Las ironías de Cubagua 2019

Las ironías de Cubagua 2019

Muchos no entienden cómo es posible que se celebre un evento como la Convención Cubagua en un país donde la población no disfruta con calidad de este servicio

Viviendas de la comunidad Los Pinos Nuevos en Santiago de Cuba (Foto de archivo)

LA HABANA, Cuba. – El domingo 24, día de agua en Lawton, una vecina que estaba lavando se quedó a medias pues cortaron el suministro antes de tiempo. Frecuentemente ocurre así los domingos. Frustrada, preocupada y enfurecida, se preguntaba a voz en cuello para qué destinan tantos millones de pesos y anuncian tantos arreglos, y para qué interrumpen tanto el abasto con la justificación de reparar, si en la práctica no se nota la mejoría: el agua sigue llegando solo 4 o 5 horas de cada 48 y las calles siguen llenas de salideros. Es por ello que muchos no entienden cómo es posible que se celebre un evento internacional como la Convención Cubagua 2019 en un país donde la población no disfruta de este servicio normalmente.

El gobierno hace hincapié en la necesidad del ahorro en el sector residencial, cuando la realidad es que habitualmente los ciudadanos tienen que economizar el agua, pues durante dos días o más solo cuentan con la que han podido almacenar, ya sea en tanques elevados de fibrocemento o plástico (quienes tengan techo de mampostería), o en depósitos en el interior de las casas, de donde hay que sacar el agua para fregar o lavar utilizando jarros. Las personas acumulan agua en todo recipiente disponible, pues se preparan no para 48 horas, sino para 72 o más, porque nunca se sabe si va a fallar el turno por rotura o reparación programada. Estos recipientes a veces no están bien tapados, lo que permite la reproducción del mosquito Aedes con la consiguiente perpetuación del ciclo de transmisión del dengue, zika, chikungunya, etc.

Otra gran excusa del régimen para la baja calidad del servicio son los salideros domésticos. Sin embargo, estas fugas no tienen la suficiente envergadura como para afectar el suministro como lo hacen los salideros de la calle –voluminosos y con gran presión–, sino que se limitan a goteos más o menos moderados, que consumen el agua almacenada de cada vivienda, y para cuya reparación se requieren recursos no siempre disponibles: hay quienes no tienen los 200 pesos que cuesta una llave cara, por lo que compran llaves plásticas de fabricación artesanal y poca duración pues, a fin de cuentas, el elevado precio no es garantía de calidad. Tampoco pueden gastar en tuberías para reemplazarlas con la debida frecuencia.

En el artículo “Por una administración pública eficiente”, publicado en el Juventud Rebelde del 22 de febrero, se incluye una breve alusión de Díaz-Canel al abasto total (las 24 horas) aunque con un frase ambigua que lo mismo pudiera referirse a la intención gubernamental de establecerlo que al estilo de vida actual de quienes pregonan ser continuidad de la dictadura (“Lo óptimo es garantizar un abasto total de agua de calidad las 24 horas del día (…)”. Por su parte, en “Retorno al cauce del agua” (Tribuna de La Habana, 10 de marzo) se menciona el programa de metraje masivo en la ciudad para cobrar el agua con la supuesta intención de disminuir el despilfarro.

Eso sí se ha notado en la práctica con la instalación acelerada de metros contadores. Al principio fue un poco demorada, debido a diversos factores como la inestabilidad en el suministro de materiales de la construcción, pero fundamentalmente a un error clásico de los últimos 60 años: según confiesa en “Retorno…” Leonel Díaz Hernández, director general adjunto de la empresa Aguas de La Habana, en 2018 “se compraron los metros en un país y los accesorios en otro, pero estos últimos vinieron con una junta más fina, que al no hermetizar provocaba salideros”. Para cuando se comenzó a rectificar la situación, ya se había montado una cantidad considerable de estos instrumentos, lo cual se traduce en el acostumbrado derroche de elevadas sumas.

Posteriormente se comenzó la fabricación nacional de estos equipos, de manera que ya hay clientes que pagan por consumo. En Lawton, por ejemplo, ya el sistema se aplica en los alrededores de 11 y Concepción. “Ni me hables de eso”, refunfuña un vecino, “que ahora sí acabaron conmigo. Mi mujer y yo pagábamos 6 pesos y pico cada tres meses, pero ahora, con este nuevo invento, la cuenta no baja de los 20, 22 y a veces 23 pesos”. Mi vecino, un anciano jubilado, se queja de que de todos esos planes rimbombantes solo ha sentido “la puñalada”, pues sobre extender el servicio a 24 horas solo hemos visto zanahorias.

Sin embargo, mi vecino y yo debemos de estar viviendo en un mundo paralelo, porque según la prensa oficialista (“Cuba tiene voluntad hidráulica”, por Vivian Bustamante Molina, Granma, 22 de marzo) nuestro país exhibe una “envidiable infraestructura hidráulica”. Resulta que Fidel Castro fue un “entusiasta y decidido defensor” de esta rama, pues “garantizar el derecho humano al preciado líquido ha sido prioridad del Estado cubano desde los albores del triunfo revolucionario”. ¿Quién lo hubiera dicho?

Gladys Linares

Gladys Linares. Cienfuegos, 1942. Maestra normalista. Trabajó como profesora de Geografía en distintas escuelas y como directora de algunas durante 32 años. Ingresó en el Movimiento de Derechos Humanos a fines del año 1990 a través de la organización Frente Femenino Humanitario. Participó activamente en Concilio Cubano y en el Proyecto Varela. Sus crónicas reflejan la vida cotidiana de la población.

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