¿Hay libertad en Cuba?

¿Hay libertad en Cuba?

¿Hay libertad en un país que prohíbe a sus ciudadanos alojarse donde deseen, comprar lo que quieran y hacer con su dinero lo que consideren necesario? 

Los niveles de represión han crecido en Cuba durante la pandemia de coronavirus (Foto: AFP/Getty Images)

LA HABANA, Cuba. – La pregunta sobre libertad en Cuba no es mía y, aunque el hecho parezca sorprendente y hasta “gracioso”, fue publicada en Twitter por quienes manejan las redes sociales del diario oficialista Trabajadores.

Tal vez intentó ser una respuesta de apoyo a una publicación de Alejandro Gil, el ministro de Economía cubano, pero el resultado fue calamitoso y generó una tormenta de burlas, réplicas y denuncias en las redes sociales contra la desvergüenza que entrañan tales cuestionamientos realizados por un medio de prensa manejado por una dictadura.

Eliminando la posibilidad de que quien lo hizo sea un sujeto de excesiva ingenuidad o de peligrosa ceguera u oportunismo políticos, hasta pudiera ser entendida la publicación como un acto de “disidencia solapada”, “inconsciente”, en tanto echó a rodar en esa pista hirviente que son las redes sociales de los últimos días no solo el espinoso tema de la libertad, sino que este ha sido asociado a otras cuestiones igual de peliagudas como son el “comprar” —en un país donde tener más de dos paquetes de pollo en la nevera puede ser considerado acaparamiento—, el viajar —bajo un régimen donde hay personas impedidas de salir como castigo por sus opiniones políticas—  y el “dinero” —en una realidad donde un pobre campesino es multado por vender el excedente de carne de un cerdo que crió con su propia comida en su propio corral. 

La pregunta, tan solo en cuanto atañe al dinero, ha sido lanzada en el momento en que el Banco Central de Cuba ha publicado una Resolución (124/2020) que autoriza a la aduana a decomisar los dólares de aquellos que importen y exporten la divisa “con frecuencia”, incluso si las cantidades estuvieran por debajo de lo permitido pero, al no advertir qué sería considerado como “frecuente”, se puede deducir que todos seremos susceptibles de ser expoliados, tal como está sucediendo ahora mismo con la política de acopio de moneda libremente convertible, la retención de la divisa en los bancos y la dolarización del comercio, que obliga al ciudadano a buscar dólares “a como dé lugar” si pretendiera permanecer en la Isla y desarrollar su vida lo más cercano a lo “normal”. 

En cuanto a las demás “libertades” basta mencionar dos acontecimientos de espanto que van siendo noticia en este último minuto: un hombre, Yoennis Domínguez de la Rosa, está siendo procesado y pudiera ir a prisión solo por publicar en su página de Facebook imágenes de un enfrentamiento entre militares y civiles en Santiago de Cuba. También por expresarse libremente en redes sociales un joven médico, Alexander Pupo Casas, ha perdido su trabajo y es víctima de una campaña de desprestigio.

Tal como van las cosas, cada día de mal en peor —y no solo en cuestión de libertades— el simple hecho de permanecer en Cuba pudiera ser considerado por cualquiera con algo de “equilibro mental” como una locura, un suicidio, siendo la única libertad que nos va quedando la de elegir si acatamos o desobedecemos la orden de silencio, es decir, si morimos de pie o de rodillas.

Alguien hacía público en Facebook un telegrama del Ministerio de Interior, fechado en julio de 1962 —apenas tres años después de haber llegado Fidel Castro al poder—, donde se le avisaba a una cubana que marchaba al exilio que de no hacer dejación de sus propiedades se le impediría abandonar el país. El documento, junto al “permiso de salida” estampado en el pasaporte, actualmente disfrazado de “prórroga”, es la prueba de esa política de chantaje que ha caracterizado las relaciones del poder con los ciudadanos durante más de medio siglo y que hoy se perpetúa, como “continuidad”, en las prohibiciones de viajar, incluso de entrar al país, a periodistas, opositores y cualquier cubano o cubana que piense y opine contrario a la línea trazada por el Partido Comunista de Cuba (PCC). 

