas de comunicación. El meollo del debate lo ocupó el videorreportaje candonguero, estilo “corta y pega”, armado por las ciberclarias del MININT para desacreditar al líder de UNPACU y reducirlo a un delincuente de la peor clase.

A la fecha, ya son muchas las opiniones a favor y en contra del opositor santiaguero; no se han escatimado análisis e interpretaciones sobre su exabrupto en presencia de uniformados impasibles; y hasta hay quienes siguen poniendo en duda la verdadera identidad del desdichado que golpeó su cabeza violentamente contra la mesa que tenía delante. Poco importa, en cualquier caso, si se trata de José Daniel Ferrer o solo se le parece, pues en el mundo de la política vale más una onza de apariencia que toneladas de realidad.

Lo que queda claro es que el régimen se está equivocando bárbaramente y sigue creyendo que el pueblo cubano es imbécil sin remedio, dispuesto a tragarse acusaciones infundadas y montajes audiovisuales de mísera factura solo porque detrás de ellos está el dedo inculpador del Partido Comunista. Quizás para quienes superan los sesenta años todo lo que dice la televisión sea verdad incontestable; pero en la era de Internet y con nuevas generaciones más propensas a rebatir lo que no le satisface o convence, la trapacería contra Ferrer no se abrirá camino tan fácilmente como solían hacerlo, hace años, las campañas difamatorias para desprestigiar a los disidentes.

Estoy de acuerdo con quienes piensan que el vídeo está dirigido a los cubanos dentro de la Isla, con el objetivo de exacerbar los prejuicios que han existido siempre hacia la oposición política, tildada por el régimen de apátrida, mercenaria y otros calificativos denigrantes. El escarnio público de Ferrer, además de confirmar que el castigo es seguro y severo, pudiera frenar los bríos de quienes acaso se hayan sentido inspirados por el accionar del líder opositor más visible y activo en Cuba desde la muerte de Oswaldo Payá.

La imagen de ese supuesto Ferrer semidesnudo y alocado, que se autoflagela y luego culpa al oficial de haberlo agredido, es el arma con que la Seguridad del Estado intenta presentar a los opositores como gente sin escrúpulos, capaces de armar un “escenita” con el único propósito de agitar a la opinión internacional contra este régimen que se dice tan justo y respetuoso de los derechos ciudadanos. Lo demás resulta estéril; en particular las secuencias de los encapuchados y el rifle de juguete, tan pueriles que acentúan la sensación de menosprecio hacia la inteligencia del pueblo cubano por parte de Díaz-Canel y comparsa.

El nuevo ataque contra Estados Unidos en la persona de la Encargada de Negocios de la embajada, Sra. Mara Tekach, proviene del hábito de acusar sin pruebas, omitiendo el carácter solidario de las visitas que realizó la funcionaria tanto al periodista Roberto Jesús Quiñones, días antes de su inminente encarcelamiento, como a la desesperada familia de José Daniel Ferrer; personas que resisten solas, prácticamente aisladas y amenazadas por un poder despótico que irrespeta sus propias leyes.

Pero no son tontos los cubanos. El amañado caso Ferrer se ha regado como pólvora en las redes sociales y ha saltado, aunque tímidamente, a la palestra pública. Es evidente que la dictadura está acorralada entre la presión internacional y el escepticismo de un pueblo que ayer creía a pies juntillas lo que se orquestaba “desde arriba”; pero hoy se muestra receloso y propenso a contrastar la versión del oficialismo.

La represión incrementada a lo largo de 2019 ha mostrado el rostro de la Seguridad del Estado más allá de los límites de la disidencia, amenazando a ciudadanos comunes por ejercer su derecho a la crítica sin ánimo de politizar. Tal comportamiento, típico de esbirros batistianos, no deja margen de duda con respecto a lo que son capaces de hacer.

A fuerza de insistir en la alegada podredumbre moral de Ferrer, han logrado que miles se interesen por su martirio. El Parlamento Europeo ha exigido su liberación inmediata, mientras que en la Isla crece la certeza de que la oposición, aunque débil, puede dar serios dolores de cabeza al régimen de Díaz-Canel, quien hace poco declaró, con total desfachatez, que “en Cuba nadie es perseguido por sus ideas políticas”.

Esa y tantas otras mentiras, dichas impúdicamente por delegados castristas ante funcionarios extranjeros que conocen cómo y hasta qué punto se violan los derechos humanos en la Isla, demuestran que la dictadura está lanzando patadas de ahogado; una circunstancia que deberían aprovechar quienes ansían una Cuba democrática, en especial aquellos que proclamándose opositores, han utilizado la desgracia de Ferrer para hacer leña del árbol caído y vaticinar el fin de UNPACU.

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