La publicación de Trabajadores ha sido como nombrar la soga en casa del ahorcado y, como consecuencia, ya se habla de que en el periódico estarían rodando las cabezas de quienes, ya sea cumpliendo una orden o sintiéndose “libres” de “chicharronear” al ministro, teclearon esa pregunta que ha debido causar urticaria en el Departamento Ideológico del PCC.

“Yo pensé que esto era una cuenta parodia porque acabas de describir a Cuba 100 por ciento…”, respondió casi al instante un usuario, y a este le siguieron miles haciendo amplio balance de cuanto ha hecho el régimen cubano en contra de las libertades de los ciudadanos, incluidas las más recientes medidas para “combatir” la pandemia que, de tan “estrictas” y “oportunas”, muchos no han dudado en asociarlas con una oleada represiva, intimidatoria, contra una sociedad a las puertas de un estallido social.

La represión policial y la suspensión de las libertades individuales han sido exacerbadas por el régimen bajo el pretexto de la “salud pública” pero sucede que en América Latina hay países que sin recurrir al castigo ni a la fuerza, sino apenas basados en la confianza de los ciudadanos en su gobierno, han logrado resultados sorprendentes, como sucede con Uruguay, donde incluso el Ejecutivo ordenó una cesión obligatoria del 20% del sueldo de todos los funcionarios para un “Fondo Coronavirus”.

Visto desde esa perspectiva, las medidas represivas adoptadas por el Gobierno cubano para intentar controlar los rebrotes de la enfermedad —además de los fenómenos causados por el desabastecimiento general que ya venía desde mucho antes de la llegada del virus a Cuba—, son expresión de la creciente y peligrosa desconfianza que signan las relaciones entre el régimen y los ciudadanos.  

Incluso, quizás haya sido Cuba, a pesar de promoverse como “socialista”, el único país  del mundo donde no solo ha habido más personas encarceladas y multadas durante la pandemia sino, además, donde no ha habido en lo absoluto iniciativas de los sectores empresariales, ni privado ni estatal, para proveer de alimento y ayuda gratuitos a los más necesitados. Por el contrario, el Gobierno ha continuado vendiendo los alimentos a altos precios e incluso ha aprovechado el momento de mayor crisis e incertidumbre para, mediante la divulgación de rumores y “malentendidos”, infundir rechazo al CUC y privilegiar el uso del dólar, abriendo tiendas exclusivamente para quienes posean la “moneda del enemigo”. 

En este peculiar contexto ha aparecido, como un bumerán que golpea la cabeza a unos cuantos “gorditos”, la pregunta del periódico Trabajadores sobre las libertades. Una publicación que paradójicamente estaría tan “fuera de lugar” por llegar en el momento más oportuno. Tanto como esa frase que pronunciara Fidel Castro en el Parque Central de Nueva York el 24 de abril de 1959 y que en estos instantes, de disparos que salen por la culata, pudiera convertir la urticaria en sarna de la más contagiosa: “Sobre el hambre y la miseria se podrá erigir una tiranía pero jamás una verdadera democracia”.  

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Ernesto Pérez Chang

Ernesto Pérez Chang (El Cerro, La Habana, 15 de junio de 1971).
Escritor.
Licenciado en Filología por la Universidad de La Habana.
Cursó estudios de Lengua y Cultura Gallegas en la Universidad de Santiago de Compostela.
Ha publicado las novelas: Tus ojos frente a la nada están (2006) y Alicia bajo su propia sombra (2012).
Es autor, además, de los libros de relatos: Últimas fotos de mamá desnuda (2000); Los fantasmas de Sade (2002); Historias de seda (2003); Variaciones para ágrafos (2007), El arte de morir a solas (2011) y Cien cuentos letales (2014).
Su obra narrativa ha sido reconocida con los premios: David de Cuento, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en 1999; Premio de Cuento de La Gaceta de Cuba, en dos ocasiones, 1998 y 2008; Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, en su primera convocatoria en 2002; Premio Nacional de la Crítica, en 2007; Premio Alejo Carpentier de Cuento 2011, entre otros. Ha trabajado como editor para numerosas instituciones culturales cubanas como la Casa de las Américas (1997-2008), Editorial Arte y Literatura, el Centro de Investigaciones y Desarrollo de la Música Cubana. Fue Jefe de Redacción de la revista Unión (2008-2011).

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